Pablox (Wikimedia)

Las imágenes de pantanos vacíos publicadas hace medio año fueron la demostración gráfica de la sequía que golpeó a España durante 2017. Uno de los más afectados fue el embalse de Barrios de Luna, al norte de la provincia de León, que con un 4,1% de su capacidad se convirtió en el más seco de todo el país a finales de octubre. Dieciséis pueblos, anegados durante la apertura de la presa, emergieron del olvido dejando insólitas fotografías que reflejaban la pésima situación de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) y otras cuencas españolas.

La situación parece haber cambiado durante los últimos meses, fruto de las precipitaciones y nevadas que han traído consigo las borrascas sobre la península ibérica. El agua ha vuelto a llenar los recovecos del embalse de Barrios de Luna, que puede observarse desde la autopista en dirección a Asturias, coronado por el puente Ingeniero Carlos Fernández Casado. Según los datos de la Confederación Hidrográfica del Duero a fecha del pasado 19 de marzo, el pantano cuenta con un volumen embalsado de agua de 206,5 hectómetros cúbicos de un total de 308.

En otras palabras, se encuentra rozando el 70% de su capacidad, un porcentaje mayor que las cifras del año pasado, cuando apenas superaba el 52% con 162,5 hm3, aunque no llegue a la media de los diez años anteriores con casi un 72% y 219,6 hm3. El incremento de las reservas hídricas, según la Comisión Permanente de la Sequía, se debe a «las sucesivas borrascas atlánticas que han barrido la demarcación». Unos «efectos positivos» que todavía podrían mejorar algo más teniendo en cuenta «la existencia de nieve en las montañas como la previsión de nuevas precipitaciones», de acuerdo con la Confederación Hidrográfica del Duero.

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Los datos representan además un alivio para la industria cervecera en España, un sector que aporta 7.000 millones de euros en valor añadido a la economía y que genera más de 344.000 puestos de trabajo, según un informe publicado por la patronal en 2016. ¿La razón? La producción del lúpulo, un ingrediente esencial para la fabricación de esta bebida alcohólica, se concentra mayoritariamente en las zonas de regadío del embalse de Barrios de Luna.

Los 300 millones de metros cúbicos de agua del pantano riegan más de 50.000 hectáreas de cultivos como el lúpulo —también conocido como oro verde—, el maíz y la remolacha. El embalse regula el río Luna que, tras su confluencia con el Omaña, comienza a llamarse río Órbigo. El volumen de agua pasa al denominado canal principal del Órbigo, cuyas funciones incluyen el transporte hídrico para el riego, el abastecimiento de la capital leonesa y la generación de energía eléctrica. Dentro de los canales estatales de la cuenca del Duero, es el de Carrizo —con una longitud de 16,7 kilómetros— el que lleva las aguas de regadío a los cultivos de lúpulo.

El oro verde se concentra en la ribera del Órbigo

Es precisamente la ribera del Órbigo, junto con algunas zonas de los ríos Torío y Porma y fincas sueltas cerca de León y Astorga, la que alberga la producción mayoritaria del oro verde en España. Según datos publicados en 2010 por la Junta de Castilla y León, la provincia leonesa se encargaba de la producción del 99% del lúpulo en nuestro país, con 469 hectáreas de las 474 nacionales, a excepción de las 5 hectáreas en La Rioja y una plantación experimental situada en Galicia.

Unas cifras que se han incrementado considerablemente en la última década, asegura Isidoro Alonso, presidente de la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) Lúpulos de León. En 2018, León cultiva un total de 535 hectáreas, veinticinco más que el año pasado, muy por delante de otras regiones españolas como Galicia, Cataluña, Andalucía, La Rioja, País Vasco y Navarra.

Los agricultores de la región leonesa se afanan en sembrar la planta trepadora, conocida en latín como Humulus lupus, de la cual se utilizan las flores para extraer la lupulina. Este compuesto químico da el característico sabor y aroma amargo a las cervezas. La sustancia también se emplea para lograr la estabilidad de la espuma y conservar el frescor de la bebida debido a la presencia de los ácidos alfa y su poder antiséptico.

Fuente: Pixabay

El lúpulo, junto a la cebada malteada, el agua y las levaduras, es uno de los ingredientes clave en la fabricación de esta bebida alcohólica. Como apunta un informe de la patronal, las grandes empresas en España —Mahou San Miguel, Heineken, Damm, Estrella Galicia, Compañía Cervecera de Canarias y La Zaragozana— «emplean la práctica totalidad del lúpulo y la malta cervecera de nuestro país». Los datos del año anterior, según los análisis del sector, señalan que España es el sexto productor de lúpulo en Europa y el noveno a nivel mundial.

A pesar de su importancia, la industria cervecera todavía tiene que importar un porcentaje importante del lúpulo que emplea —principalmente de Estados Unidos, República Checa o Alemania—. En palabras de José Antonio Magadán, director general de Hopsteiner España, el sector compra variedades aromáticas y otros productos más elaborados que no se cultivan en España. La industria cervecera, eso sí, «se abastece por completo de las variedades amargas propias» que se siembran en nuestro país, matiza.

La producción nacional de lúpulo vivió una auténtica pesadilla durante 2017. «Fue un año de desastres, solo queríamos pasar página», reconoce Alonso a Hipertextual. La SAT Lúpulos de León había estimado recoger más de un millón de kilos en la temporada pasada, pero sus previsiones se fueron al traste por las condiciones meteorológicas que sufrieron. «Fue una catástrofe. En el mundo del lúpulo no se había visto algo así», admite el presidente de la entidad. Del millón de kilos finalmente se quedaron con una producción de 600.000, la mitad de lo esperado. Una helada ocurrida en abril con temperaturas por debajo de los -10ºC y los diferentes episodios de olas de calor pusieron primero en peligro las cosechas, pero lo peor estaba todavía por llegar.

El 90% del cultivo de lúpulo depende de un embalse

«La sequía hizo muchos estragos. Nos quitaría aproximadamente un 20% de la producción», lamenta Isidoro Alonso. El presidente subraya la dependencia de los agricultores leoneses de las aguas que vienen de Barrios de Luna, un embalse que riega el 90% de los cultivos de la provincia. Más adelante, cuando empezaban a recoger la cosecha del mes de agosto, una tormenta de granizo terminó por rematar las peores expectativas. «En Carrizo de la Ribera [el municipio que concentra la mayor superficie de lúpulo] más del 95% de los agricultores se quedaron prácticamente sin nada», recuerda. Unas condiciones que les impidieron cumplir los contratos que los lupuleros mantienen hasta 2024 con las comercializadoras de España (el 90% con la principal, Hopsteiner, y el 10% con otras empresas más pequeñas). Unos acuerdos que ofrecen estabilidad, «dan margen a los agricultores, la gente ve que hay futuro», destaca Alonso.

Fuente: Pixabay

En opinión de José Antonio Magadán, «la sequía no fue el mayor problema». «Tuvo su importancia, pero dado el ciclo de cultivo del lúpulo no produjo una gran reducción de la cosecha, al final se pudo garantizar la totalidad del riego», explica por teléfono a Hipertextual. El director general de Hopsteiner puntualiza que el mayor daño vino de la fuerte tormenta de granizo y viento de finales de agosto, «que afectó al 50% de la superficie cultivada en total». A su juicio, el problema de la dependencia de un único embalse empezó a preocupar seriamente durante el último semestre de 2017. «Según acabó el año, Barrios de Luna estaba al 4% de sus reservas. La situación que se planteaba era dramática, dado que el lúpulo es un cultivo de regadío«, comenta por teléfono. Durante aquellas semanas, reconoce, las previsiones «eran muy malas».

Hoy, por fortuna, el sector del lúpulo en España ve la situación con otros ojos. «El mercado está estrechamente vinculado con la cerveza porque es una materia prima esencial para su elaboración. Al tener mala cosecha el año pasado y dejar los almacenes vacíos, este tenemos una demanda increíble», asegura el presidente de la SAT. La recuperación de los pantanos como el de Barrios de Luna tampoco ha pasado desapercibida. «Habiendo más del 60% de agua embalsada tenemos asegurado el riego para esta cosecha y la producción durante todo el año, sino ocurre nada malo», explica Alonso al otro lado del teléfono. Hace tan solo doce meses, los lupuleros se enfrentaban a las primeras alertas de sequía, donde las autoridades avisaban de que iba a haber menos riegos.

Joel Olives(Flickr)

En la actualidad, las copiosas lluvias y la presencia de nieve en las proximidades de Barrios de Luna augura una buena temporada. «Las reservas han subido mucho, al alcanzar casi el 70%, parece que no va a haber problemas con el agua», apunta Magadán. En palabras de Alonso, «gracias a que hay agua la cosecha está garantizada, podemos ampliar hectáreas de cultivo y cumplir los contratos», prosigue. La producción en nuestro país podría superar el millón de kilos de flores de lúpulo, un negocio que mueve 5 millones de euros en una cosecha normal, cuyos frutos se destinan principalmente a la fabricación de cerveza y, en menor medida, al sector del cuidado personal.

Según comenta Alonso a Hipertextual, el sector trabaja para ampliar las variedades que se cultivan y colabora con instituciones como la Universidad de León para mejorar el control de plantas y el análisis de los terrenos. «Es algo que ya están haciendo los demás países. Nosotros queremos probar nuevas variedades en investigación para intentar que sean plantas más resistentes a la sequía y que requieran menos cantidad de agua«, asegura por teléfono. Unos estudios que podrían evitar que los cultivos se tiñeran en el futuro del característico amargor del lúpulo por culpa del cambio climático.

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