El aleteo de una mariposa puede dejarse sentirse al otro lado del mundo provocando tempestades. Frases como esta inundan las redes a la hora de hablar de la teoría del caos y el efecto mariposa, que muestran cómo pequeños cambios pueden generar efectos inesperados e impredecibles a medio y largo plazo. Eso es lo que parece haber sucedido en el camino hacia el 8 de marzo, la fecha en la que se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer.

Desde hace meses, diversos colectivos feministas habían organizado movilizaciones para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres. La convocatoria de huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo de 24 horas, secundada por sindicatos como la CGT y la CNT —a diferencia de organizaciones como CC.OO. y UGT, que han apoyado paros parciales de dos horas—, estaba a la vuelta de la esquina cuando un movimiento inesperado, parecido al aleteo de una mariposa, generó un efecto inesperado.

Miles de trabajadoras de los medios de comunicación —más de 7.000 en el momento de la publicación de este artículo— firmaron el manifiesto Las periodistas paramos, donde no solo se unían a la convocatoria de huelga del 8 de marzo, sino que también reivindicaban el fin del machismo en su sector, que se manifestaba, decían, en forma de barreras como la precariedad, el techo de cristal, la brecha salarial o el acoso sexual. Su movilización ha traído consigo una suerte de efecto arrastre de otros colectivos, incluidas las científicas y las académicas, que han decidido unirse a la huelga feminista.

Por qué paran las científicas y las académicas

"Las profesoras e investigadoras que trabajamos en la universidad nos sumamos a la huelga del 8M". Así empieza el manifiesto impulsado por las académicas, que denuncian tener "salarios más bajos", "contratos precarios" y "más obstáculos en su carrera" que los compañeros que trabajan en las mismas instituciones. Las firmantes también lamentan la falta de mujeres en los puestos de responsabilidad de las universidades. A día de hoy, según El País, solo cuatro mujeres ocupan el Rectorado en campus públicos —una más si contamos con la recién elegida Mavi Mestre, de la Universitat de València—, mientras que únicamente siete rectoras lideran los veintiséis centros privados repartidos por España.

Las académicas también exigen la puesta en marcha de medidas para promover la conciliación laboral y la corresponsabilidad en los cuidados. Su manifiesto, hecho público horas antes de la celebración del 8 de marzo, pone el foco además en la importancia de la perspectiva de género en los ámbitos de la docencia, la gestión y la investigación. Pero sus reivindicaciones no se centran solo en la universidad, sino que otros colectivos como la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) también han decidido sumarse a la huelga feminista. "Tanto la convocatoria del paro como el resto de actos tienen como propósito hacer visible la discriminación laboral que sufren las mujeres", que también afecta, según reza el comunicado, a las científicas en España.

La falta de visibilidad y de reconocimiento —por ejemplo, ninguna mujer ha sido galardonada en las dos últimas ediciones de los premios Nobel—, junto a diferentes tipos de discriminación en forma de acoso, precariedad, brecha salarial y problemas de conciliación en el cuidado de los hijos y de las personas mayores son problemas que también afectan a las científicas y las académicas en nuestro país. Una serie de problemas a los que se une la discriminación que viven las mujeres desde la infancia, cuando diferentes sesgos hacen que las niñas se aparten de las carreras más relacionadas con las matemáticas, la ingeniería o la tecnología, y contra los que luchan iniciativas como la convocatoria del 11 de febrero en el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia.