Cuando una persona se dedica a una actividad determinada para ganarse el sustento, incluso si hablamos de aquellas que requieren habilidades artísticas, es muy improbable que no termine adoptando ciertas pautas o adquiriendo algunas costumbres que se pueden ver en el fruto de su trabajo. Por eso, el episodio “The Portrait” (7x07) de Fear the Walking Dead (Robert Kirkman y Dave Erickson, desde 2015) empieza como empieza.

Es decir, con el mismo enfoque narrativo que “Cindy Hawkins” (7x03), sobre todo, pero también “Breathe with Me” (7x04): mostrándonos sucesivas escenas de una rutina que, en cierto momento, se rompe por un hecho inesperado. Y resulta que el guion de este capítulo lo firma Nick Bernardone (Unbreakable Kimmy Schmidt), que se ha ocupado de los de The Walking Dead: Red Machete (2017-2018) y de otros seis del primer spin-off, como el mencionado tercero de esta temporada.

El del cuarto pertenece a Nazrin Choudhury y David Johnson, pero recordemos que los showrunner Andrew Chambliss e Ian Goldberg (Érase una vez) están por encima, moviendo los hilos. Y que “The Portrait” lo dirija Heather Cappiello (Blue Bloods), que ya se había encargado de “Handle with Care” (6x10) y “USS Pennsylvania” (6x15) y de “Quatervois” (2x05) y “Who Are You?” (2x06) en The Walking Dead: World Beyond (Scott M. Gimple y Matthew Negrete, desde 2020) acentúa la idea de reincidir en los últimos hábitos de este relato postapocalíptico de la AMC.

Inquieta yace la cabeza que lleva la corona

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Determinados elementos de dicha rutina ya estaban tanto en “Cindy Hawkins” como en aquel episodio de Lost (J. J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber, 2004-2010), el titulado “Man of Science, Man of Faith” (2x01), a cuyo inicio nos recuerda. Y otros están preñados de un surrealismo que insiste como ningún antecedente en la megalomanía del personaje que ha vuelto a unas andadas imprevisibles para todos, a excepción de Daniel Salazar (Rubén Blades): el siempre difícil Victor Strand (Colman Domingo) en su peligrosa deriva.

El preocupante volantazo con el que se cierra la secuencia anterior a los títulos cuadra con su carácter e incluso lo enfatiza. Pero nos tememos que la amenaza insólita que le golpea a continuación con nuevos rostros, una de esas ocurrencias curiosas que solamente podrían regalarnos en Fear the Walking Dead, pueda extremar su ya alarmante audacia; si tal cosa es posible, por supuesto. Máxime cuando el asunto se complica todavía más, profundizando en la sensación de que hay un misterio que resolver en lo que sucede.

Un nuevo giro de 360 grados en ‘Fear the Walking Dead’

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La supuesta paranoia, eterna compañera de los líderes megalómanos, que sufre el que podríamos considerar el villano de esta séptima temporada no debiera serlo del todo si Nick Bernardone, Heather Cappiello y el par de showrunners quieren satisfacer el deseo del público de que le intriguen y le asombren a base de bien. Como con uno de los escenarios de “The Portrait”, que podría parecernos más propio de una película de acción semejante a Jungla de cristal (John McTiernan, 1988) que de este drama zombi en su verticalidad.

Las conversaciones sinceras entre Victor Strand y Morgan Jones (Lennie James), con sus posibilidades espinosas y su capacidad de conmover y de mostrarnos la ambigüedad irreductible del primero en Fear the Walking Dead, cuya redención se encuentra en la cuerda floja, son un auténtico gusto dramático aquí. Y, justo cuando creemos que las alianzas vuelven a encarrilarse, un giro definitivo las hunde hasta el fondo; y el desasosiego por una actitud exacerbada nos oprime. Como nos sacude la sorpresa final, generándonos preguntas, y el cliffhanger con el que termina el capítulo.