Una reciente imagen de la Agencia Estatal de Meteorología ponía de manifiesto un hecho impactante: nos estamos quedando sin cubierta vegetal en comparación con el otoño de hace dos años. La imagen de satélite no miente: las manchas se extienden por toda la península mostrando menos plantas. ¿La razón? No son los incendios, ni la deforestación. Es la sequía.

¿Qué significan las imágenes de la AEMET?

Nada más ser publicadas, las imágenes de la Agencia no han tardado de ser criticadas por las redes sociales. Las acusaciones hacia los incendios, la tala, el cambio climático y un sin fin más de causas han volado en flames indignados contra la irresponsabilidad humana. Pero entendamos qué quieren decir estas imágenes. Tal y como comentaban desde la entidad, las fotografías muestran la cubierta vegetal a través del "Índice de vegetación de diferencia normalizada", o NDVI.

Este valora la intensidad de la radiación que se emite o se refleja en una zona. Mediante esta información, obtenida por satélite, se puede estimar la cantidad de vegetación existente en una zona amplia. Como sabréis, las plantas son especialistas en absorber y reflejar la luz para realizar la fotosíntesis. Por tanto, tal y como se observa, desde 2013 hasta ahora, la cubierta vegetal es mucho menor.

Al menos en el periodo en el que se ha medido, cosa que es importante tener en cuenta. ¿Quiere decir eso que hay menos bosques? Sí y no. El NDVI que estamos observando podemos atribuírselo, muy probablemente, a un descenso muy significativo de herbáceas. Es decir, hierbas y matojos. Aunque no nos demos cuenta, las plantas de porte arbustivo son importantísimas en un ecosistema.

Estas constituyen las primeras fases de la evolución ecológica, ofrecen cobertura, nutren los suelos y evitan la erosión; pero su ciclo de vida es mucho más efímero que el de un bosque. Así, lo que estamos viendo desde el satélite son sierras y pastos secos, con menos vegetación. Un terreno mucho más árido, en pleno proceso de desertización. ¿Y la culpa de esto quién la tiene? La sequía.

Un desierto para 2100

Vivimos un auténtico problema de desertización. De hecho, lo sabemos desde hace varias décadas. Y lo venimos observando desde algo menos sin poder hacer nada al respecto: España se está convirtiendo en un desierto. El proceso es técnicamente natural, creemos. La zona en la que se encuentra el sur de la península ibérica es un área subtropical dada a lluvias escasas y temperaturas altas, con aires secos.

Según un informe del IPCC, el Panel Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático para 2100, España será un desierto. Los estudios y los modelos avalan sus predicciones: en Murcia y Almería, por ejemplo, solo llueve entre un 5% y un 20% de lo que se evapora. El norte no se queda corto, pues la aridez se extiende poco a poco hacia Galicia. En total, 37,4 millones de hectáreas están amenazadas por una desertización inminente. Esto supone más del 70% de todo el territorio español.

Y esto, como vemos, es lo que se refleja en las imágenes de la AEMET: al haber menos lluvias, las plantas no pueden crecer, aumentando el desierto y disminuyendo la cobertura vegetal. Eso es en realidad lo que suponen las manchas, un desierto creciente. En el futuro, si tenemos años más benignos, estas manchas remitirán. Pero a la larga, con casi toda probabilidad, estas irán creciendo, convirtiendo España, poco a poco, en un terreno árido y polvoriento.

¿La culpa es del cambio climático?

En primer lugar, echarle la culpa al cambio climático es algo contraproducente y nada riguroso. El cambio climático es un proceso contrastado y que está ocurriendo, pero es muy difícil, por el momento, asociarle efectos y consecuencias a corto plazo. En segundo, la desertificación ocurre por muchos y muy diversos factores, volviéndose una cuestión muy compleja de considerar.

Por ejemplo, puede ser un proceso estacional, es decir, que va y viene. Está muy relacionado con el tipo de suelo y sus nutrientes, la disponibilidad del agua y otros recursos hídricos... pero también con los incendios y la pérdida forestal. Cuando muere la vegetación, esto provoca que el suelo quede desnudo, lo que ayuda a aumentar la erosión y la pérdida de más suelo fértil.

cambio climático
Crédito: Unsplash.

Sí que es cierto que el IPCC advierte que si seguimos emitiendo gases de manera descontrolada existe la posibilidad de seguir aumentando la temperatura global en los años venideros. Con dicho aumento, sin duda, la desertificación, así como otros fenómenos extremos, serán aún más acusados y frecuentes. En concreto, sobre la desertización española, el IPCC advertía que con el aumento en la necesidad de recursos hídricos y el descenso de lluvias, la península ibérica lo tiene muy difícil.

En cierto sentido, como decíamos, el proceso es de origen natural. La Tierra, como un ente complejo, evoluciona. No es la primera vez que España se convierte en un desierto, aunque la velocidad a la que lo está haciendo sí que es una novedad. ¿Y qué podemos hacer? Ser mucho más conscientes del valor del agua, respetar más nuestros bosques y trabajar para conservar las cada vez más escasas áreas de cubierta vegetal. Y sí, todos podemos poner nuestro granito de arena para detener, un poco, el desierto que quiere engullirnos.