Cuando esta pandemia pase, la recordaremos por muchas cosas. Echaremos la vista atrás y rememoraremos los confinamientos, los paseos con mascarillas, los aplausos a las 20:00, el terror convertido en cifras, las manifestaciones negacionistas, las concentraciones en barrios ricos reivindicando un concepto raro de libertad… Por supuesto, también recordaremos las sinrazones de Donald Trump. Primero fue la lejía, luego la hidroxicloroquina y ahora una sustancia muy venenosa extraída de la adelfa para tratar el coronavirus.

Esta planta, muy utilizada en ornamentación por la bonita apariencia de sus flores, es conocida por contener toxinas muy peligrosas. Todo en ella es venenoso, desde el tallo hasta las hojas. Precisamente por eso el verano pasado se generó un buen revuelo después de que la influencer Miranda Makaroff se luciera en Instagram con un bikini confeccionado con adelfas. Los expertos en botánica recordaron que solo al tacto ya podría causar problemas, por lo que emular a la instagramer podría ser muy peligroso.

Ahora, toca el turno de recordar sus efectos al presidente de los Estados Unidos, quien recientemente se mostró dispuesto a la aprobación de una de las toxinas de esta planta para tratar la COVID-19. Afortunadamente, hacen falta más que sus recomendaciones y su entusiasmo para que se apruebe como medicamento, pero sí que podría ocurrir que alguien en sus casas decida recurrir a las macetas de su jardín para evitar contraer el virus. Y eso, desde luego, sería un serio problema.

Adelfa para tratar el coronavirus: el estudio en el que se basa Trump

La sustancia de la adelfa para tratar el coronavirus a la que hace referencia Donald Trump es la oleandrina. Se trata de una toxina de las conocidas como glucósidos cardíacos, por causar efectos sobre el corazón que pueden ir desde arritmias más o menos graves, hasta la muerte.

Ciertamente, hay un estudio que la señala como una posible candidata para la obtención de tratamientos frente al SARS-CoV-2. En él, sus autores demuestran la eficacia in vitro de la oleandrina como sustancia antiviral. Esto significa que inhibe el virus en cultivos de laboratorio. Podría ser un buen inicio, pero ni mucho menos un dato definitivo, al no haberse probado en humanos, ni siquiera en animales. Pero la cosa no queda ahí, pues además es un estudio aún en fase de preimpresión. Por lo tanto, todavía no ha pasado una revisión por pares que indique que toda su metodología es correcta.

No es una base ni mínimamente sólida para proponer ya el uso de esta sustancia frente a la COVID-19. Además, según ha explicado en un artículo para The Conversation la profesora de la Universidad de Emory Cassandra Quave, el estudio tampoco tiene en cuenta la cardiotoxicidad de la oleandrina.

Es importante que la población entienda esto. Ya al principio de la pandemia un hombre en Estados Unidos murió por ingerir líquido para acuarios con cloroquina después de escuchar los consejos de su presidente. Las adelfas son incluso más accesibles, por lo que el riesgo de intoxicaciones si este mensaje llegara a difundirse demasiado sería aún mayor. Nada que no haya pasado por las fases pertinentes de ensayos clínicos debe aceptarse ni recomendarse como tratamiento. Trump tiene prisa para que esto acabe. Todos la tenemos, está claro, pero ese no es el camino. Debemos caminar con la ciencia, aunque el recorrido sea un poco más largo, es la única forma segura de hacerlo.