Musk y Twitter; Twitter y Musk. Un idilio tormentoso que parece haber firmado su capítulo final. O no. 

A lo tonto, han sido más de tres meses de culebrón continuado que, salvo un nuevo giro de guion ya desde luego nunca descartable, acabará con sus caminos separados. O, al menos, menos juntos, porque cabe recordar que Musk sigue siendo el segundo máximo accionista de la compañía de la red social.

Elon Musk anunciaba esta semana que pone fin a su acuerdo de compra de Twitter, una noticia que provocó la caída de las acciones de la empresa más de un 6% situándolas en un suelo de 36 dólares, muy por debajo de los 54,20 dólares que Musk ofrecía en su intento de compra.

No solo tienen la culpa los bots de Twitter

En el horizonte, un futuro a medio plazo tumultuoso que parece casi seguro que pasará por los tribunales. Musk puso fin al acuerdo apoyándose en la negativa de Twitter a proporcionar datos completos sobre los bots falsos o las cuentas de spam. Estos datos son fundamentales, ya que determinan cuántos de sus usuarios pueden ser monetizados realmente, pero también parecen haber servido en bandeja de plata una excusa a un Musk que ha visto cómo otros muchos de sus negocios han cambiado en cuestión de semanas a causa del actual contexto económico. 

Comencemos poniéndonos en la cabeza de Musk. La preocupación por los bots es legítima. La mayor parte de los ingresos de Twitter proceden de la publicidad (el 93% durante el primer trimestre de este año). Si Twitter no puede garantizar que la mayoría de la audiencia de los anuncios son humanos, el precio que las empresas están dispuestas a gastar en anuncios se reduce sustancialmente.

Twitter lleva mucho tiempo afirmando que el número de bots es inferior al 5% del total de usuarios, pero Musk quería confirmar esas cifras por sí mismo, y ha acabado alegando de distintas formas que aquello es falso.

No es la primera vez que Twitter tiene problemas para ratificar sus propios datos. En el primer trimestre de este año declaró unos usuarios activos diarios monetizables (mDAU) de 229 millones. Sin embargo, también tuvieron que revisar los mDAU declarados anteriormente para los últimos cinco trimestres debido a un error en la forma de calcularlos. Este error hace que se confíe cada vez menos en la capacidad de la dirección para informar de sus usuarios con exactitud. Todo, en una junta directiva que no ha acabado de mostrar un rumbo claro y que, tras conseguir la salida de Dorsey, ha navegado con la apariencia de estar buscando la venta.

Sin embargo, no se puede obviar de la ecuación que Musk haya visto por el camino devaluarse al que era su mayor baluarte, con el que pretendía llevar a cabo la compra. Hablamos, como no, de las acciones de Tesla, las cuales por distintas causas —entre ellas el contexto actual, resultados, pero también la exposición de Musk por la compra de Twitter— han pasado de rondar los 1.000 dólares por título en abril a los 700 actualmente.

La postura de Twitter

Por el otro lado, la dirección de Twitter no va a dejar pasar una oferta de 54,20 dólares por acción y ya ha dicho que ejercerá cuanto menos la reclamación de la comisión por romper el acuerdo de 1.000 millones de dólares que Musk afirma que no pagará. La junta de Twitter respondió emitiendo una carta en la que afirmaba que Twitter no había violado ninguna de las obligaciones de su acuerdo. También afirmaba que Musk y su equipo habían incumplido "a sabiendas" y "voluntariamente" los términos del contrato inicial.

Todo apunta a que la cosa se pondrá fea y es probable que acabe en los tribunales.

Aunque no está obligado legalmente a hacerlo, la carta no revelaba si Twitter había dado realmente a Musk los datos de los usuarios que solicitaba. Tanto si esto se omitió intencionadamente como si no, deja a los que estamos fuera preguntándonos qué está pasando realmente.

¿Cómo puede seguir el culebrón?

Como se ha mencionado anteriormente, es probable que esta adquisición acabe en los tribunales. Esta batalla conllevaría importantes gastos legales y desgaste en muchos sentidos por parte de Musk y los ejecutivos de Twitter. 

Distintos analistas han aportado algunas formas en las que podría resolverse:

  • Musk (o Twitter) paga los 1.000 millones de dólares de la cuota de ruptura, y cada entidad sigue su camino sin la larga e interminable batalla judicial.
  • Los tribunales obligan a Twitter a revelar los datos que quiere Musk, lo que sigue dejando abierta la cuestión de si la dirección fue veraz o no, dejando a Musk una puerta para seguir retrocediendo.
  • Los tribunales se ponen del lado de Twitter, y Musk tendría que decidir si quiere continuar con su adquisición.

Ninguna de estas opciones es ideal, y con la creciente animosidad entre las dos partes, cada una puede querer demostrar que tiene razón.

El resultado de esta guerra entre Musk y Twitter tiene enormes consecuencias: El pleito determinaría quién controla una de las redes sociales —con sus problemas, pero— más influyentes del mundo y cómo la empresa, que ha tenido problemas mucho antes que Musk, ganará dinero y seguirá creciendo o no. 

Todo apunta a que la cosa se pondrá fea y es probable que acabe en los tribunales. Por ahora, da la impresión de que todo el mundo está perdiendo.

El consejo de administración de Twitter tiene una responsabilidad fiduciaria con sus accionistas —por eso aceptó el acuerdo original, y por eso va a ir a los tribunales para que se cumpla—, pero Twitter no es un negocio cualquiera con ánimo de lucro. Es una plataforma de comunicación de importancia mundial que, además, tiene bastantes problemas para ser rentable.

Por ahora, da la impresión de que todo el mundo está perdiendo. La dirección de Twitter está en la cuerda floja. Han comenzado los despidos en medio de la situación económica actual. Y sus anunciantes no quieren gastar dinero hasta que se resuelva el drama, lo que está perjudicando el negocio de Twitter. 

Musk sigue siendo el segundo máximo accionista de Twitter

Musk también está perdiendo porque ha acordado comprar la empresa por 44.000 millones de dólares y ahora quiere abandonar el barco. Tiene un caso legal por delante porque propuso y presionó la venta al precio acordado, consiguió financiación para ello, firmó un acuerdo vinculante para comprarla y ahora quiere abandonar.

Las otras empresas de Musk —Tesla y SpaceX— están en parte expuestas por esto. A ello se suma que sigue siendo el segundo máximo accionista, por lo que también pierde con esta depreciación de las acciones.

Las cuentas de Twitter tampoco son halagüeñas

A diferencia de los datos de los usuarios, los datos financieros son mucho más fáciles de auditar. Sin embargo, tampoco son mucho mejores.

En el primer trimestre, los ingresos aumentaron un 16% interanual hasta los 1.200 millones de dólares. Pero los gastos aumentaron más rápido, un 35%. Este aumento fue impulsado principalmente por un asombroso incremento del 60% en la compensación basada en acciones, diluyendo a los accionistas.

Además, Twitter fue rentable en el primer trimestre, pero solo porque vendió MoPub (una plataforma de publicación de anuncios para móviles) por 1.050 millones de dólares. Sin eso, habría perdido unos 128 millones de dólares en el trimestre.

¿Podría aparecer otro comprador?

Así las cosas, la otra pregunta que queda en el aire es si podría aparecer otro posible comprador en el horizonte. Hace unas semanas ya hicimos un juego de ficción sobre esto.

Primero se deben quitar a los posibles candidatos que podrían ser más realistas por no caer en un posible conflicto de monopolio que impidiera la aprobación de la compra por parte de los reguladores. Esto descarta ya prácticamente a Meta o Google, pero seguramente también a Microsoft, los gigantes que cuentan ya con patas en las redes sociales y el mercado publicitario.

Amazon nunca se ha expuesto demasiado en las posibilidades de compra de una red social, pero dada su ingente capacidad económica, nunca se le podría descartar en la ecuación. El actual CEO de Amazon, Andy Jassy, dijo hace unas semanas que “parece que otro va a ser el dueño de Twitter” cuando le preguntaron en la CNBC.

Aunque, digamos, que más que Amazon, el candidato real por parte del gigante de las compras online es su fundador. Jeff Bezos compró The Washington Post con su fortuna personal para gestionarlo por separado de Amazon y cuenta con fortuna para afrontar algo así. Amazon ha estado haciendo adquisiciones cada vez más grandes últimamente, como MGM, que se cerró este año. Podría ser un juego para ver cuántos acuerdos podría exprimir por los reguladores en Washington. Además, Amazon no tiene muchas coincidencias con Twitter.

El grupo inversor Elliott Investment Management sigue estando en la lista de accionistas de Twitter. Fue un dolor de cabeza y crítico en la etapa de Jack Dorsey y, de conseguir el dinero, no se puede decir que no les gustaría contar con el pastel completo.

Salesforce, tras su adquisición de Slack, podría ser otro gran candidato, aunque todas las compras que ha llevado a cabo en los últimos años podrían comprometer una nueva encomienda. No obstante, cuenta con lazos con Twitter, en cuyo consejo de dirección se encuentra Bret Taylor quién también está en la directiva de Salesforce.

Oracle tiene un planteamiento similar, aunque un gran pero. Intentó hacerse con una parte de TikTok en 2020, cuando Donald Trump quiso convertir en estadounidense una parte de la red social china. Pero, al igual que Microsoft, Oracle está en medio de una gran adquisición; acordó comprar Cerner por 28.300 millones de dólares el año pasado y todavía tiene que superar todos los obstáculos regulatorios. Otra consideración: el cofundador Larry Ellison es cercano a Musk, con una gran participación en Tesla y un puesto en su consejo, además de ser uno de los magnates que ayudaría a financiar la compra.

PayPal también sorprendió a los inversores al considerar la adquisición de la empresa de redes sociales Pinterest el año pasado, así que… especulando: ¿Por qué no Twitter? Ha estado al acecho de adquisiciones para diversificarse. ¿Podría considerar la compra de Twitter e introducir su plataforma de compra y pagos en la red social?

Lo que nos ha quedado claro en estos últimos tres meses es que con Musk y Twitter, cualquier cosa puede ser. Y, desde luego, puede que el culebrón solo haya firmado su prólogo.