Una de las razones, la principal, de que The Walking Dead (Frank Darabont y Angela Kang, desde 2010), la serie de AMC que adapta los cómics homónimos escritos por Robert Kirkman e ilustrados por Tony Moore y Charlie Adlard (2003-2019), no sea otra aproximación desdeñable a los apocalipsis zombis al estilo de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) es su profundidad e impacto dramáticos. Que tal vez no habrían sido posibles sin la oportunidad estupenda de extenderse en buen número de episodios con el medio televisivo.

Uno piensa en ello por la forma en que se inicia el capítulo “No Other Way” (11x09); dándole un gusto a los espectadores que siguen las desventuras de los supervivientes protagonistas con un gran interés en la creatividad gore, muy propia de este tipo de narraciones cinematográficas por las mismas características de los repugnantes monstruos devoradores que asolan la faz de la Tierra. Sin la digna carga dramática de The Walking Dead, solo quedaría las salpicaduras de sus mordiscos; y eso carece de verdadera enjundia audiovisual, hablando en plata.

Cómo se nota a Jon Amiel tras las cámaras de ‘The Walking Dead’

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Las situaciones de gran peligro con las que termina “For Blood” (11x08) se retoman de inmediato aquí, dividiendo el foco en dos los escenarios comprometidos, que se subdividen por otro lado en situaciones específicas con los distintos personajes. Y debemos decir que una de sus mayores virtudes es el efectivo mantenimiento de una tensión férrea, con algunas tesituras realmente inquietantes gracias a la que uno permanece atento y alarmado por lo que ocurre. Quizá no al nivel de “On the Inside” (11x06), pero sí en uno muy respetable.

Además, por cierto uso de la cámara lenta en “No Other Way” del británico Jon Amiel, al que conocemos por haber dirigido películas como Sommersby (1993), Copycat (1995), La trampa (1999) o La duda de Darwin (2009) y que llega a The Walking Dead tras haberse ocupado de capítulos de otras series como Los Tudor (Michael Hirst, 2007-2010), Halt and Catch Fire (Christopher Cantwell e ídem C. Rogers, 2014-2017), American Gods (Bryan Fuller y Michael Green, 2017-2021) o Seven Seconds (Veena Sud, 2018), redescubrimos lo aterrador de los zombis.

Por otra parte, el enfrentamiento verbal entre dos pastores divinos que habíamos deseado desde que supimos del singular Mancea (Dikran Tulaine) en “Rendition” (11x04) y, sobre todo, a partir de la ocasión en que Gabriel Stokes (Seth Gilliam) estuvo a puntito de cargárselo en “Promises Broken” (11x07), se produce en este episodio. Y la manera en que acaba nos horroriza y preocupa de idéntico modo que la inclemente reacción de nuestro sacerdote en “Hunted” (11x03). Pero puede que así enamorase más a Jadis (Pollyanna McIntosh) como para retenerla.

Deseando que se mantenga este nivel en la última temporada de la serie

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Por añadidura, durante “No Other Way” volvemos a darnos cuenta de lo jugosas que son las intervenciones de este Negan Smith (Jeffrey Dean Morgan). Por su actitud desfachatada, lejos de la verborrea cargante en la que insistía cuando era el gran villano. Sus líneas de guion, las del encuentro pastoral y el texto completo, se las adjudicamos a Corey Reed, que ha podido firmar hasta ahora las de diez capítulos de Médium (Glenn Gordon Caron, 2005-2011), seis de Da Vinci’s Demons (David S. Goyer, 2013-2015) y otros diecinueve de The Walking Dead.

Mediado el episodio, un giro imprevisto en un cara a cara difícil nos empuja a responder con entusiasmo. Por lo que sucede y porque el diálogo concreto, en su brevedad, se ha escrito con un espíritu socarrón y gozosamente revanchista. Y no se trata del único de esta secuencia. El posterior, muy bien planificado por Jon Amiel y con una adecuada partitura de Bear McCreary (Fundación) y Sam Ewing, nos pasma; y nos hace recordar el remate del capítulo “Things Left to Do” (6x09) de Fear the Walking Dead (Robert Kirkman y Dave Erickson, desde 2015).

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Después, por si lo anterior fuese poco, hay una escena con un nuevo volantazo debido al imprevisible Negan Smith que nos los pone de corbata; y se cierra en contrapunto. Y, más tarde, un reencuentro emotivo de nos agrada por su sincera naturalidad, otro viraje que une los tres núcleos dramáticos existentes y, para rematar, un flashforward para que nos quedemos patidifusos. Conque, por la labor tan decente en el libreto y la composición audiovisual que fluye, “No Other Way” es una estimable continuación de la última temporada de The Walking Dead.