Minar Bitcoin ya consume más energía que todo lo que necesita Argentina durante un año, de acuerdo a un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge. Además, seguirá aumentando a medida que se invierta en más equipos y el proceso sea más complejo.

Los investigadores aseguran que el proceso de minado consume 121,36 TWh al año. La red completa, de todos el hardware dedicado al proceso actualmente genera una potencia de 11,66 GW al momento de publicar este artículo.

Estas y muchas otras cifras se pueden consultar en una herramienta desarrollada por el equipo de investigadores. Además revela que, a medida que le precio del Bitcoin aumenta, el incentivo de minar la criptomoneda también. Esto incrementa la competencia entre los mineros, que a su vez suma cada vez más equipos —hardware con GPUs muy potentes— dedicados al proceso. Eso, por supuesto, causa un incremento cada vez mayor de consumo de energía.

Este círculo vicioso parece que no tendrá fin en ningún momento. Mucho menos ahora con el valor del Bitcoin en máximos históricos. Según declaraciones de Michel Rauchs, parte del equipo de Cambridge que creo la herramienta en una entrevista hecha en el podcast Tech Tent de la BBC, «el alto consumo de energía es así por diseño» y «no cambiará a corto plazo, salvo que el valor de la criptomoneda baje significativamente».

El precio del Bitcoin lleva meses al alza. Pero aumentó significativamente tras el anuncio de la inversión de 1500 millones de dólares de Tesla, superando los 50.000 dólares. Al momento de publicar este artículo, se sitúa en los 47.000 dólares.

Los equipos ASIC optimizaron el minado de Bitcoin, pero no fue suficiente

La pregunta habitual cuando se habla del inmenso consumo energético detrás del minado de Bitcoin es: ¿hay una metodología o hardware más eficiente para esta actividad? La respuesta es sí, y se encuentra en los circuitos integrados para aplicaciones específicas (ASIC por sus siglas en inglés).

La adopción de equipos para minar Bitcoin basados en ASICs tiene años y, sin duda, redujo el consumo de electricidad para el proceso. Pero debido al sistema de prueba de trabajo (PoW) sobre el que se basa el control y validación de la creación de unidades monetarias, un bloque aceptado suele ser el que más esfuerzo requirió producir.

Esto genera competencia y es parte de la base del proceso de minado. Es por eso que constantemente se buscan más equipos para acelerar el proceso y ser más rápido que otros nodos, y así conseguir más bloques. Al mismo tiempo, para compensar el incremento de hardware en la red, la dificultad de generación de nuevos bloques es modificada cada dos semanas.

Si los bloques se generan muy rápido, la dificultad aumenta. En cambio, si los bloques se generan muy lento, la dificultad se simplifica. Esto suele tener relación directa con el precio del Bitcoin al cambio con el dólar. De ahí la posición de Michel Rauchs, quien explica que el consumo energético bajará cuando el valor de la criptomoneda descienda.

En búsqueda de la energía más barata del mundo

Otro de los problemas que tiene el minado de criptomonedas —y no solo el Bitcoin— es la fuente de la energía y los lugares donde se hace el minado. La búsqueda del precio más bajo posible, para maximizar retornos de la actividad es constante.

Es por eso que muchos datacenters de minería se ubican en zonas muy frías —reduciendo el uso de energía para mantener bajas temperaturas—, pero también en zonas donde el precio de la electricidad es significativamente bajo y/o donde la moneda es débil.

Eso hace que el minado sea popular en algunos países latinoamericanos donde la fuente de energía no necesariamente es la más limpia. En China también ocurre, aunque muchas compañías intentan acceder a energía hidroeléctrica para reducir costos, según un reportaje en The Verge.

Si a Tesla le interesa acelerar la transición a energías sostenibles, no deberían invertir en Bitcoin

Con la condición actual de uso de energía para el proceso de minado de criptomonedas, si a Tesla y a Elon Musk realmente les interesa acelerar la transición a energías sostenibles, no deberían invertir en Bitcoin.

No solo es acerca del uso de energía. También es el impacto medio ambiental que tiene el incremento constante de hardware para el proceso, de aquí a mayo de 2140, cuando se calcula que se mine el último Bitcoin.

Un paper publicado en Nature en octubre de 2018 asegura que el minado de Bitcoin podría subir la temperatura de la Tierra en 2 grados centígrados. Un lujo que, definitivamente, no nos podemos permitir.

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