Beber o inyectarse lejía u otros desinfectantes no es la forma de curar el coronavirus, por mucho que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo plantease la pasada semana como algo factible. Los expertos salieron enseguida a desaconsejar su uso, pero ¿por qué son tan peligrosos estos productos?

Para empezar, todo lo que se recoge en este artículo no sustituye a una llamada al Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) de España. El número es el 915 620 420 y está disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana. En el caso de vivir en México, la institución referente es el Centro de Información y Asistencia Toxicológica y aquí se pueden consultar otros lugares donde informarse para las personas que viven en América Latina.

"Los accidentes con productos de limpieza domésticos representan una de las primeras causas de consultas al Servicio de Información Toxicológica", explican desde la web del Ministerio de Justicia, institución de la que depende el INTCF. La mayoría de las llamadas suelen estar relacionadas con niños de corta edad (de 18 meses a 3 años) y de adultos que, tras un cambio de envase, han ingerido sin querer un producto tóxico.

Beber desinfectantes u otros productos de limpieza pueden producir síntomas como fuerte dolor abdominal, diarrea, vómitos y heces con sangre debido a las quemaduras en el esófago y el estómago. También desmayos, presión arterial baja (se presenta rápidamente), cambio grave en el pH de la sangre (demasiado o muy poco ácido en la sangre) o shock.

Dependiendo del tipo de producto, si es tensioactivos/agentes espumógenos, lejía o cáusticos, el INTCF recomienda unas u otras acciones, pero siempre se desaconseja provocar el vómito en la persona intoxicada. En algunos casos se puede beber agua o leche, pero siempre es mejor contactar primero con el Servicio de Información Toxicológica (SIT) para que te dé las mejores recomendaciones según diferentes variables.

Sin embargo, no solo se puede uno intoxicar bebiendo estos productos sino también por los gases que se desprenden de este, como los vapores tóxicos que aparecen al mezclar lejía y amoniaco, por lo que se desaconseja hacer estas combinaciones. Normalmente las advertencias vienen en la etiqueta de los productos tóxicos, de ahí la importancia de no quitarlas ni hacer un cambio de envase.

Los síntomas ante una intoxicación debido a la inhalación de los gases tóxicos suelen estar relacionados con las vías respiratorias, como por ejemplo la "dificultad respiratoria, la inflamación del pulmón, estornudo o inflamación en la garganta (que también puede causar dificultad respiratoria)". En el caso de que afecte a los ojos, oídos y nariz, se pueden presentar síntomas como "babeo, fuerte dolor o ardor en la nariz, los ojos, los oídos, los labios o la lengua o pérdida de la visión".

La piel también puede sufrir quemaduras debido al uso de productos corrosivos, como puede ser la sosa cáustica. En este caso, los síntomas que pueden aparecer pueden ser desde quemaduras hasta irritación u urticaria, pero también orificios en la piel o tejidos debajo de esta.

Llamada al SIT

Ante cualquier intoxicación, siempre es mejor contactar con el Servicio de Información Toxicológica (SIT) o el correspondiente al país en el que uno resida. Estos servicios suelen tener un teléfono de consulta que está disponible las 24 horas, los 7 días de la semana, sin importar festivos.

El SIT español requerirá de la persona que llama una serie de datos para valorar si es necesaria una atención en urgencias o si pueden dar instrucciones por teléfono para que la situación no empeore. Entre las preguntas que realizan están edad, sexo, peso y antecedentees médicos del intoxicado. Pero también es muy importante saber cuál es el producto que se ha ingerido: nombre comercial, tipo de envase, si se conocen los ingredientes... Además, cuánto producto se ha ingerido y hace cuánto que se ha tomado o durante cuánto tiempo. Por último, también se va a preguntar por qué ha pasado, es decir, si se trata de un accidente laboral, un trasvase... No solo se puede llamar por ingestión de productos tóxicos sino también por intoxicaciones con medicamentos -un error de dosis o no se ha visto bien la etiqueta- y por otras, como plantas.

A pesar de lo que haya dicho Trump, lo mejor es no beber lejía. Ni cualquier otro producto desinfectante. Pero, si por error has consumido algún tóxico, lo mejor es consultar con el SIT para ver cada caso en particular y ayudar al paciente a que tenga los menores problemas posibles tras la ingesta.