El impacto del minado de Bitcoin sobre el Medio Ambiente no es un tema nuevo. Todos los años se renueva la discusión con respecto a la cantidad de electricidad que se necesita para esta actividad, como así también de dónde proviene la misma. Ahora, un nuevo estudio expone que se habría registrado un importante aumento en el uso de fuentes no renovables desde que se prohibió la actividad de los mineros en China.

Recordemos que durante 2021 las autoridades chinas tomaron distintas medidas para acabar con el uso de criptomonedas en su país. Para ello no solo bloqueó todas las transacciones con criptoactivos, sino que también prohibió las actividades de minería. Esto significó un duro golpe para el Bitcoin, pues se estimó que —por entonces— alrededor del 44% del minado global se realizaba desde el gigante asiático.

Acabada la posibilidad de operar desde China, la gran mayoría de los mineros de Bitcoin optó por reubicarse en otras partes del mundo, ya sea por su cuenta o vendiendo sus equipos por kilo a otros interesados. Y allí residiría el punto clave por el cual la huella de carbono se habría incrementado con el correr de los meses.

Según publicaron los investigadores Alex de Vries, Ulrich Gallersdörfer, Lena Klaaßen y Christian Stoll, en agosto de 2021 —apenas dos meses después de que se eliminara prácticamente toda la actividad minera en territorio chino— se habría incrementado un 17% el uso de energía proveniente de fuentes no renovables para obtener Bitcoin. Dicho dato se obtuvo al compararlo con el promedio de todo el año 2020.

En el mismo estudio se indica que la implementación de energías renovables para el minado de Bitcoin habría caído de un 41,6% promedio en 2020, a un 25,1% en agosto de 2021.

El bloqueo chino al Bitcoin habría incrementado el impacto ecológico del minado

Mientras buena parte del minado de Bitcoin se realizó en China, hubo dos fuentes de electricidad que tuvieron especial preponderancia. Una de ellas fue el carbón, en regiones como Sinkiang y Mongolia Interior; la otra fue la energía hidroeléctrica en Sichuan y Yunnan. Y como la prohibición de las criptomonedas cortó el acceso a la hidroelectricidad china, el estudio indica que allí podría estar el otro factor trascendental para comprender el incremento de la huella de carbono del Bitcoin.

El hecho de que los mineros de Bitcoin se hayan reubicado principalmente en Kazajistán y Estados Unidos también sería fundamental en esta historia. Así, se estima que el uso de electricidad proveniente del gas natural para esta actividad subió del 15% al 30,8%; e incluso se menciona que el impacto de la generación de energía a base de carbón se habría incrementado porque las plantas en territorio kazajo generan más emisiones que las de China.

Dentro de Estados Unidos, en tanto, Kentucky se ha convertido en el sitio ideal para los bitcoiners. Como dicho estado depende históricamente de la minería de carbón como una de sus principales actividades económicas, cuenta con tarifas de electricidad muy bajas. Además, las autoridades ofrecen beneficios impositivos para que quienes se dedican al minado de Bitcoin se instalen allí. Así las cosas, el estudio indica que Kentucky ya es el estado norteamericano en la red de Bitcoin que más dióxido de carbono emite.

No hay una solución visible en el corto plazo

Foto por Executium

Los datos que ofrecen los investigadores son realmente interesantes, pero las conclusiones son las mismas que ya hemos visto en otros debates al respecto. Es improbable que el consumo energético que requiere el minado de Bitcoin se reduzca en el corto plazo, y lo mismo aplica para la electricidad que proviene de fuentes no renovables. Y si bien existe un compromiso privado para que en 2030 solo se usen energías limpias, su cumplimiento hoy no parece más que una utopía.

Habrá que ver si en los próximos años el plan de El Salvador para minar Bitcoin usando energía proveniente de los volcanes da resultados. En dicho país ya existe una granja que pertenece al Estado y funciona de esta forma. Y si bien la nación centroamericana no es pionera en generar electricidad a partir de la energía geotérmica —Islandia lo hace desde varios años, por mencionar un ejemplo—, sí ha sido la primera en usarla abiertamente (y por iniciativa de su presidente) para el minado de Bitcoin, que funciona allí como moneda de curso legal.

Por otra parte, no podemos obviar cómo influye la metodología del minado de Bitcoin al hablar de su impacto energético y medioambiental. Este criptoactivo se obtiene a través del sistema Proof of Work, o prueba de trabajo. Hablamos de una modalidad que requiere de muchísimo poder de cómputo para resolver los "acertijos" de código que permiten validar nuevos bloques en el blockchain. Básicamente, los mineros compiten por ser los primeros en lograrlo, para así recibir la recompensa correspondiente. Con millones de equipos en todo el mundo ejecutando continuamente un algoritmo criptográfico, es lógico que se necesite de un gran caudal de energía eléctrica para mantenerlos en funcionamiento.

Ethereum, la segunda criptomoneda más importante del mundo, también funciona en base al protocolo Proof of Work. Sin embargo, desde hace algunos años se trabaja para una migración a Proof of Stake, o prueba de participación. El mismo permitirá abandonar la minería como se la conoce actualmente para enfocarse en un sistema de validación de operaciones; esto promete ser mucho más eficiente energéticamente, por supuesto. Sin embargo, el desembarco del llamado Ethereum 2.0 viene sufriendo demoras, y no hay certeza de cuándo se implementará.

Vale mencionar que el modelo PoW ya se encuentra bajo escrutinio en algunos países. Suecia, por ejemplo, propone prohibir el minado de criptomonedas que usen dicho protocolo (Bitcoin y Ethereum, como ya indicamos). Las autoridades suecas aseguran que este método consume la misma cantidad anual de electricidad que se necesita para proveer a 200 mil hogares. E incluso mencionan que, si no se se toman medidas, las energías renovables a su disposición no serán suficientes para abordar sus planes de transición desde fuentes no renovables.

Hoy es imposible pensar que Bitcoin implemente un cambio en su funcionamiento. Primero y principal, porque la red y los pooles de minería ya son demasiado grandes para siquiera pensarlo; segundo, por una cuestión cultural. Con los años se ha generado casi una veneración hacia el whitepaper de Satoshi Nakamoto y los ideales que desembocaron en la aparición del Bitcoin. Así, no son pocos quienes consideran que siquiera abordar una propuesta de este tipo mancillaría el legado del aún desconocido creador de la criptomoneda.