– Dic 31, 2018, 15:01 (CET)

Relaciones con el Pentágono, censura china y acusaciones de abuso sexual: el 2018 que Google deja atrás

El año que hoy queda atrás no ha sido especialmente benévolo con una compañía que ha tenido que hacer frente a múltiples sucesos a lo largo del año que han puesto en duda la imagen e integridad de la empresa.

Si 2018 no ha sido un buen año para Huawei y ZTE en relación a la poca confianza que inspiran sus tecnologías, ni para Facebook por los constantes escándalos relacionados con la privacidad, tampoco lo ha sido para Google. La empresa de Mountain View no ha tenido tiempo para curar sus heridas antes de que otras se abriesen en lo que ha sido una sucesión de eventualidades que han puesto en jaque la imagen pública de la compañía.

Hoy hacemos repaso de todas las controversias que han tenido que ser acallados y fuegos, extinguidos ya o no, relacionados con la compañía en un 2018 que Google busca dejar atrás para dar comienzo a un nuevo año en el que la calma sea mayor.

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Un mal comienzo

Sin haber digerido casi las uvas, en enero llegaban las primeras acusaciones cuestionando la diversidad dentro de la compañía y las políticas internas para hablar acerca de según qué temas. Un antiguo empleado exponía entonces a través de una carta abierta el comportamiento de varios de los directivos de la firma que trataron de censurar en varias ocasiones publicaciones y chats públicos en el foro interno de Google.

Una situación que fue reavivada en el mes siguiente por otro extrabajador de la empresa, el cual afirmaba haber sido despedido por sus posiciones a favor de la diversidad y en contra de la discriminación en el trabajo.

Pero esto era solo la punta del iceberg. La situación que terminaría por hacerse una bola para la empresa comienza en el mes de abril, cuando miles de empleados remitieron una carta pública a Sundar Pichai, CEO de Google, pidiendo que la compañía cesara su colaboración con el Pentágono en el hasta entonces únicamente ligeramente nombrado Proyecto Maven. Este consistía en desarrollar tecnologías de reconocimiento aplicadas a drones que serían utilizadas por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Los empleados manifestaron entonces que la empresa no debería mantener relación alguna con proyectos militares y menos aún con tecnologías que podrían ser pervertidas en el futuro y ser utilizadas con el objetivo de causar daño a la población. Ante los oídos sordos que hizo la firma de las quejas, varios trabajadores abandonaron la compañía en las semanas siguientes por el conflicto moral que suponía continuar trabajando para una empresa en la que ya habían perdido la confianza.

Finalmente la reacción se produjo por parte de Google, no sin antes saberse que los directivos de la compañía implicados en el Proyecto Maven habían ordenado a los trabajadores evitar a toda cuesta cualquier mención de la presencia de inteligencia artificial aplicada al proyecto por las consecuencias que esto podría tener en la industria militar. La gigante tecnológica prometió entonces mayo desarrollar un código de conducta ética para puntualizar y matizar los aspectos de este tipo de colaboraciones.

El descontento, sin embargo, continuó aumentando hasta tal punto que Google sucumbía en junio a la presión y cancelaba definitivamente su acuerdo con el Pentágono en relación al Proyecto Maven. No obstante, se aseguró de dejar bien claro que seguiría barajando posibilidades de colaborar con el organismo gubernamental si entre ambas partes se ejercía el compromiso de hacer uso de las nuevas tecnologías únicamente con fines nobles. Simplemente, Google no estaba dispuesta a dejar ir así como así los suculentos contratos con el Estado a los que podía optar.

Google, a la palestra

En la segunda mitad del año, las cosas no han ido mucho mejor. Google comenzaba recibiendo en julio la noticia de una multa récord impuesta hacia la compañía por la Unión Europea en relación a la posición dominante y abusiva de la firma con su sistema operativo Android. En total, más de 4.000 millones de euros deberán ser abonados si el recurso interpuesto por la empresa no prospera.

Sin dejar un solo mes de descanso, en agosto se tenía conocimiento por vez primera de los planes de la tecnológica para entrar de nuevo en el mercado chino, tras su salida en 2010, con un buscador censurado acorde a los requerimientos del Gobierno del país. El proyecto, conocido internamente como Dragonfly, causó un evidente revuelo desde un comienzo, acrecentándose este conforme pasaba el tiempo y se descubrían más detalles acerca del mismo.

Después de presiones por parte del Gobierno estadounidense –actualmente en tensiones comerciales con el país asiático– y protestas por parte los empleados pidiendo que se parase inmediatamente cualquier desarrollo relacionado con dicho proyecto (las cuales se han sucedido hasta el mes pasado, cuando se dirigieron nuevamente en una carta abierta a Sundar Pichai), Google reconoció públicamente haber estado explorando la posibilidad de volver a China, aunque sin existir planes próximos para hacerlo realidad.

A punto de terminar agosto, Donald Trump soltaba un último dardo asegurando que el buscador de la compañía estaba amañado para mostrar únicamente en los resultados noticias negativas sobre su persona. Google, por supuesto, negó esto en rotundo.

La recta final, una montaña rusa de órdago

Con esto llegamos a los últimos tres meses del año. Y qué tres meses. Si los anteriores habían gozado ya de una intensidad sostenida inusual, la traca del trimestre restante iba a hacer los honores correspondientes y dejar la temporada a la altura de los estándares establecidos.

La lata la abría el descubrimiento de la decisión de Google de ocultar un hackeo a la denostada red social Google+ producido en 2015 y que habría afectado a cerca de medio millón de usuarios. Con el recuerdo de Cambridge Analytica aún reciente esto supuso, a la postre, que la empresa confirmara prematuramente la muerte de la plataforma el próximo año.

Paralelamente se conocía también que la empresa dejaba de lado un posible contrato con el Pentágono que habría reportado a la misma un montante de unos 10.000 millones de dólares. El contrato se enmarcaba dentro del programa JEDI del Departamento de Defensa y aún no había sido adjudicado, pero la firma de Mountain View tenía todas las papeletas para hacer con él. Es la primera consecuencia notable de la cancelación del Proyecto Maven y la redacción de la guía de principios publicada anteriormente.

Y de aquí saltamos al escabroso asunto de las acusaciones de acoso sexual en las que se ha visto envuelta la compañía, las cuales comenzaron con una reveladora publicación en la que se ponía de manifiesto que la empresa habría protegido a varios directivos –entre los cuales se encontraría Andy Rubin, padre de Android– tras abusar de su posición de poder, en algunas ocasiones con fines sexuales, para evitar el escándalo. El propio Pichai reconoció que la empresa había tenido problemas con estas situaciones en el pasado.

Pero lejos de parecer conductas erradicadas o un problema del pasado, el reportaje que destapaba los anteriores casos sirvió para dar pie a un movimiento reivindicativo por parte de las mujeres que forman parte de la plantilla de la compañía. Esos días tuvieron lugar protestas en varios puntos alrededor del mundo en los que Google cuenta con presencia, evidenciando que las situaciones de discriminación, desigualdad o abuso que siguen dándose en la compañía.

La puntilla del año la ponen en diciembre, por un lado, el descubrimiento de un nuevo fallo de seguridad en Google+ que, con la posibilidad de haber afectado potencialmente a más de 50 millones de usuarios, adelantaba el desmantelamiento de la plataforma. Del primer cierre previsto en agosto se ha pasado a uno más próximo, adelantando la sepultura al próximo mes de abril.

Por otra parte, Sundar Pichai comparecía por primera vez ante el Congreso de Estados Unidos para dar explicaciones acerca del buscador en China, el uso de los datos privados de los usuarios y el amaño de los resultados de búsqueda al que Trump hizo alusión. Con el CEO en primer plano y con un creciente descontento alrededor de Dragonfly, Google habría decidido cancelar finalmente su buscador para China –cuya censura había calificado previamente Pichai como ínfima.

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La compañía californiana cierra de esta manera un año convulso como pocos, con proyectos que se van al traste, indignación generalizada tanto por parte de empleados como usuarios y con una imagen que queda en entredicho. No hará falta mucho para que 2019 sea más benévolo con Google.