Después del episodio “On the Inside” (11x06), sobre el que jamás habríamos esperado decir a estas alturas de The Walking Dead (Frank Darabont y Angela Kang, desde 2010) que se trata de una de las experiencias más escalofriantes que hemos vivido en toda la serie de la AMC, se ha estrenado “Promises Broken” (11x07), del que no se espera el mismo nivel.

Porque repetirlo resultaría difícil para la guionista Julia Ruchman (The Son) en su quinta aportación al apocalipsis zombi y al director Sharat Raju, que se ha encargado hasta ahora de tres capítulos de esta ficción televisiva, otros tres de Fear the Walking Dead (Robert Kirkman y Dave Erickson, desde 2015) y uno de The Walking Dead: World Beyond (Matthew Negrete y Scott M. Gimple, desde 2020).

A lo primero que se dedica, en cualquier caso, es tirar nuevamente del hilo sobre la mala relación entre Maggie Rhee (Lauren Cohan) y Negan (Jeffrey Dean Morgan) por el pasado criminal que les separa. Luego, de lo que enfrenta el grupo de Eugene Porter (Josh McDermitt) y Yumiko (Eleanor Matsuura) en la Commonwealth y, por último, Daryl Dixon (Norman Reedus) con los Segadores, a los que encabeza el lunático de Pope (Ritchie Coster).

Una satisfacción morbosa en ‘The Walking Dead’

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En “Promises Broken” se vuelve a incidir en un hecho incontrovertible: la gran huella dramática que dejaron los horripilantes Susurradores de Alfa (Samantha Morton) y Beta (Ryan Hurst) en The Walking Dead; como ya había ocurrido en “Out of the Ashes” (11x05). Y ver que algunos de los protagonistas deciden imitar sus técnicas para enfrentarse a sus enemigos nos causa cierta satisfacción morbosa. Igual que el encuentro del padre Gabriel Stokes (Seth Gilliam) con su homónimo, Mancea (Dikran Tulaine), entre sus antagonistas.

Por otro lado, la honesta conversación entre Negan y Maggie Rhee contiene un giro discursivo bastante tremendo que debemos valorar en su justa medida. Pero tampoco podemos decir que esperábamos menos del locuaz ex líder de los Salvadores, y no nos decepciona en ese sentido.

La virtud de una tensión sostenida

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El primer parón de la temporada final de The Walking Dead se produce tras “For Blood” (11x08), un capítulo en el que repite como realizador Sharat Raju, que además tiene en su currículo, por otra parte, episodios de Ley y orden: Unidad de Víctimas Especiales (Dick Wolf, desde 1999), Mentes criminales (Jeff Davis, 2005-2020), Cómo defender a un asesino (Peter Nowalk, 2014-2020) o The Good Doctor (David Shore, desde 2017). Pero quien lo ha escrito es Erik Mountain (Person of Interest), el cual solo se había ocupado antes del intenso “One More” (10x19).

La última secuencia de “Promises Broken” nos prepara para el gran ataque de otros tiempos; la de inicio aquí, que muestra la efectividad de la estrategia terrible de los Susurradores con sus hordas de muertos vivientes, incide en ese gustirrinín escabroso al que nos referíamos. Después, nos acercan a la situación de Alexandria, más comprometida por uno de los fenómenos meteorológicos extremos que la franquicia zombi empezó a tener en cuenta de un modo muy razonable durante la cuarta temporada de Fear the Walking Dead.

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La tensión sostenida en dos focos narrativos que se van alternando es una de las virtudes de “For Blood”, con una ambientación adecuada, neblinosa y desapacible respectivamente, y un aparato audiovisual no espléndido pero sí oportuno. La incertidumbre por las lealtades incompatibles, por otro lado, juegan un buen papel en el suspense, su resolución no podría ocurrir en otros términos por la vena desoladora de esta serie apocalíptica y, para rematar la faena, nos quedamos con sendos cliffhangers hasta febrero del año próximo. Así que un poco de paciencia nos hará falta.