Esta semana Microsoft ha protagonizado la actualidad tecnológica gracias a la presentación del nuevo Windows 11.

El sistema operativo se renueva con muchas novedades y una visión de miras para ir más allá de su propio ecosistema al incluir la posibilidad de ejecutar aplicaciones de Android

Sin embargo, Microsoft también ha sido noticia esta semana por el nombramiento de que hasta ahora era su CEO, Satya Nadella, como su también presidente del consejo de administración, en sustitución de John W. Thompson. Se cierra de esta forma la transición definitiva entre la era de Bill Gates, quien abandonó la primera línea de Microsoft en 2008 al renunciar a su puesto como CEO, y que el año pasado hacía lo mismo con el sillón que le quedaba en la junta.

Los últimos meses la figura de Gates ha estado marcada por su divorcio y la investigación interna abierta por una relación con una empleada año atrás. Pero lo cierto es que dejando a un lado el aspecto personal, los 13 años que han pasado sin Gates en el centro de control han sido una montaña rusa que solo se ha corregido -y con creces- con la llegada al mando del ejecutivo indio-estadounidense.

Microsoft ahora es mucho más que Windows: videojuegos, nube y productividad

Satya Nadella (nacido en la ciudad india de Hyderabad, en 1967) tomó el control del Microsoft hace ahora algo más de siete años, tras la época de Steve Ballmer. Una era en la que Microsoft tuvo que pelear contra el descenso de ventas generalizado de los PC o su errónea apuesta en el mercado mobile.

Nadella ya había estado con la compañía durante más de dos décadas, encargándose el grueso de su carrera de la implementación de los servicios en la nube que hoy suponen la partida que más crece de Microsoft a través de Azure.

Bajo su mandato, Microsoft ha protagonizado compras como la de Linkedin en 2016, Mojang, la creadora de Minecraft, Github, o Wunderlist, la popular aplicación ahora reconvertida en Microsoft To-do, y que a la postre sirvió de punto de arranque de toda la integración de Teams en empresas que tanto se ha prodigado durante la pandemia. Y, por supuesto, la compra de ZeniMax y con él de Bethesda más recientemente, el estudio con el que espera acabar de abordar su apuesta a la suscripción en el mundo de los videojuegos con Xbox. En el tintero quedará qué podría haber pasado de adquirir TikTok. En resumidas cuentas, los años de Nadella al frente de Microsoft se han basado en la diversificación.

Con él al mando, las acciones de Microsoft han pasado de cotizar a 40 dólares a su llegada a más de 265 en estos momentos, disputando a Apple de nuevo el puesto de la empresa más valiosa del mundo, algo que parecía impensable hace un tiempo.

“Nos incumbe, especialmente a los que somos proveedores de plataformas, asociarnos ampliamente para resolver los problemas reales de nuestros clientes”, dijo Nadella en su momento. Reconocía así que para hacer felices a los clientes, tenía que asociarse cuando tuviera sentido, echando al río las llaves de un Microsoft más hermético que antaño preconizaron sus predecesores.

Nadella, el CEO silencioso

Satya Nadella en uno de los últimos eventos sobre Cloud Computing de Microsoft

En un momento en el que la reputación de la industria tecnológica se mueve de forma inversamente proporcional a su poder, también está dispuesto a distanciarse del resto del Big Tech.

“Ya no existe la Gran Tecnología”, declaraba en una conferencia, en referencia a lo que, según él, son diferencias clave en los modelos de negocio de las principales empresas tecnológicas que las han llevado por caminos divergentes. Demostrar que Microsoft ha cambiado de verdad sus costumbres y se ha convertido en un nuevo tipo de gigante tecnológico será la prueba definitiva que veremos en los próximos años.

Una marca del éxito de Nadella en los últimos años ha sido lo poco que su compañía ha estado en los titulares en materia de regulación. Con un enfoque en la venta de tecnología a las empresas más que a los consumidores. Opera en gran medida entre bastidores, aunque llega a los consumidores a través de Xbox y todo su software de ofimática.

La empresa de Redmond sigue teniendo muchas controversias aunque la mayoría de ellas no tengan un calado internacional. Desde las disputas con el gobierno de Estados Unidos por el acceso a los datos personales alojados en sus servidores, hasta la escasez de viviendas y otros problemas de crecimiento causados por su expansión en el área de Seattle. A principios de año, destinó 500 millones de dólares a apoyar la construcción de viviendas asequibles en su región, para frenar esta polémica.

"Construimos plataformas para que otros construyan más tecnología"

Cuando Nadella tomó el mando, Microsoft corría el riesgo de haber perdido casi todas las nuevas tendencias tecnológicas importantes desde el cambio de siglo. Una costosa persecución de Google en el mercado de las búsquedas se había quedado corta con Bing, y las redes sociales le habían pasado de largo -de ahí seguramente su intento por comprar TikTok-. Los intentos de alcanzar a Apple en el sector de los smartphone se quedaron en nada: uno de los primeros actos de Nadella fue cerrar el negocio de móviles de Nokia que Microsoft había comprado en una apuesta desesperada.

Quizá parte de ese problema venía porque Microsoft llevaba años centrando en la rentabilidad de Windows. Hoy su sistema operativo sigue representando casi un 18% de sus ingresos, pero desde su llegada en 2014 la rama de negocio en la nube ha aumentado su facturación un 50%, la de ofimática y productividad casi un 40%, y el hardware y ordenadores personales y tabletas ha caído cerca de un 20%.

Nadella respondió llevando a Microsoft de vuelta a sus raíces. Mirando a un período anterior a Windows, cuando sus herramientas de software fueron utilizadas por otras empresas para construir su propia tecnología.

“Esa noción fundamental de que construimos herramientas, construimos plataformas para que otros puedan construir más tecnología, creo que es más relevante, más necesaria en 2019 que en 1975”, decía en otra entrevista con el Financial Times.