iker jiménez cuarto milenio

13 años de despropósitos de Iker Jiménez y compañía en ‘Cuarto Milenio’

Cuarto Milenio es peligroso porque cuenta cosas que a veces no gustan”, ha dicho Iker Jiménez. Pero, en realidad, lo es porque desinforma a los espectadores.

Por – Jul 21, 2018 - 9:01 (CET)

Si uno se pasea por Twitter los domingos en la noche, podrá comprobar que el programa de televisión Cuarto Milenio, dirigido y presentado para Mediaset desde 2005 por el vasco Iker Jiménez y por su media langosta, la madrileña Carmen Porter, es trending topic en España siempre, excepto entre la segunda quincena de julio y un día variable de septiembre porque ambos periodistas y el resto de su equipo descansan, y tanta gloria llevan en sus vacaciones estivales allá donde lo resistan —el calor del verano, quiero decir— como paz nos dejan a todos los defensores del rigor periodístico. Porque lo suyo es, sin discusión posible, de juzgado de guardia a tenor de su trayectoria, de cómo manejan “los misterios” en los que se les ocurre hurgar, existan con certeza absoluta u opten por sacárselos de la manga.

En el cierre de la temporada décima tercera (13x44), que se emitió el pasado domingo, Iker Jiménez quiso despedirse con estas palabras de sus televidentes adeptos: “Cuando llegábamos a la temporada trece, [el parapsicólogo Enrique de Vicente] (…), con sus códigos cabalísticos y numerológicos, me quería explicar que, habitualmente, este número está presidido por una serie de peleas importantes, y les confieso que así ha sido”, lanzó para empezar. “He estado en los medios (...) por polémicas y por cosas que he soltado aquí, porque he intentado ser libre, me han dejado ser libre (…), y he contado lo que ve un ciudadano normal, que es lo que soy (…). Hemos vivido campañas en contra y ataques tremendos en lo personal (…) del sistema, al que no le gusta que sigamos así, contando lo que contamos y con éxito”.

Y continuó de esta manera: “Habrá más campañas en contra (...), y muchas veces son invenciones (...). Porque resulta que Cuarto Milenio crece y crece y es peligroso porque cuenta cosas que a veces no gustan (…). Y seguro que incluso habrá desafectos y quizá algunos de ustedes se cansen y nos abandonen; pasará de todo. Esto me decía Enrique que iba a pasar en el trece: es el momento de ruptura, de desafección (…). Pero créanme, volveremos si Dios y el cosmos quieren”. De entrada, digamos que está clarísimo que utilizar cuentos esotéricos como la cábala o la numerología para explicar lo que le ocurre a un programa de televisión demuestra que los espectadores no se pueden fiar de uno ni lo más mínimo, pero es que inventarse conspiraciones “del sistema” en su contra ya es de órdago.

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'Cuarto Milenio' (1x31), el cosmonauta fantasma - Mediaset

Por supuesto, no es el sistema como una malvada abstracción o un bloque poderoso e inverosímil quien se encara con Iker Jiménez y su equipo de Cuarto Milenio, sino todas aquellas personas cabales, reporteros decentes, medios de comunicación donde los magufos no se pueden atrincherar y colectivos comprometidos con la divulgación digna de la información. Es muy triste tener que recordar obviedades como que la labor del periodismo, ya sea en la prensa escrita, en cadenas radiofónicas o en la televisión y pese a tratarse de una profesión liberal, también se rige por una deontología determinada, es decir, por unas obligaciones de cuyo cumplimiento depende la ética y la buena praxis de los periodistas y, por tanto, la confianza que cada uno de los mismos y cada medio ameriten de parte de la ciudadanía.

No es moco de pavo este asunto ni mucho menos, pues las informaciones que la gente obtiene de nuestro trabajo influyen en la opinión pública y en las decisiones que se toman privadamente y como sociedad, en temas nimios y particulares y en aquellos que nos afectan a todos. Y, en cuestiones propias del método científico sobre la naturaleza física del Universo, cómo funciona y lo que existe y lo que no en él, o la salud individual y pública, tanto como en las crónicas de sucesos que se notifican, la veracidad y la exactitud en los datos que proporciona un periodista honesto no son opcionales, no puede elegir si las abraza o nos endilga una milonga sensacional, y sus creencias, intereses o convicciones personales que choquen con esos datos corroborados, ni por asomo deben condicionar su actividad informativa.

No hay más remedio que concluir entonces que Iker Jiménez es la personificación evidentísima de la mala praxis en el periodismo de España, desde que empezó en la emisora del municipio madrileño de Torres de la Alameda en 1990, pasando por su afiliación a la revista Enigmas del difunto Fernando Jiménez del Oso —otra buena pieza— a partir de 1995 o su ya finiquitado programa de radio Milenio 3 en la Cadena Ser desde 2001, hasta el presente Cuarto Milenio en la televisiva Cuatro. Porque aborda con una enorme negligencia cualquier aspecto de las pseudociencias paranormales, desacreditadas de por sí, y lo mejor que podemos sacar de él es una equidistancia improcedente, falsa en muchas ocasiones o, como mínimo, difusa pero a todas luces deshonesta con los datos concretos a la vista.

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'Cuarto Milenio' (5x26): proyecto Dachau - Mediaset

En su programa hallan acomodo todas las irracionalidades e insensateces del mundo pseudocientífico para vivir fuera de la realidad, por mucho que Iker Jiménez pretenda disfrazarlo con variedades. Y entre visitas de fantasmas, ovnis y demonios por un tubo, milagros, adivinación, vampiros, brujería o conspiraciones locas, sus grandes éxitos por la otra punta incluyen una bochornosa manipulación de las biografías de Abraham Lincoln y John Fitzerald Kennedy para sugerir extraordinarias coincidencias o una delirante insinuación de que el joven Óscar Ortega, fallecido por el atropello de un tren en Santiago de Compostela en mayo de 1988 y sin identificar hasta octubre de 2008 con sus huellas dactilares, viajó en el tiempo a ese día desde una época diferente o a nuestro mundo desde otro (1x17).

Pero también contar la historia sobre el espectro de Ivan Istochnikov, un pobre astronauta de la Unión Soviética que la diñó en el espacio y cuya muerte quiso encubrir la dictadura... y que no era más que un montaje del fotógrafo Joan Fontcuberta —Ivan Istochnivok significa “Juan Fuentes”—, elaborado en 1997 para una exposición de la Fundación Telefónica (1x31); fomentar la superchería del feng shui (2x08) y la pseudoterapia de la acupuntura (2x13) o exponer sin remilgos una leyenda urbana sobre un experimento parapsicológico en la prestigiosa Universidad de Duke, sita en la localidad norcarlorinesa de Durham, en el que se habría predicho el accidente de aviación civil de Los Rodeos de marzo de 1977 y sus 583 víctimas mortales, como un hecho verídico (2x33).

O la expedición a Tassili n'Ajjer, “una de las últimas regiones inexploradas del planeta”, en el Sáhara argelino, sacrificando cabras infelices a “los espíritus de las arenas” y durmiendo a la intemperie (3x01)... cuando se trata de un parque nacional de los más frecuentados del país y con la declaración de Patrimonio de la Humanidad, aeropuerto, hoteles y agencias turísticas en la población cercana de Djanet. Y habían ido allí para ver unas pinturas rupestres de unas figuras antropomorfas con la cabeza extrañamente grande y redondeada que, claro, podrían ser alienígenas... si bien cualquier alumno de Historia del Arte podía decirles que nuestros antepasados prehistóricos dibujaban las cabezas así en ocasiones para dejar claro que son personas, como a las mujeres con los pechos muy notorios y a los hombres con los genitales protuberantes.

Y promocionar la pseudociencia de la grafología (3x10), proponer un análisis insensato de “una aparición” en una foto junto a la catedral de Cuenca (4x06) cuando sus habitantes sabían que se trataba de una mendiga habitual, confundir una portada de la revista satírica yanqui The Onion de octubre de 2006 con una publicación verdadera de noviembre de 1929 (4x12), desvariar con que el bosón de Higgs es Dios, sin metáforas ni autocontrol alguno, y que en su búsqueda con el Gran Colisionador de Hadrones nacería una religión nueva (4x35); o entrevistar a Armando Valdés, el ex militar chileno que aseguraba haber sido abducido una noche de abril de 1977 (4x40) y más tarde reconoció el embuste y que sólo se había separado de sus compañeros de armas para ir a orinar.

Sin olvidar aprovecharse de tragedias humanas tan horribles como el Holocausto nazi para montar un circo del misterio yendo a la caza de psicofonías en el campo de concentración de Dachau (5x26), referirse sin juicio a las pirámides de Bosnia no descubiertas por Semir Osmanagic (6x05), a la posibilidad de los viajes en el tiempo por los neutrinos que no se pueden mover más rápido que la luz (7x04), a las fantasías del doctor Eben Alexander sobre su paseíto por el Cielo durante la semana que estuvo en coma por una meningitis (7x17) y a los ficticios cosmonautas muertos en misiones espaciales soviéticas según los embaucadores Judica-Cordiglia (7x26); o debatir una atrocidad del calibre de si el virus del sida es parte de una conspiración y fue creado en un laboratorio (8x01).

Ni su obstinación en presentar las Caras de Bélmez como un enigma (10x01 y 10x02) cuando se conoce su fraude hace décadas, considerar la pseudoterapia del reiki (11x12), la conspiranoia respecto a la Organización Mundial de la Salud con el antivacunas Miguel Jara (11x25) y, puf, la homeopatía (11x29); insistir en la maldición de la localidad abandonada de Ochate (1x01, 2x28, 5x13 y 12x04) por epidemias que nunca ocurrieron, un bulo del tarotista Prudencio Muguruza; alentar la alarma antiantenas con la enfermedad inexistente de la hipersensibilidad electromagnética (12x05), aseverar que el porno es nada menos que “un arma de destrucción mental” (12x13) o aproximarse como un lamentable crédulo a la fraudulenta casa encantada de Amityville (1x29, 8x40 y 12x18).

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"Iker miente". Pintada en Ochate (Álava) - Magonia.com

O permitir que un ingeniero curricularmente imaginativo y llamado José Luis Cordeiro le descerraje a la audiencia sus animaladas sobre la cercanía de la humanidad inmortal (12x42) —aunque este tipo se lo colara también a noticiarios más prudentes—, deliberar sobre si el cambio climático es antropogénico (9x14 y 12x44), como si hubiese alguna duda real sobre este tema con los estudios bien hechos delante; o promover la locura de los chemtrails (4x11, 8x09, 9x10 y 13x05). Y así hasta el infinito del despropósito más desvergonzado. Porque Iker Jiménez no es “un ciudadano normal” ante las cámaras, sino un periodista con unas obligaciones éticas que incumple sistemáticamente arguyendo que “en la ciencia también hay mafias y modas” (6x12) cuando los estudios científicos contradicen sus descabelladas hipótesis.

No obstante, la verdad es que la difusión en Cuatro de Cuarto Milenio y sus reposiciones en Energy entre 2012 y 2014 y aún en Be Mad TV desde 2016 quizá no resulten tan sangrantes como la de su hermano mayor, el programa radiofónico Espacio en blanco, conducido por el caraqueño Miguel ídem en Radio Nacional de España entre 1989 y 1992 y, de nuevo, a partir de 2008 tras un largo periplo por otras emisoras: el deber de servicio público que se supone que desempeña la Corporación de Radio y Televisión Española como ente estatal debería impedir que fuese acogido en su programación, tanto como que se hable de pseudoterapias, astrología, convocatorias parapsicológicas y enfermedades quiméricas o se entreviste a antivacunas sin la imprescindible rectitud periodística en TVE.

Pero eso no cambia que charlatanes como Iker Jiménez tampoco deberían disponer de ningún hueco en la parrilla de las cadenas privadas por la innegociable exigencia de ofrecer una información veraz, y la demanda de contenidos sobre disparates paranormales o incluso los niveles de audiencia de Cuarto Milenio no pueden servir de excusa a Cuatro ni a Mediaset para eludir su responsabilidad como medio y grupo de comunicación. Y el propio periodista tampoco puede escudarse en la libertad de sus colaboradores —como el médium Aldo Linares— para verter cuantos desbarros quieran, pues la pulcritud periodística de este programa en diferido es de su incumbencia, y las propuestas enajenadas y las flagrantes imprecisiones de su indescriptible espectáculo surgen de su misma boca sin equidistancias fingidas que valgan.

Y que tuviese las narices de pontificar sobre las fake news (2x06, 5x07, 13x15, 13x26 o 13x40) cuando no hay quien oculte que se dedica a la desinformación activa y de ello vive, que recurriese a las ideas del astrofísico escéptico Carl Sagan, contrario a las pseudociencias que él difunde sin pudor ninguno, para reforzar las suyas (5x07 y 13x43); y que se regodeara inclusive en su desfachatez durante una entrevista de noviembre de 2013 afirmando —ojo aquí— que “es un honor causar tirria a los escépticos”, o sea, a los que luchan por una divulgación científica rigurosa y de fiar, supone el colmo de sus méritos para que, por fin, lo cuelguen metafóricamente por los pulgares del palo mayor en aras de defender la limpieza y la honra herida del periodismo en nuestra televisión para que, caray, pueda ser una caja un poco menos tonta.