El sobrepeso y la obesidad son dos problemas médicos de primera magnitud. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2016 el 39% de las personas adultas mayores de 18 años pesaban más de lo que deberían, y el 13% eran obesas. Con la llegada de 2018, muchos habrán incluido entre sus propósitos de Año Nuevo cuidar la alimentación, realizar más ejercicio físico y, en definitiva, perder peso.

Recomendaciones como evitar el sedentarismo e incluir en nuestra alimentación más verduras y frutas, reduciendo a su vez la cantidad de grasas y azúcar que consumimos, son fundamentales para mantener una buena calidad de vida. Pero, a la hora de ponernos a dieta, no debemos olvidar que los determinantes económicos son un factor de riesgo clave en la salud. Existen otros parámetros que, sin ser considerados como decisiones que tomamos de forma consciente e individual, influyen en nuestro peso aunque pasen en muchas ocasiones desapercibidos.

Cómo afecta la jornada laboral a nuestro peso

¿Nuestro empleo puede llegar a influir en el peso que tengamos? Parece evidente que trabajar en una oficina, donde tenderemos al sedentarismo, o en una actividad que implique más ejercicio físico tiene un impacto en nuestro organismo. Sin embargo, los efectos sobre la salud van más allá. La evidencia científica apunta que la jornada laboral afecta directamente a nuestro peso, como señala, por ejemplo, un artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública. El equipo de José Javier Martín-Ramiro estudió la relación que hay entre los horarios de trabajo y de sueño con el sobrepeso y la obesidad de los españoles.

A partir de la Encuesta Nacional de Salud de 2012, los investigadores analizaron la asociación entre el posible exceso de peso y el tipo de jornada laboral de los participantes. Así pudieron determinar que la obesidad es más frecuente entre aquellas personas que realizan trabajos con jornada nocturna e irregular, mientras que el sobrepeso se da especialmente en los individuos con jornada partida y nocturna. En otras palabras, los horarios irregulares en el trabajo pueden suponer un mayor riesgo de obesidad, probablemente, según los autores, porque el desempeño de este tipo de jornadas laborales no permite mantener un estilo de vida con cierto orden. Este problema además haría que los afectados durmieran menos horas al día, lo que explicaría el impacto sobre nuestra calidad de vida.

El grupo de Martín-Ramiro también investigó la relación entre las horas de sueño diarias sobre la salud. Su estudio muestra que la obesidad y el sobrepeso eran más habituales entre las personas que dormían menos de seis horas al día y entre aquellos que dormían más de ocho. "Es posible que las personas que realizan turnos de mañana o duerman entre 6 y 8 horas tengan más facilidad para la realización de actividad física o llevar unos hábitos de alimentación más saludables y por eso sean menos obesos", explican en el artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública.

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Fuente: Pixabay.

Los autores también sugieren que la falta de sueño durante la noche puede conllevar una mayor somnolencia en la franja diurna, que explicaría el mantenimiento de hábitos poco saludables e incluso la ingesta de alimentos de comida rápida, snacks o dulces, sugieren. Otro artículo, publicado en la revista Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria, también encontró una correlación entre el sobrepeso y las horas de sueño, que relacionaron con el estrés y la fatiga, que podrían conducir a la realización de una menor actividad física, los cambios hormonales y a tener más tiempo para comer.

¿Por qué tener patrones de sueño cortos puede correlacionarse con un exceso de peso? La respuesta parece estar en los ritmos circadianos, los cambios que suceden en los organismos a lo largo de las veinticuatro horas del día y que dependen de nuestro reloj interno. Hoy en día sabemos que si se produce un desajuste crónico entre los hábitos de vida y los ritmos circadianos, aumenta el riesgo de padecer diversas enfermedades, una problemática que estudia la cronobiología, una disciplina premiada hace unos meses con el Nobel de Medicina.

Mantener horarios laborales de carácter irregular e, incluso, trabajar durante la noche parece afectar a los ritmos circadianos. Un trabajo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences sugirió que el trabajo nocturno podría reducir el gasto energético total diario, contribuyendo a un aumento de peso no deseado. El equipo de Martín-Ramiro también destaca que la modificación de los ritmos circadianos podría causar cambios hormonales, como el incremento de la grelina, que explicaría el aumento del apetito, y la reducción de la leptina, que se relacionaría con la hiperfagia [exceso de hambre] y la obesidad. Otros efectos metabólicos y fisiológicos incluyen la resistencia a la insulina o el incremento del colesterol.

Las correlaciones detectadas en este tipo de investigaciones no explican del todo por qué engordamos. El origen del exceso de peso se debe a múltiples factores, como los hábitos personales de alimentación y ejercicio físico, pero no debemos olvidar la influencia de otros parámetros como la jornada laboral y los patrones de sueño. Los estudios más recientes sugieren la necesidad de implementar programas institucionales para combatir la epidemia de obesidad teniendo en cuenta dichas circunstancias, además de implicar a las empresas en la elaboración de planes de prevención del exceso de peso para mejorar la salud de la ciudadanía.