Dark (Baran bo Odar y Jantje Friese, 2017-2020), la serie televisiva de Netflix que nos ha traído de cabeza para bien durante los últimos tiempos, ha terminado hace unas semanas de una manera de lo más satisfactoria. La fascinación que provoca no se debe solamente a sus atractivos elementos de ciencia ficción, su trama enrevesada y sus arrebatadores enigmas. También influye muchísimo en la hipnosis que produce en los espectadores la música original y escogida. Tanto la banda sonora firmada por Ben Frost como las canciones que bo Odar y Friese (Silencio de hielo) han seleccionado.

El compositor nacido en Australia y residente en Reikiavik, la capital islandesa, es autor de siete álbumes, como Aurora (2014) o The Center Cannot Hold (2017). Su labor independiente le facilitó saltar al cine, y se ha encargado de las partituras de los largometrajes In Her Skin (Simone North, 2009), Sleeping Beauty, Frost (Julia Leigh, Reynir Lyngdal, 2011), The Deep (Baltasar Kormákur, 2012), Super Dark Times (Kevin Phillips, 2017) y Vargur (Börkur Sigþórsson, 2018). Y la de otras dos series, Fornitude (Simon Donald, 2015-2018) y la futura Raised by Wolves (Aaron Guzikowski, desde 2020).

Su minimalismo instrumental y su gusto por la experimentación son, de entre los ingredientes esenciales de Dark, algunos de los que más huella dejan en la propia obra y en el público al que ha maravillado durante sus veintiséis episodios, repartidos en tres temporadas imprescindibles. Porque su aportación atmosférica, sugerente, alucinada, lúgubre y amenazadora contribuye un montón a construir el espíritu de la serie. Y, en su estilo, las canciones elegidas para los montajes paralelos con los que ayudan a comprender los conceptos temporales y las metáforas tortuosas, fomentan el clima emocional y agrandan el asombro.

A los que nos ha marcado de veras nunca podremos olvidar Dark, y parte de esa memoria indeleble la constituyen los temas de Ben Frost como “Everything Is Connected”, “A Human: A Butterfly”, “Hell Is Empty, All Devils Are Here”, “Tick Tack, Tick Tack”, “Apocalypse”, “That’s Not Mikkel”, “I Thought I Had More Time” o el de los créditos, muy alejados de la música pura habitual y de los que integran las bandas sonoras al uso, incluidas las de popes como John Williams (Atrápame si puedes) y Ennio Morricone (Cinema Paradiso) o las más orquestales del infravalorado Danny Elfman (Pesadilla antes de Navidad).

Por otra parte, de las cuarenta y pico canciones que encontramos durante la narración, las hay de artistas y grupos conocidos, como “Suspicious Minds”, de Elvis Presley (1969), en el capítulo “Dark Matter” (2×02); “My Body Is a Cage”, de Peter Gabriel (2010), en “Endings and Beginnings” (2×08); “If I Could Turn Back Time”, de Cher (1989), en “Deja-vu” (3×01); o “Down On the Street”, de The Stooges (1970), en “Paradise” (3×08). Cada espectador tendrá sus favoritas, pero tal vez contamos entre las mejores la evocadora “Goodbye”, de Apparat y Soap and Skin (2011), que se escucha en los títulos de Dark.

O la energizante “You Spin Me Round”, de Dead or Alive (1984), presente en los capítulos “Secrets” (1×01) y “The Survivors” (3×02); la curiosísima “Partita for 8 Voices: No. 3, Courante”, de Roomful of Teeth (2012), cuyo coro de exhalaciones oímos en “Secrets”, “Past and Present” (1×03), “Beginnings and Endings” (2×01), “Adam and Eve” (3×03) y “Paradise”; la hermosa “Familiär”, de Agnes Obel (2016), en “Past and Present”; la dulzura de “Enter One”, de Sol Seppy (2006), en el metraje de “Sic Mundus Creatus Est” (1×06); y la coheniana “A Quiet Life”, de Teho Teardo y Nlixa Bargeld (2013), en “Alpha and Omega” (1×10).

Y también la serena fluidez de “Bad Kingdom”, de May y Robot Koch (2018), incluida en “Deja-vu”; la melodía juguetona de “Broken Sleep”, segunda de Agnes Obel (2020), en “The Survivors”; la marejada de “Inside”, de Chris Avantgarde y Red Rosamond (2020), servida en “Adam and Eve”; la voz singular de “The Labyrinth Song”, de Asaf Avidan (2015), en “The Origin” (3×04); el insistente remix de M83 de “The Pioneers”, primero de Bloc Party (2005), en el montaje de “Light and Darkness” (3×06); y la intensidad ascendente de “Pneumothorax”, de Blueneck (2011), en el audio de “In Between” (3×07). Una docena de ejemplos por los que más debería hablarse de la estupenda banda sonora de Dark.

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