Tras un inesperado arrepentimiento y varias semanas de negociación, Elon Musk concretó la compra de Twitter. Horas previas, el propio directivo comenzó a soltar algunas pistas de que el anuncio oficial solo era cuestión de tiempo. En su perfil cambió la descripción a «Jefe de Twit» y publicó un vídeo donde se muestra entrando a las oficinas centrales de la plataforma en San Francisco, California. Así pues, la red social, una de las más populares del mundo, ahora está liderada por una persona que pretende hacer cambios profundos tan pronto como sea posible, para bien o para mal…

El acuerdo, por supuesto, pone fin también a la demanda que interpuso Twitter contra Elon Musk a principios de junio. De hecho, una de las condiciones que puso el susodicho para reanudar la negación es que Twitter retirase formalmente todas sus acusaciones. En este sentido, entonces, tampoco hubo más problemas para llevarlo a buen puerto.

El primer movimiento realizado por Elon Musk ha sido despedir a Parag Agrawal, ahora ex-CEO y otros ejecutivos, como Ned Segal, director de finanzas de la red social, y a Vijaya Gadde, encargado de asuntos legales. Tanto Agrawal como Segal estaban en las oficinas centrales de San Francisco y han sido retirados de sus oficinas por seguridad, según fuentes de Reuters y CNN.

Una novela que parecía no tener fin

Para llegar a este histórico momento, eso sí, se desarrolló un auténtico circo. Primeramente, tenemos que retroceder al pasado 25 de abril. Ese día, Elon Musk anunció su intención de comprar Twitter por 44.000 millones de dólares ($54.20 dólares por acción) para luego convertirla en una empresa privada. En un principio, tanto los accionistas como la cúpula directiva de Twitter, encabezada por Parag Agrawal, vieron el movimiento con muy buenos ojos.

Por su parte, Elon Musk inmediatamente dejó claro que tenía el objetivo de hacer cambios e introducir novedades: «Quiero que Twitter sea mejor que nunca mejorando el producto con nuevas funciones, haciendo que los algoritmos sean de código abierto para aumentar la confianza, derrotando a los bots de spam y autenticando a todos los humanos. Twitter tiene un enorme potencial».

Curiosamente, fue una parte de este discurso el que dio origen a una serie de complicaciones en la negociación. El 17 de mayo, Elon Musk comunicó la suspensión temporal del acuerdo. ¿La razón? Twitter informó que las cuentas spam representan menos del 5% de los usuarios totales, pero el también director de Tesla quería conocer números concretos que respaldaran esa información. Mientras este dato no saliera a la luz, Musk no iba a seguir adelante con la compra; más aún porque Musk cree que hasta un 20% de los perfiles son bots.

Durante varias semanas, la discusión se centró en el mismo tema. El 8 de junio, el magnate retiró su oferta, alegando que Twitter no estaba siendo transparente sobre la información que requería y porque algunas condiciones del acuerdo supuestamente no se estaban respetando. No obstante, la compañía no se quedó de brazos cruzados y se mantuvo firme en seguir adelante con el proceso de compra.

Elon Musk recibe una amenaza de muerte de Rusia

Cuatro días después, el 12 de junio, Twitter presentó una demanda contra Elon Musk con el objetivo de hacerle cumplir la adquisición. «Twitter presenta esta acción para prohibir a Musk de más infracciones, para obligar a Musk a cumplir con sus obligaciones legales y para obligar a la consumación de la fusión tras el cumplimiento de las pocas condiciones pendientes», mencionaba el documento. Los dirigidos por Agrawal, además, dijeron que los motivos de cancelación de Musk eran simples pretextos.

Los siguientes meses, ambos partes se dedicaron a recopilar todas la evidencia posible para respaldar sus argumentos ante un «inminente» juicio. Sin embargo, el 4 de octubre ocurrió un evento inesperado. Elon Musk cambió de opinión y, pese al circo montado meses atrás, dijo que tenía toda la intención de reanudar y concretar la compra de Twitter con las condiciones originales.

Twitter igualmente mostró disposición en avanzar, siempre y cuando Elon Musk cumpliera todas las obligaciones del contrato. En medio del alboroto, el tribunal de Delaware intervino para establecer que las dos partes tenían hasta el viernes 28 de octubre para finalizar la compra y disolver el conflicto legal, de lo contrario se verían las caras en un juicio que daría comienzo en noviembre. Evidentemente, no llegamos a ver esta situación.

El futuro de Twitter está en manos de Elon Musk

Todavía no estamos seguros de lo que planea hacer Elon Musk con Twitter más allá de las promesas iniciales. Principalmente porque es una persona que puede cambiar de opinión de un día para otro. Por ahora, todo indica que el magnate planea poner en marcha X, una plataforma social todo en uno. La idea es ofrecer un espacio donde las personas puedan gestionar una red social, hacer y recibir pagos, disfrutar juegos y consumir noticias en un mismo lugar.

¿Te suena familiar? Sí, es algo muy parecido a lo que ya hace WeChat en China. Ciertamente, en occidente no tenemos una propuesta que, al menos, tenga el alcance y repercusión de la plataforma asiática. ¿Twitter será la base para dar vida a X? Es muy probable, pero tomémoslo con calma hasta que veamos un proyecto materializado.

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