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El paso de la borrasca Ana ha dejado lluvias, nieve, mal estado de la mar y fuertes vientos, con rachas de más 100 kilómetros por hora, en numerosas provincias españolas. La formación de este ciclón, mediante un proceso de ciclogénesis explosiva, ha tenido lugar en el Atlántico, en las proximidades del noroeste de la Península Ibérica. Durante las últimas horas, el frente ha cruzado la zona del Cantábrico con dirección a Francia, poniendo punto y final al paso de este fenómeno meteorológico. Pero además de las cuantiosas precipitaciones, los intensos vientos y las olas de varios metros en el mar, probablemente a muchas personas les haya sorprendido que, por primera vez, esta borrasca profunda cuente con un nombre propio.

La decisión ha sido tomada de común acuerdo por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), MétéoFrance (Francia) e IMPA (Portugal), que han acordado poner nombre desde el pasado 1 de diciembre a las borrascas profundas «que puedan producir un gran impacto en bienes y personas». Estos fenómenos son un tipo de ciclones que suceden a latitudes medias (entre 30 y 60º de latitud), caracterizados por ser sistemas de bajas presiones donde el viento gira en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio norte. Las borrascas profundas, que no tienen por qué experimentar necesariamente un proceso de ciclogénesis explosiva, suelen acarrear frentes con vientos fuertes o muy fuertes, según explica la propia AEMET en un comunicado.

El motivo que ha llevado a la Agencia Estatal de Meteorología, junto con sus homólogas francesa y portuguesa, a utilizar denominaciones oficiales para las borrascas profundas que puedan ocasionar daños materiales y humanos se debe a un intento de mejorar la comunicación. Desde el año 2015, las agencias de Reino Unido e Irlanda han empleado nombres propios para hablar de las borrascas profundas, una experiencia que ha demostrado que la sociedad está más atenta a las recomendaciones de seguridad cuando las amenazas están claramente identificadas y se asocian al nombre del propio ciclón. La idea impulsada ahora también es distinta a la llevada a cabo durante el último medio siglo por la Universidad Libre de Berlín, que bautiza todos los anticiclones y borrascas desde 1954, sin diferenciar a las más peligrosas, como sí quieren hacen las agencias de meteorología de España, Francia y Portugal a partir de ahora.

Sin embargo, las entidades no nombrarán a todas las depresiones, sino que solo se pondrán nombres propios a las borrascas profundas «solo cuando se prevean condiciones que den lugar a la emisión de avisos de viento de nivel naranja o rojo asociados a dicha baja en alguno de los tres países». En el caso de España, las rachas de viento deberán superar los 90 kilómetros por hora. Por el momento, AEMET, MétéoFrance e IMPA únicamente utilizarán denominaciones oficiales para hablar de las borrascas atlánticas, mientras que se prevé en el futuro intentar una estrategia parecida con las borrascas mediterráneas.

Según el acuerdo, el servicio meteorológico que dé el primer aviso de nivel naranja o rojo le dará el nombre al ciclón siguiendo el orden preestablecido. Así, la primera borrasca profunda ha recibido la denominación de Ana, mientras que el resto serán llamados Bruno, Carmen, David, Emma, Felix, Gisele, Hugo, Irene, José, Katia, Leo, Marina, Nuno, Olivia, Pierre, Rosa, Samuel, Telma, Vasco y Wiam. Estos nombres propios se emplearán en todos los casos salvo que la borrasca sea post-tropical o extra-tropical y que ya haya recibido una denominación por parte del Centro Nacional de Huracanes de Miami. En estas ocasiones, la AEMET, MétéoFrance e IMPA señalan que se tendrá que usar el mismo nombre añadiendo el prefijo «ex-«.

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