Solo el 7% de las chicas de 15 años cree que tendrá una profesión relacionada con la ciencia. Sabemos que las mujeres obtienen el 60% de los títulos universitarios pero su presencia en carreras como física o ingeniería no llega al 30%. ¿Qué ocurre? No, no es por la tardía incorporación de la mujer al mundo laboral, ya que el por ejemplo el porcentaje de mujeres en el área de Ciencia y Tecnologías Físicas en el CSIC (en torno a un triste 20%) no ha variado en los últimos 15 años. Tiene que ver con la falta de vocaciones científicas, la falta de autoestima ante las ciencias y la discriminación laboral y el techo de cristal al que nos enfrentamos.

Un factor influyente es el “efecto John-Jennifer”. En 2012 se publicó un artículo en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencia de EEUU en el que inventaron un currículo para cubrir una plaza de investigación. Lo enviaron a profesores y profesoras de las 7 universidades más importantes de Estados Unidos. Uno con el nombre de John y otro con el nombre de Jennifer. Las 137 respuestas que obtuvieron, evaluaban las solicitudes de estos dos candidatos ficticios, que se suponía que se acababan de licenciar y optaban a un puesto de jefe de laboratorio. Resultó que, ante un currículo exactamente igual, los evaluadores asumían que el candidato masculino era más competente que la candidata. Ofrecían mayor salario y más recursos a John.

Esto no hace más que poner en relieve lo que muchos otros estudios evidencian: la existencia de un sesgo en las evaluaciones y el reconocimiento de méritos de las mujeres. La mujer es considerada menos competente sin importar los hechos. Desde ser infracalificadas de niñas en las asignaturas científicas, hasta ser menos citados los papers escritos por mujeres, son hechos que suceden durante todas las etapas de la vida de una mujer, y afectan a las decisiones que tomamos con respecto a nuestra trayectoria profesional. Es clave que este sesgo se produce independientemente del género de la persona que evalúa y es fundamentalmente inconsciente, lo que lo hace muy difícil de eliminar.

El efecto Matilda

También se usa el término “efecto Matilda” para hacer referencia al olvido sistemático y la invisibilización del trabajo de las mujeres científicas. Hace referencia a una parábola de San Mateo que resume algo que afecta a todo el mundo denominado “efecto Mateo” consiste en que cuanto más éxito tienes más fácil es lograrlo de nuevo. En el caso de las mujeres se utiliza para recalcar lo contrario y con ese nombre en honor a Matilda Joslyn Gage, se pone de manifiesto la discriminación sufrida por las mujeres y la negación de aportaciones, descubrimientos y el trabajo de muchas mujeres científicas, dando la autoría de los mismos a sus compañeros, existiendo frecuentes quejas de sesgo en los premios otorgados o las invitaciones a conferencias.

Dejando de lado los sesgos, podemos fijarnos en otro baremo. El índice de techo de cristal que nos sirve para ver cómo de complicado lo tenemos las mujeres en comparación con los hombres para llegar al puesto más alto. Se ve claro en el último “Informe Mujeres Investigadoras 2016” del CSIC: de 126 centros existentes, solo 22 son dirigidos por mujeres. Fijándonos en los datos y viendo la evolución del techo de cristal en carreras científicas, se ve una gran bajada en las cifras, pero para apreciarlo hay que fijarse en un intervalo de tiempo de 20 años de un índice creado para representar la desigualdad, todo lo que esté por encima de 1 es un dato negativo y hablamos de que en medicina está en algo más de 3 puntos y en ingeniería y tecnología casi lo alcanza.

Sabemos también que a edades tempranas las habilidades en matemáticas de niños y niñas no muestran diferencias. Es a partir de la adolescencia, entre los alumnos de mayor rendimiento, cuando el de los chicos es algo mejor. En promedio, a lo largo de su carrera científica, la productividad de las mujeres es también más baja que la de los hombres. Pero es que se ha documentado que las diferencias en las aptitudes matemáticas están directamente relacionadas con la desigualdad de género existente en cada país. Es decir, si percibes que te infravaloran, te alejas de esa área mostrando menos interés, sumado a que el entorno social, familiar y educativo no incentiva de igual manera a chicos y chicas a elegir carreras científicas y técnicas, resulta en que las chicas muestran mayor ansiedad ante las matemáticas y ciencias que los chicos, incluso si su rendimiento en esta materia es bueno.

Además la tecnología suele presentarse como un ámbito marcadamente masculino por la ausencia de roles científicos femeninos. A la baja presencia de mujeres se suma la invisibilización de muchos de sus logros. Además, en parte debido a la realidad que han vivido algunas científicas en el pasado, muchas adolescentes pueden ver en la ciencia un camino demasiado arduo.
Por culpa de todo esto las chicas muestran menor confianza en sí mismas y mucha más ansiedad ante las matemáticas. En el informe PISA se hace mucho hincapié en la influencia de estos problemas en el menor rendimiento de las chicas en matemáticas y ciencias. Según varios estudios, la brecha disminuye, y en muchos casos pasa a ser de signo contrario, cuando se comparan chicos y chicas con el mismo grado de ansiedad.

Una de cada tres

Y ya bajando al barro, como último factor mensurable, las situaciones de sexismo explícito y de acoso que afecta fundamentalmente a mujeres. Ellas declaran haber sido víctimas de comentarios y actitudes claramente sexistas o acoso en su lugar de trabajo muy por encima de sus compañeros varones. En un estudio publicado en 2014 al que respondieron más de 600 investigadores e investigadoras pone de manifiesto que las mujeres tienen un 70% de posibilidades de ser acosadas y cinco veces más probabilidad de ser agredidas sexualmente que los hombres. Más de un 35% de las mujeres que respondieron a la encuesta declararon sufrir comentarios inapropiados de forma regular o frecuente en su puesto de trabajo.

Por esto y las mil razones que nos dejamos en el tintero, hemos llenado las agendas de actividades para conmemorar el 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015.

Somos un grupo de investigadoras y comunicadoras científicas las que coordinamos la iniciativa para canalizar el esfuerzo de todas las personas que quieran participar del modo que quieran. El propósito es lograr el acceso, la plena participación y el empoderamiento de las mujeres y las niñas en la ciencia y visibilizar el trabajo de las científicas, así como fomentar la vocación investigadora en las niñas a través de la creación de roles femeninos. Para lograrlo, numerosos colectivos e instituciones han organizado más de 250 actividades en 40 provincias. Y la cifra aumenta cada día.

Del 6 al 19 de febrero se celebrarán talleres, charlas, actuaciones, concursos, exposiciones, citas con científicas, maratones de edición de Wikipedia y mesas redondas, entre otras actividades. Estas tendrán lugar en colegios, institutos, universidades, museos, bares, centros culturales, institutos de investigación y un sinfín de lugares repartidos por toda España. Busca en la agenda la programación de tu ciudad, y pon tu granito de arena para sumar. Que las generaciones futuras de científicas empiecen desde la casilla de salida como sus compañeros, no desde más atrás.

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