Apple está en el punto de mira la Unión Europea. Y más concretamente de la Comisaria Europea de Competencia, la ya temida al otro lado del charco Margrethe Vestager.

La historia en cuanto a Apple y lo que pretende evaluar Bruselas es conocida: las condiciones que la empresa de Cupertino impone a otras compañías y servicios en su App Store. Y en especial, sobre si se sirve de estas condiciones de su ecosistema para desfavorecer a rivales directos con negocios similares, como Spotify frente a Apple Music. En pocas palabras, una vulneración de la competencia bajo la normativa europea que además repercutiría en precios más caros para el consumidor final. Aquí lo desarrollamos a fondo.

Las idas y venidas de Apple y su App Store vienen de lejos, con la pugna también con Epic Games abierta en los tribunales de Estados Unidos además de Spotify. En Europa, Apple ya había sido investigada por ejemplo tras comprar Shazam, pero esta nueva investigación apunta a ser mucho más dura, y las multas a las que se enfrenta podrían suponer hasta un 10% de su facturación global.

Sin embargo, aún pasarán años seguramente hasta que se resuelva. Los que sí que han probado ya el peso de la ley de competencia europea han sido otros gigantes como Google de forma reciente y Microsoft la década pasada. Una continuidad de sanciones por tácticas anticompetitivas que muchas veces, bajo las grandes cifras, aún no se han cobrado o siguen pendientes de apelación.

Este es un repaso a algunas de las grandes multas que ha impuesto la UE a las Big Tech -ojo, en materia de Competencia, dejamos a un lado las que se están investigando por privacidad- y sobre todo si tuvieron algún efecto en el consumidor real.

Google, más de 8.000 millones pero pocos cambios para el usuario

Margethe Vestager

Google ha sido el gran foco de las grandes multas de la Comisión Europea en los últimos años. Al menos, que se hayan cerrado, porque aunque el equipo de Vestager también tiene abiertas líneas de acusación contra Amazon o Facebook además de Apple, estas todavía no se han concretado.

Google adeuda en este momento más de 8.200 millones de euros en materia de multas a la Unión Europea, que no obstante están apeladas. Es decir, que podría revocarse o atenuarse. Pese a esto, el gigante de las búsquedas ya ha condicionado un apartado de sus gastos a pagar las sanciones en los últimos años.

El siguiente gráfico muestra las mayores multas impuestas por la Unión Europea sobre las Big-Tech desde la época de Joaquín Almunia al frente de Competencia hasta la de Vestager.

En él se ve que Google (Alphabet) se ha colocado con las tres multas más cuantiosas en apenas los últimos años, las más importantes impuestas y que solo tenían comparación con la achacada a Daimler, Volvo y otros fabricantes de camiones por formar un cártel de intereses en 2016.

La primera sanción contra Google por orden cronológico tuvo lugar en 2017 por un importe de 2.420 millones de euros por políticas que le beneficiaban en su servicio de Google Shopping sobre la de otros rivales.

La segunda, en 2018, fue la conocida multa de los 4.340 millones por aprovechar su ecosistema Android para mantener y reforzar la cuota de mercado de su buscador y de aplicaciones preinstaladas como la Play Store a otros fabricantes.

La tercera y más reciente -por un valor de 1.490 millones de euros- multaba a Google por nuevamente usar su aplastante dominancia en el sector de la publicidad online para primar AdSense por encima de los sistemas de anuncios programáticos de otros competidores.

Google cambió, pero obteniendo réditos por ello

Como vemos, todas las sanciones tenían como centro el aprovechamiento que Google hace de su ecosistema para cebar aún más sus propios servicios. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte, y que también ha promovido los debates sobre monopolio en Estados Unidos.

Pero, ¿cómo han afectado estas multas a los usuarios? Lo cierto es que más bien poco. O mejor dicho Google ha sido capaz incluso de darle la vuelta a la tortilla. En previsión de evitar nuevas sanciones entre 2018 y 2019 Alphabet puso en marcha que los usuarios de Android en Europa pudieran elegir su propio navegador en lugar de Chrome por defecto, y poco después también habilitó que pudiéramos elegir un buscador distinto en lugar de Google por defecto también.

Imagen: Charles Deluvio

Si decimos que fue capaz de darle la vuelta a la tortilla es porque Google ideó este sistema para dar cabida y espacio a buscadores alternativos por medio de un sistema de subastas para poder aparecer en la selección en cada uno de los distintos países. Así, alternativas como DuckDuckGO, Bing o Qwant debían pasar por caja.

Microsoft, el primer gigante castigado en la Unión Europea

Una década antes de que Google fuera el foco principal de las sanciones de la UE, Microsoft ocupaba en gran medida ese lugar. La empresa de Redmond venía desde los años 90 aprovechando su posición dominante con Windows para imponer sus propios servicios y productos añadidos. Un caso muy similar a Google.

Entre 1994 y 1998 empresas como Novell y Sun Microsystems (los creadores de Java o de OpenOffice, después adquiridos por Oracle) acusaron a Microsoft ante la Unión y también en Estados Unidos de que la empresa entonces dirigida por Bill Gates les imponía importantes regalías por integrar sus programas en Windows.

Proceso del juicio contra Microsoft (en Estados Unidos)

Aquello se desarrolló en la primera sanción importante en 2004, por un valor de 497 millones de euros -la mayor en ese momento- y la obligación, además de cambiar su política de royalties, de ofrecer un sistema de Windows sin Media Player.

La Microsoft de aquellos años era realmente más parecida a un Facebook que a la empresa de apariencia sosegada que ha conseguido transmitir Satya Nadella. No cumplió con todas las condiciones de la primera sentencia, y en 2006 se replicó una segunda por valor ahora de 280 millones.

Y la ballot screen llegó al fin

Microsoft siguió haciendo de las suyas y en 2008 volvió a recibir una sanción histórica por valor ahora de 899 millones -después rebajada tras apelación en 2013 a 860- por seguir con prácticas anticompetitivas para otras empresas que querían prestar sus servicios en el ecosistema Windows -¿quizá algo que recuerda a la actuales acusaciones contra Apple?-.

Aquello se saldó, ahora sí con la conocida ballot screen que permitía elegir en Windows un navegador distinto a Explorer y que en sus primeros años hizo subir mucho el uso de otras opciones como Firefox u Opera.

Pero quedaba un epílogo. En 2013 la Comisión impuso una nueva multa al detectar que esta encuesta no aparecía por defecto en todos los equipos que vendía Microsoft, quien alegó que se trataba de un error, pero no evitó que tuviera que afrontar una nueva multa en 2013 por 561 millones.

Intel, Qualcomm o Facebook: otros multados por la UE

La terna más allá de Google y Microsoft se cierra con Intel, en su momento con una multa histórica de 1.060 millones que no obstante está paralizada tras apelarse en 2017. En esa ocasión se le acusó de pagar a fabricantes por favorecer el uso de sus microprocesadores frente a los de rivales directos como AMD.

Qualcomm también se vio en una similar tras el acuerdo que mantuvo con Apple para ser el proveedor principal de sus chips en sus iPhone en 2018, algo que iba en contra de la normativa comunitaria. Qualcomm fue objeto de nuevo de multa por vender chips por debajo de precio en 2019.

Por último, Facebook se enfrentó a una multa minúscula en comparación con los anteriores de 110 millones de euros en 2017 debido a que ocultó información durante la investigación por la compra de WhatsApp. En concreto, dijo a la UE que no tenía forma de ligar los usuarios de Facebook con los del conocido chat, algo que ahora sabemos que es completamente falso.

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