Entre el agotamiento y la desesperación se aproxima el primer aniversario de la declaración del estado de alarma en España. Tras un año de sucesos frenéticos vividos en una cápsula espacio-temporal, la sorpresa de que ya ha pasado un año desde que se detectaron los primeros casos de coronavirus en nuestro país nos alcanza en el despertar de un profundo letargo.

Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer, uno de los acontecimientos más denostados desde que se inició la pandemia. Durante el último año, la excusa de un virus que nadie comprendía ha servido incluso para atacar las bases del propio movimiento feminista. Pese a muchos, este 8 de marzo continuamos reivindicando los derechos de las mujeres. Y lo hacemos tras un año en el que han sido ellas las que han soportado las peores consecuencias de la crisis sanitaria.

No solo por estar en la primera línea de los servicios esenciales o por asumir más carga de trabajo doméstico. También porque muchas mujeres en situación de violencia machista se han visto encerradas con sus maltratadores a raíz de la emergencia sanitaria. Algo que ha empeorado una situación ya de por sí devastadora. Ha sido un año tremendamente duro en el que podríamos haber puesto muchos más medios para evitar exponer a las mujeres a todos estos riesgos. 

La tecnología es uno de esos medios y bien empleada podría haber resultado de gran ayuda durante los meses de pandemia. Pero, ¿la estamos utilizando de forma efectiva? ¿Puede ayuda la tecnología a acabar con la violencia contra las mujeres?

Las víctimas en silencio de la pandemia

Algo se ha hablado ya de los efectos más obvios que la pandemia ha tenido para las mujeres, tanto dentro como fuera del hogar. El cierre de los colegios y el teletrabajo han aumentado la carga de trabajo doméstico y de cuidados que ya se sustentaba sobre las espaldas de las mujeres.

La mayor precariedad y pobreza laboral que sufren las mujeres las sitúa en un peor lugar para afrontar situaciones de crisis

Además, algunos de los sectores más afectados por la emergencia sanitaria están altamente feminizados. Según datos de la Encuesta de Población Activa, las mujeres representan el 66% del personal sanitario, el 84% en el caso de las enfermeras. En las residencias para mayores, las mujeres suponen el 84% del personal contratado. son mayoría en sectores como la limpieza hospitalaria, el trabajo doméstico, el turismo o la hostelería. La enorme precariedad, unida al aumento de la presión doméstica y laboral y al elevado nivel de exposición al virus existente en estos sectores, han generado una profunda huella psicológica y emocional en las mujeres.

El virus desde la primera línea

María Sánchez es enfermera en el área de diálisis de un hospital madrileño. En lo que llevamos de pandemia se ha contagiado dos veces por falta de material. Cuando los primeros casos llegaron a España “en mi hospital no estábamos preparados”. “No conocíamos nada de la enfermedad y tampoco teníamos medidas de seguridad”. Aunque, para ella, lo más duro era la vuelta a casa. “Llegas a casa sabiendo que has estado en contacto con gente infectada y que los médicos dicen que es muy contagioso y tienes un miedo brutal a contagiárselo a tu familia”.

Las situaciones que las sanitarias han vivido estos meses sobrepasan todo lo que cualquiera podría imaginar. “En mi unidad hemos tenido que dejar morir gente porque había orden médica de no reanimar pacientes porque no había sitio en UCI, sabiendo que esa persona habría podido salir adelante de no haber habido una pandemia”. Con las consecuencias físicas y psicológicas que todo esto conlleva. “Psicológicamente es un machaque continuo, no llegas a desconectar nunca de la maldita enfermedad, ni en el hospital, ni en casa”. “Tengo muchas compañeras que han necesitado ayuda psicológica”.

“Hemos tenido que dejar morir gente porque había orden de no reanimar pacientes”

María insiste en la especial situación de las enfermeras ante el virus. “Las enfermeras somos las que estamos a pie de cama, los médicos están fuera y si pasa algo entran, pero la que está con el paciente todos los días eres tú”.

Un trabajo que, además, han de realizar con estrictas medidas de seguridad para evitar contagios en la medida de lo posible. “Encima del uniforme llevamos un mono de plástico puro, doble guante, doble mascarilla, una pantalla de protección, unas gafas estancas para no dejar entrar nada de aire y una capucha”. Y así 5 o 6 horas diarias, en las que no pueden comer o ir al baño. “Es muy agobiante trabajar en estas condiciones que ni siquiera nos permiten tener la misma agilidad o el mismo tacto ante una situación de emergencia”.

Una lucha sin apoyos

Las mujeres de la primera línea han trabajado en durísimas condiciones, con turnos interminables, un elevado grado de exposición y viviendo situaciones traumáticas de las que les será difícil recuperarse. 

Y la ciudadanía no ha estado a la altura. “Es desesperante ver cómo la gente se salta las medidas sanitarias sabiendo que las que luego vamos a dar la cara somos nosotras”. Es importante entender la responsabilidad que tenemos frente al virus y no dejar toda la carga en manos de las demás. “Nos han quitado días libres, nos dijeron que igual nos tenían que quitar vacaciones… y yo lo entiendo por el puesto de trabajo que desempeñamos, pero al final los aplausos y el apoyo se quedaron en una anécdota y a la hora de la verdad hay momentos en los que no nos hemos sentido apoyadas, ni por los políticos ni por la sociedad”.

La otra pandemia: la violencia machista

Como hemos visto, las mujeres se siguen llevando la peor parte en cualquier circunstancia y en situaciones de crisis los efectos se multiplican. Pero existe otra realidad que la crisis sanitaria ha multiplicado y que ha tenido graves consecuencias para muchas mujeres. Una realidad que se encuentra completamente invisibilizada y que han sufrido y continúan sufriendo las víctimas de violencia de género.

En palabras de la ex-directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, la “violencia contra las mujeres es un problema global de salud de proporciones epidémicas”. Sin embargo, a esta otra pandemia, mucho más prolongada y menos novedosa, no se le presta atención.

Violencia machista en situaciones de crisis

Según datos recogidos por el Consejo General del Poder Judicial, solo un 25% de los casos de violencia de género son denunciados. Actualmente, en nuestro país se registran cada año 600.000 casos de violencia y hay una media de 60 mujeres asesinadas anualmente. Sin embargo, los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas revelan que solo entre un 1 y un 4% de los ciudadanos perciben la violencia de género como un problema grave.

Muchas mujeres han estado encerradas con su agresor durante meses a causa de las medidas tomadas para evitar la propagación del virus

La vieja normalidad que hoy tanto echamos de menos suponía un grave peligro para muchas mujeres. En 2019 la violencia machista registró un repunte, con un aumento del 7,8% en los homicidios machistas respecto al año anterior. Durante los dos primeros meses del 2020 también se registraron asesinatos por violencia de género superiores a la media. En este contexto, la llegada de la emergencia sanitaria agravó enormemente una situación que ya suponía un gran riesgo para las víctimas de violencia de género.

El confinamiento creó el ecosistema ideal para el incremento de la violencia contra las mujeres. El mayor aislamiento de las víctimas y el aumento de las posibilidades de control debido al encierro complicaron las posibilidades de las mujeres de salir de la violencia y propiciaron condiciones de impunidad para los agresores. Además, durante la emergencia sanitaria la venta de alcohol se ha elevado en un 84,4% y el consumo de pornografía ha subido un 61,3%. Ambos factores clave en el riesgo de las mujeres en contextos de violencia machista.

En contextos como el actual, las víctimas de violencia machista tienen mucho más difícil de lo habitual poder huir ante los brotes de violencia, pedir ayuda a familiares y amigos, acudir a los servicios sociales o incluso acceder a los mecanismos habituales de protección

Violencia machista durante el confinamiento

Durante el período de confinamiento en nuestro país, la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género registró un crecimiento considerable de las peticiones de ayuda por violencia de género. Desde que se decretó el estado de alarma hasta el 1 de abril de 2020:

  • Las llamadas al 016 aumentaron un 48%.
  • Las consultas online al 016 lo hicieron un 733,33%.
  • Las peticiones de atención psicológica y emocional a través del canal habilitado de WhatsApp incrementaron en un 129,3%.

Paralelamente, ha habido un descenso en el número de denuncias por violencia machista. Según datos del Ministerio del Interior, desde que se pusieron en marcha las medidas de confinamiento, las denuncias se han reducido en un 40%. Este dato, en relación con las peticiones de ayuda registradas, da cuenta del desamparo de las mujeres en situación de violencia durante la pandemia. Además, la saturación de los servicios de salud, una vía fundamental de identificación y salida de la violencia machista, ha incrementado la dificultad de las víctimas para escapar en un contexto de particular intensificación de la violencia.

Nuevas tecnologías contra la violencia machista

Las nuevas tecnologías tienen un enorme potencial como herramienta para solucionar algunos de los retos a los que nos enfrentamos en la actualidad. Sin embargo, las instituciones no son capaces de hacer un uso adecuado de las mismas.

Sonia Núñez Puente es catedrática de la Universidad Rey Juan Carlos y especialista en género y nuevas tecnologías. En su opinión, “las tecnologías podrían haber sido útiles como herramienta para canalizar los procesos de búsqueda de ayuda de las mujeres en situaciones de vulnerabilidad” durante la crisis sanitaria.

“Sin embargo, las instituciones no han hecho un aprovechamiento adecuado de las nuevas tecnologías; cuestión, por otra parte, alineada con el escaso uso de las tecnologías que se ha hecho por parte de las autoridades sanitarias y de las instituciones en el contexto de la actual pandemia”

Una vez más, los intereses de los ciudadanos quedan relegados a un segundo plano. El sector privado es quien lidera la carrera tecnológica. Nuestras instituciones públicas, enormemente burocratizadas, no son capaces de seguirle el ritmo y tampoco se esfuerzan en ponerle coto a los abusos de las grandes tecnológicas.

“El imaginario social tiende a focalizarse en la idea de que las tecnologías son neutras y no responden a los intereses de las empresas que las crean”.

La sombra de la neutralidad se cierne una vez más sobre nosotros entorpeciendo la utilidad colectiva que podrían tener las nuevas tecnologías a la hora de combatir problemas estructurales. Esto, sostiene Núñez, “ha de combatirse insistiendo en que las plataformas alimentan un tipo de consumo individual que debería ser contrarrestado con un uso verdaderamente social y comunitario”.

España, ejemplo de nada

Durante la crisis sanitaria, la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género puso en marcha algunos canales adicionales, como un WhatsApp de atención psicológica y emocional para las víctimas. Pero este tipo de propuestas no resultan significativas si no se cambia el enfoque de base para incorporar la tecnología. “Se podrían instaurar canales seguros para que las mujeres que sufren violencia de género puedan comunicarse a través de redes sociales”, propone Núñez.

“Iniciativas de este tipo que sostienen las redes de apoyo comunitario podrían tener un impacto significativo en la lucha contra la violencia de género”.

Las escasas iniciativas nacionales

Tras la declaración del estado de alarma se aprobó un Real Decreto de medidas urgentes de protección y asistencia a las víctimas de violencia de género durante la crisis de la COVID-19, a propuesta del Ministerio de Igualdad y el Ministerio del Interior. Este plan de contingencia, puesto en marcha dos días después del inicio de la cuarentena, incluía algunas medidas innovadoras apoyadas en las nuevas tecnologías.

Además del canal de información y asesoramiento online del 016, se habilitaba un servicio de apoyo emocional vía WhatsApp y el «Botón SOS» en la ya existente app AlertCops. Una aplicación gratuita que proporciona un canal directo con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para comunicar un hecho del que se es víctima o testigo. La incorporación de este nuevo botón cumple varias funciones. Dar una respuesta más rápida de las autoridades, facilitar la identificación y ubicación de la víctima y permitir al personal sanitario avisar de una situación de violencia de género.

Otras redes de apoyo

Hay que destacar también la enorme labor que llevan a cabo las asociaciones de mujeres, un apoyo fundamental en tiempo de pandemia. Susana Martínez Novo, presidenta de la Comisión para la Investigación de malos tratos a mujeres, reivindica este papel. “Si las ONG no hubiéramos colaborado en campañas de difusión de información o no hubiéramos prestado apoyo y atención a las mujeres, desde las administraciones públicas no hubieran tenido la capacidad suficiente para cubrir la demanda de casos que seguían produciéndose”.

Sobre los esfuerzos tecnológicos de las administraciones afirma que “esta situación ha servido para poner de manifiesto que todavía hay una escasez estructural de recursos por parte de las administraciones”. Algo que intentan contrarrestar este tipo de organizaciones. Desde la asociación Comisión de Malos Tratos han puesto en marcha algunas iniciativas, como el programa de prevención Conectadas o una serie de directos informativos en Instagram. Buscan, dicen, “interactuar con nuestros seguidores, adaptándonos a los formatos que consume la población joven”.

Desde las Comunidades Autónomas también se han puesto en marcha iniciativas propias. La más conocida es la acción “Mascarilla 19”, para activar el protocolo por violencia de género en las farmacias. Otras son iniciativas tecnológicas, como distintos servicios de WhatsApp o campañas de prevención de la violencia machista en redes sociales. Pero la mayor parte de los proyectos que involucran las nuevas tecnologías están dirigidos a la población más joven.

De las apps a las redes sociales

En España, existen ocho programas tecnológicos para intervención y prevención de la violencia machista en parejas adolescentes. Aunque estos consisten en apps de desarrollo propio. En otros países, estas iniciativas van mucho más allá. Un grupo de activistas indio usa Snapchat para aconsejar a jóvenes en situaciones de abuso de todo el mundo. En Brasil, la campaña “Músicas de violencia” utiliza Shazam para identificar contenidos sexistas en las canciones y concienciar sobre machismo.

Sin embargo, Susana Martínez recuerda que “no todas las mujeres víctimas de violencia de género son mujeres jóvenes acostumbradas al uso de la tecnología”. Por ello, reivindica “talleres de formación para que su aplicación sea real y efectiva”.

Las nuevas tecnologías son un punto de información y encuentro para las mujeres en situación de violencia de género. Especialmente para las más jóvenes. Aunque también generan nuevos espacios de socialización y nuevas formas de ejercer violencia. Para Sonia Núñez, el enfoque neutral de las nuevas tecnologías incide en su potencial para desafiar problemas estructurales como la violencia de género. En nuestro país, la tecnología aún se usa únicamente como vía de difusión de información. Pero apenas se contemplan sus posibilidades reales de interacción. Esto debe cambiar.

Recursos contra la violencia machista

Si crees que estás sufriendo violencia de género, puedes llamar al teléfono de información y asesoramiento gratuito 016, funciona las 24 horas del día y atiende en 51 idiomas.

Encuentra aquí recursos de apoyo y prevención para casos de violencia de género en tu zona.

¿Eres menor de edad y crees que alguien de tu entorno está sufriendo violencia de género? No dudes en llamar a ANAR al número de teléfono 900 20 20 10.

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