Con el año 2016 acabado, toca echar la vista atrás y hablar del que ha sido uno de los años más completos y movidos en la industria del videojuego. Después de una transición de dos años, excesivamente lenta y carente de grandes títulos, 2015 y, sobre todo, el pasado año fueron un auténtico vendaval de grandes videojuegos. Además, por el camino han llegado a las tiendas las tres alternativas de realidad virtual y varias consolas nuevas, en forma de revisión y homenaje. Ha habido de todo y aquí tenéis lo bueno, lo feo y lo malo de los videojuegos en 2016.

Lo bueno: juegos, juegos y juegos

Indudablemente, por más que algunos se empeñen en defender lo contrario, 2016 se convirtió en uno de los mejores años de la historia del videojuego. No solo nos llegaron nuevas consolas y periféricos, que comentaremos luego, si no que no hubo mes en el que no nos topáramos con alguna obra imprescindible, ya fuera un humilde indie o una superproducción triple A.

Después de unos años algo más flojos en lo que a cantidad y calidad se refiere (2013 y 2014 sobre todo, la transición a PS4 y Xbox One no fue idónea, como comentábamos), este pasado año nos ha dado auténticos referentes en sus respectivos géneros como Uncharted 4, The Last Guardian, Dark Souls III, Forza Horizon 3, Pokémon Sol y Luna, Overwatch, DOOM (el resurgir, en calidad y frescura, del FPS es otra gran noticia), Clash Royale, Dishonored 2 o Civilization VI. Además, la lista de juegos más que notables es casi inabarcable: Gears of War 4, Watch Dogs 2, Titanfall 2, Battlefield 1, Deus EX: Mankind Divided, XCOM 2, Final Fantasy XV, Far Cry Primal, World of Warcraft Legion, Total War: Warhammer, Hitman, The Division, Thumper y un larguísimo etcétera.

Asimismo, tras un largo tiempo escuchando aquello del “apocalipsis indie”, los creadores independientes nos han regalado un año soberbio en lo que a variedad y calidad de sus propuestas se refiere: The Witness es una obra maestra del puzle, Oxenfree y Firewatch dan un paso adelante a nivel de guión, INSIDE es tan enigmático como cautivador, la calma y el sosiego de Stardew Valley siguen siendo únicos, SUPERHOT puede mirar de tú a tú a cualquier FPS y, de nuevo, suma y sigue. Costará volver a ver un año con tantos y tan buenos videojuegos.

Por último, Nintendo ha despejado cualquier duda sobre su compromiso con el buen hacer en el diseño y desarrollo de videojuegos al desembarcar en smartphones y tablets. Miitomo, Super Mario Run y Pokémon GO (desarrollado por Niantic) son experiencias únicas y diferenciales.

Lo feo: bajas ventas y el futuro de la realidad virtual

Si al principio del texto hablábamos de la larga ristra de videojuegos de primerísimo nivel que hemos podido jugar, ahí mismo entran secuelas de grandes títulos como Titanfall 2, Dishonored 2 o Watch Dogs 2. Y, de nuevo, hablamos de secuelas ejemplares, mejorando y puliendo todo aquello que se podía mejorar y pulir en las entregas previas. El caso de Ubisoft con Watch Dogs 2, además, implica un profundo lavado de cara.

¿El problema? Las cifras de ventas de estos y otros grandes videojuegos lanzados en 2016 han quedado sumamente lejos de lo conseguido hace años por las entregas anteriores (en casos como el de Titanfall, saliendo en un menor número de plataformas). Por suerte, hablamos de estudios asentados y franquicias de renombre pero, sea como fuere, no deja de ser preocupante que títulos de tal nivel sufran caídas en picado a nivel de ingresos. El tiempo dirá si esto solo fue un bache o el inicio de cierto hastío de según qué marcas o propiedades intelectuales.

Además, hemos vivido un año repleto de hardware y, al mismo tiempo, de dudas. Ya están aquí Oculus Rift, HTC Vive y PlayStation VR pero, meses después, parece que seguimos sin grandes títulos, lanzados o en desarrollo, para la realidad virtual más allá de ese Resident Evil 7 a la vuelta de la esquina. Muchas dudas sobre el futuro de esta espectacular tecnología.

Imagen: CNET

También recibimos PlayStation 4 Pro, la consola llamada a romper el clásico modelo generacional, y Sony quedó lejos de hacer el mejor trabajo posible. Su labor de comunicación sobre lo que mejora y lo que no esta versión fue un desastre y, todavía hoy, seguimos sin ejemplos claros que justifiquen la compra de este hardware. Igual que la PlayStation 4 original es una gran consola que, eso sí, sigue sin una razón de peso para su compra. ¿Será Horizon Zero Dawn?

Por último, Nintendo nos enamoró a todos con su NES Classic Mini pero, desde apenas un par de días después del lanzamiento, lo más fácil es toparse con problemas de stock y la imposibilidad de hacerse con una. Que esto siga pasando en 2016 y de la mano de la veterana de la industria es inconcebible.

Lo malo: decepciones y cierres

En un año plagado de excelentes videojuegos, también han tenido su hueco algunas decepciones. Después de tantos años esperando una continuación de la original y fresca propuesta que nos llegó en 2008, Mirror’s Edge Catalyst se alejó de ese minimalismo que hizo grande a la primera entrega y terminó siendo un videojuego mediocre. Algo realmente semejante a lo que ocurrió con Dead Rising 4, título que dejó por el camino múltiples señas de identidad de la franquicia. A la lista hay que sumar, además, ese Star Fox Zero de Wii U que ni siquiera consiguió destacar en este último y comatoso año de la consola de Nintendo y un Mighty No. 9 que quedó lejos de ser ese sucesor espiritual de Megaman por el que miles de personas apostaron en Kickstarter.

Pero, sin duda, las decepciones más profundas y comentadas vinieron de la mano de No Man’s Sky y Mafia III. El primero se enfrentó a unas expectativas desmedidas (creadas, en parte, por la engañosa publicidad alrededor del videojuego) que no cumplió bajo ningún aspecto y, el segundo, consiguió cuajar un guión y unos personajes notables pero terminó cayendo en el pozo de la repetición y el tedio tras varias horas de juego. Una auténtica pena.

El lado más triste de 2016, eso sí, lo encontramos en esos estudios a los que dijimos adiós, destacando las desapariciones de United Front Games, Lionhead y Evolution Studios.