– Dic 27, 2019, 10:03 (CET)

Las decisiones más cobardes de ‘Star Wars: el ascenso de Skywalker’

El ascenso de Skywalker ha tomado un rumbo conservador y contrario a todas las líneas abiertas en Los últimos Jedi. Su acercamiento a la galaxia de George Lucas está marcado por varias decisiones cobardes que buscan contentar a la gran mayoría de sus seguidores.

2019 ha sido un año repleto de películas que han dado fin a diferentes sagas, y se ha rematado con una traca final denominada El ascenso de Skywalker. El noveno episodio de Star Wars ha puesto punto y final a la saga que comenzó George Lucas hace 42 años con Una nueva esperanzaal menos, por ahora—.

La cinta se enfrentaba a numerosos desafíos, ya que tenía que resolver los grandes misterios de la trilogía, atar cabos, otorgarle a Leia una muerte digna tras el fallecimiento de Carrie Fisher y, además, solventar los problemas que les había dado la anterior entrega, Los últimos Jedi. La dirigida por Rian Johnson es una de las mejores películas de la saga en cuanto a función individual, montaje y entendimiento del universo de Lucas. Sin embargo, su explícito contenido político levantó ampollas en el sector más tóxico del fandom de Star Wars, en contra de lo que opinaba la crítica.

De hecho, tanto El despertar de la Fuerza como Los últimos Jedi tienen puntuaciones significativamente más altas que El ascenso de Skywalker en plataformas como Metacritic o Rotten Tomatoes. Mientras que a las dos primeras las sitúan entre un 81 y un 93%, la última parte de esta trilogía se queda en un aprobado muy justo.

Aún así, la respuesta del público fue más que ruidosa y Disney decidió apostar por lo seguro para el cierre de saga, volviendo a dejar en manos de J.J. Abrams la dirección de la película, que escribió el guion junto a Chris Terrio (Batman vs Superman, La liga de la Justicia). Bajo una línea conservadora que ignora cualquier propuesta de Johnson en el episodio VIII, El ascenso de Skywalker se ha construido en base a una serie de ideas cobardes para contentar a la gran masa de fans sin pillarse los dedos ni un poquito.

¡Cuidado! A partir de aquí hay spoilers de Star Wars: el ascenso de Skywalker.

¿Gays? ¿Qué es eso?

Está claro que Disney no quiere avanzar en la dirección de la diversidad. Del mismo modo que se acobardó ante las voces que pedían una novia para Elsa en Frozen 2, los seguidores que veían un posible romance entre Finn y Poe se han visto decepcionados una vez más por la compañía del ratón.

No solo no se explora esa opción, sino que le buscan una especie de interés romántico femenino a Poe Dameron a la que ni siquiera le vemos la cara durante la película. El personaje, una antigua compañera de la que ya nos habían revelado su existencia, tiene tan poco peso en la película que podría haberse sustituido por un cartel al cuello de Poe en el que se leyera “soy heterosexual”.

Ese es su único papel en la película: decirle a los fans que al carismático piloto le atraen las mujeres —aunque eso, Disney, no quiere decir que no puedan gustarle también los hombres—. Este personaje proporciona una excusa en el guion para que que Poe le guiñe el ojo, le sonría de lado y nos deje entrever que no le importaría tener algo con ella. Aunque, a decir verdad, todo queda un poco forzado. Y es que resulta difícil imaginarse a Oscar Isaac entusiasmado con la idea de esta posible antigua novia cuando lleva años siendo el mayor defensor de “Finnpoe”, el nombre de pareja con el que los fans les han bautizado.

En multitud de eventos promocionales para El ascenso de Skywalker, Isaac se ha quejado de la falta de flexibilidad de Disney en este aspecto. “Traté de presionar un poco en esa dirección, pero los jefes de Disney no estaban preparados para ello”, comenta en esta entrevista. “La historia de amor podría haber sido una visión de futuro muy interesante y más original”, prosigue, “bueno, una visión de presente, en realidad”.

Isaac hace referencia a la dinámica entre los dos personajes, que describe como “dos hombres que se enamoran durante la guerra”, cuyas interacciones ya levantaron las pasiones entre la comunidad LGTBI+ desde el episodio VII por la cercanía y cariño que se mostraron en pantalla desde el primer momento. El ascenso de Skywalker no elimina eso, pero descarta que haya algo romántico entre ellos de forma canónica, a pesar de las promesas del director sobre la introducción de un personaje LGTBI+ en el universo Star Wars.

Esa representación se ha visto relegada a un último plano, casi tan indetectable como la de Vengadores: Endgame. Se trataría de un beso entre dos mujeres de la Resistencia en la celebración final al terminar la batalla contra el ejército Sith. Para nada lo que el público quería y, desde luego, no se acerca ni de lejos a ser una visibilización real ni válida para una saga que siguen millones de personas en todo el mundo.

¿Los últimos Jedi? No me suena

Uno de los movimientos más cobardes por parte de Abrams y Terrio fue alejarse de todas las posibilidades que Johnson había abierto en Los últimos Jedi. La línea argumental sobre el negocio de la guerra queda sepultada en las tierras profundas del olvido y no se vuelve a hacer mención a ningún tipo de desigualdad de clases.

Las dinámicas de esta secuela caen de lleno en los tópicos y manías de la trilogía original y no dan pie a que se abran nuevos caminos, lo que termina por asfixiar el universo. Con la inevitable muerte de los tres protagonistas clásicos, Abrams ha traído de vuelta a Lando Calrissian (Billy Dee Williams) y el público se queda con la sensación de estar viendo la misma película una y otra vez.

Algunas buenas ideas rodeadas de muchas otras malas, o ejecutadas de forma pobre y descuidada, han provocado una verdadera decaída en la trilogía. Quizá la peor decisión sea la de ignorar ese impactante plano final en Los últimos Jedi en el que vemos a un niño esclavo utilizando la Fuerza.

En la batalla final de Exegol vemos un atisbo del mensaje que aquel niño esclavo quería transmitir cuando un funcionario de la Primera Orden afirma que no es un ejército el que se resiste, sino “solo gente”. El que debería ser un camino argumental básico para esta secuela queda reducido a una línea de guion y un plano emotivo de miles de naves entrando en el plano de visión a la velocidad de la luz.

En esta trilogía, la Resistencia está al límite de sus recursos humanos y materiales y deben enfrentarse ahora a una flota de Destructores Sith que han aparecido casi por arte de magia para ponerse a disposición del Lado Oscuro. Sin embargo, Abrams no sabe explotar este filón para lanzar un mensaje sobre que es el pueblo común quien sostiene este tipo de revoluciones, y no los integrantes de la familia Skywalker y Solo.

En El ascenso de Skywalker, Finn da señales de ser sensible a la Fuerza, pero este descubrimiento apenas repercute en los hechos. Abrams ha desvelado que lo que Finn quería decirle a Rey antes de caer por las arenas movedizas era precisamente esto, su inquietud hacia los instintos Jedi. Sin embargo, la película nunca lo llega a revelar, ni juega con este factor como algo sustancial para el desenlace.

¿Quién decíais que era Rose Tico?

Rose Tico jugó un papel principal en la película de Rian Johnson como una mecánica que le enseña a Finn la crudeza de la guerra y la realidad de los soldados rasos; aquellos que conocen de primera mano la represión de la Primera Orden y no se codean con Leia Organa en el puente de mando.

Johnson se esforzó por ampliar el espectro de visión del universo de George Lucas y dotar de algo de contexto a la historia. Con Rose se lanzaba por primera vez una mirada hacia la gente común. Sin embargo, su personaje recibió tal cantidad de odio que ha sido borrado por completo en El ascenso de Skywalker. La actriz que la interpreta, Kelly Marie Tran, fue acosada en redes sociales de forma incansable hasta tal punto que tuvo que cerrar su cuenta de Instagram.

El odio de los trolls contra la actriz y el personaje tenían un componente inherentemente misógino y racista, como se vio en los ofensivos comentarios que le dejaban diariamente y que aún pueden leerse en los círculos más tóxicos del fandom. Es por ello doblemente hiriente para ciertos colectivos que la hayan excluido de golpe en el desenlace de la saga, especialmente cuando Abrams se vanagloria de haber encumbrado una trilogía que “fomenta la igualdad”.

En El ascenso de Skywalker, Rose Tico aparece junto a Finn y Poe en la base de la Resistencia, pero su único papel es el de excusar de forma vaga por qué no puede acompañarles en su misión principal. Afirma que tiene que ayudar a Leia allí, pero no hay ninguna trama secundaria en la que veamos qué ocurre en el campamento. De hecho, lo que hagan o no los rebeldes no tiene ninguna importancia para el desarrollo de la película, que se centra exclusivamente en el trío de oro y su contrapartida oscura.

Tampoco se explora la relación entre Finn y Rose después de que ella le declare sus sentimientos al final de la película anterior y le bese. ¿Hay alguna tensión entre ellos? ¿Le ha explicado Finn que tiene sentimientos por Rey? Si ha habido alguna conversación entre ambos sucedió off-camera y no ha tenido ninguna consecuencia para el devenir de los hechos en esta última entrega.

Mientras que una pequeña parte del fandom de Star Wars se indigna por la falta de presencia de Rose en el largometraje, Rian Johnson responde a los trolls con un mensaje que no necesita de palabras para ser entendido: una fotografía de Kelly Marie Tran adorna uno de sus últimos tuits acompañado del emoticono de una corona.

Si no es un Skywalker no puede protagonizar esta saga

La eterna pregunta sobre quiénes son los padres de Rey por fin ha tenido una respuesta clara, y la verdad ha polarizado a la audiencia. Contrario a lo que se dejó ver en Los últimos Jedi, en la que Snoke le decía a Rey que ella “no era nadie”, El ascenso de Skywalker nos desvela que es la nieta secreta de Palpatine.

No contentos con ello, el emperador Sith llevaba décadas escondido en el planeta secreto de Exegol, donde había construido un ejército de Destructores y tenía una suerte de incubadora de Snokes. Bajo alguna lógica que parece que solo los Sith alcanzan a comprender, Palpatine ordenó asesinar a su hijo y su mujer y emprendió la búsqueda de su nieta. La necesitaba para completar un ritual en el que Rey lo mataría y las almas de todos los maestros Sith pasarían a vivir en ella, convertida en la nueva emperatriz del Lado Oscuro.

Sin embargo, sus planes se truncan cuando ella no cede al chantaje —“si no me matas, tu nueva familia morirá”, le dice el emperador señalando la batalla que tiene lugar sobre sus cabezas—. Entonces, Palpatine cambia de plan y pasa a absorber la vitalidad de Rey y Kylo para recuperar todo su poder.

Dejando a un lado lo enrevesado de este plan, un poco difícil de seguir en medio de los disparos láser, la odisea de Kylo para llegar hasta ellos y los problemas de los rebeldes para controlar la situación, El ascenso de Skywalker echa por tierra gran parte de la profundidad del personaje de Rey. Ella, que podía haber representado el nuevo comienzo de la orden Jedi, la esperanza del pueblo corriente de la galaxia, acaba sumida en ese entramado familiar que representan los Skywalker, los Solo y, ahora también, los Palpatine.

star wars rise of skywalker
Rey (Daisy Ridley) in STAR WARS: THE RISE OF SKYWALKER.

Además, en la escena final, rechaza su herencia de sangre y pasa a llamarse a sí misma Rey Skywalker, mientras observa los fantasmas de Luke y Leia en el desierto infinito de Jakku. Rey es un personaje que siempre ha estado muy preocupado por conocer su orígenes, pero, cuando por fin sabe la verdad, la rechaza de plano. Ni siquiera se molesta en intentar conocer el apellido de su madre o su historia lejos de los Palpatine. ¿Por qué no dejar que Rey sea ella misma, sin necesidad de vincularla a ninguna familia clásica de Star Wars?

Mátame, no moriré de todas formas

En un desenlace tan sonado y épico como debía ser El ascenso de Skywalker, es más que lógico que los guionistas quieran buscar elementos dramáticos que despierten emociones fuertes en los espectadores. En este caso, Abrams y Terrio consiguen que se nos encoja el corazón en varias ocasiones, pero no son capaces de seguir las acciones de los personajes hasta la última consecuencia.

El primer ejemplo es claro. Cuando Rey trata de recuperar la nave en la que supuestamente han capturado a Cheewbacca, su poder se descontrola y termina haciéndola explotar. Sin embargo, un par de escenas después, descubrimos que el wookie está vivo. Este giro de guion no solo resta importancia dramática a los sucedido, sino que rompe en cierto modo la coherencia interna del relato.

¿Cómo es posible que Chewie estuviera en otra nave? Recordemos que nuestros protagonistas se encontraban en medio del desierto cuando tiene lugar la emboscada de la Primera Orden y que Finn está vigilando la nave en todo momento. Cuesta creer que ninguno de ellos se diera cuenta de que había más de una aeronave oscura y que hayan confundido la verdadera con la que portaba a su amigo.

Además, las consecuencias del golpe psicológico que sufre Rey tras la supuesta muerte del wookie hubiera sido mucho más impactantes si hubiera resultado ser verdad. Lo mismo sucede cuando descubren que la única forma de encontrar el wayfinder es borrando la memoria de C3PO.

El droide que había servido como alivio cómico durante toda la película de pronto se vuelca en una escena emotiva en la que se despide de sus amigos. Sin embargo, lo que nos habían presentado como irreversible se resuelve pocos minutos más tarde gracias a la copia de seguridad de R2D2. El público vuelve a respirar tranquilo.

Lo que todo esto nos sugiere es que prácticamente nada de lo que hacen estos personajes durante la cinta tiene consecuencias reales. Rey hiere de muerte a Kylo Ren con su sable, pero en seguida le cura con sus poderes de Jedi. Hace una hoguera con el artilugio que le permite encontrar Exegol, pero luego lo rescata de entre las llamas intacto. Palpatine prepara la llegada de Rey durante décadas, pero en cuanto ella se niega ya tiene listo un plan secundario para ostentar él todo el poder oscuro.

Lo único definitivo en El ascenso de Skywalker son las muertes de Leia —inevitable debido a la ausencia de Carrie Fisher— y de su hijo Kylo, ahora redimido como Ben Solo. Ni siquiera la explosión del planeta Kajimi tiene consecuencias reales, ya que los dos personajes que conocíamos han conseguido escapar de forma milagrosa.

La amenaza fantasma

Desde el homenaje a Carrie Fisher con unas últimas escenas de Leia Organa, hasta la aparición de Lando Calrissian, El ascenso de Skywalker toma un rumbo directo hacia el pasado de la saga. Algunos seguidores de Star Wars ya se quejaron de las constantes referencias a la trilogía original cuando se estrenó El despertar de la Fuerzaa la que llegaron a denominar fanfic—. No obstante, entonces sirvieron para introducir a los nuevos personajes y captar una audiencia más joven para la franquicia al tiempo que homenajeaban la creación de George Lucas.

A partir de ahí, lo más lógico hubiera sido avanzar e ir dejando atrás poco a poco el origen de Star Wars para abrir camino a las nuevas generaciones. Sin embargo, el episodio IX es bastante estático en este sentido. Constantemente volvemos a problemas ya tratados en entregas anteriores y se utilizan personajes antiguos para impulsar el factor nostalgia, mientras que la trama avanza con torpes aspavientos hacia delante.

El dilema moral de Rey y Kylo se rodea de fantasmas del pasado. El recuerdo de Han Solo, el sacrificio de Leia Organa y los consejos del espíritu de Luke Skywalker son tres de los grandes motores que impulsan el largometraje. Además, gracias a la iniciativa de Lando, la Resistencia consigue ventaja sobre el ejército de Exegol.

En definitiva, la sensación que se transmite al público es que sin esos personajes clásicos la saga no puede avanzar por sí misma. De hecho, lo que Finn y Poe hacen cuando no están con Rey apenas tiene relevancia, igual que ocurre con los rebeldes que se quedan en el campamento. El miedo de los creadores por despertar el rechazo del público se ha transmutado en una película que parece que se avergüenza de sí misma y tiene que recurrir una y otra vez a lo que saben que funciona, a los viejos modos.

Incluso el villano final nos resulta conocido, aunque el rol de Palpatine estaba planeado desde El despertar de la Fuerza, según ha declarado Abrams. Para el director, su papel en la nueva trilogía era obvio: “Solo mira lo que habla, quién es, lo importante que es, cuál es la historia; curiosamente, su ausencia por completo de la tercera trilogía sería notable. Sería muy extraño.”