Cuando Cabify llegó a México en 2012, Uber todavía no existía en el país. El gigante del servicio de transporte privado tardaría un año más en empezar las operaciones en la Ciudad de México pero, nada más llegar a la capital, la empresa antes dirigida por Travis Kalanick tuvo en el punto de mira a la startup española.

Como ya hizo con otras empresas, Uber trata de acabar con la competencia allá donde llega y Cabify era sin duda uno de los servicios que debía eliminar. Sin embargo, la startup logró evitar los ganchos de la gran empresa y, gracias a los servicios para empresas, sigue funcionando en ciudades de México como Monterrey, Guadalajara, Puebla, Querétaro, Toluca, León, Mérida, Aguascalientes y Tijuana, además de la capital mexicana.

En los corporativos es donde radica uno de los puntos fuertes de la startup española, la cual facilita a los corporativos la facturación de los viajes. Por el contrario, cuando Uber llegó a México no contaba con un sistema de facturación y eso dio ventaja a Cabify en su lucha por sobrevivir en la República.

Además, la lucha por los valores que integran la empresa es una de sus apuestas para hacerse un hueco allá donde van. Alejandro Sisniega, general manager de Cabify en México afirmó que en la capital operan cinco empresas de transporte privado, aunque solo la startup cumple con las regulaciones. "En primer lugar, aceptan vehículos anteriores a 2013 y no cumplen con el certificado federal de antecedentes penales por regulación", explicó Sisniega en entrevista con Hipertextual, y añadió:

Para nosotros, afiliar a un conductor nos cuesta diez veces más que a cualquier otra empresa. Hacemos exámenes toxicológicos, psicométricos, etc. Pero creemos en eso y por eso lo hacemos.

Otro de los puntos clave en las capacitaciones llevadas a cabo en Cabify es que los nuevos conductores y trabajadores comulguen con los valores de la empresa, los cuales se centran no solamente la importancia de la regulación, sino también los compromisos sociales de Cabify en México.

El Cabify más social

Desde que llegó a México, la startup española ha ido desarrollando ciertos planes sociales para integrar sus servicios a toda la comunidad. De ahí surgió, en primer lugar, Cabify Access, que buscaba facilitar la movilidad para personas con discapacidad motriz. En la Ciudad de México existen los taxis para discapacitados, aunque no son muchos los que están operativos. Por ello, Cabify brindó un servicio especial para ellos y, más allá, vieron también la necesidad de estas personas para autoemplearse.

A través de la colaboración con instituciones especializadas en inclusión laboral, las personas con alguna discapacidad pueden capacitarse en la startup y trabajar como conductores de Cabify con facilidades como no pagar la comisión exigida a los otros conductores.

Por otro lado, la empresa también vio un hueco para las mujeres víctimas de la violencia en México. En uno de los países con más feminicidios del mundo, Cabify optó por ofrecer un plan para que las mujeres que hayan sido maltratadas de cualquier forma se convierten en conductoras de la compañía. El general manager destacó para Hipertextual:

Imagina una mujer golpeada que nunca trabajó y que de repente toma la decisión de dejar a su marido, ¿y qué hace? Esto es al menos una herramienta que ellas pueden tener para al menos mantener un ingreos que les permita salir adelante, empezar a estudiar y hacer una vida.

La misma estrategia ha sido adoptada con los repatriados. Junto con el Instituto Nacional de Migración, el objetivo es dar una oportunidad laboral a las personas migrantes que lleguen desde Estados Unidos o cualquier otro país del mundo. Además de ofrecerles un automóvil para su capacitación durante tres meses, Cabify les otorga un crédito automotriz para que ellos puedan hacerse con su propio vehículo y puedan tener un ingreso estable después de los meses de práctica.

Este tipo de acciones por parte de la startup fueron las inversiones pensadas tras la inyección de 50 millones de dólares en México, la cual estuvo pensada para fomentar además nuevas categorías para los usuarios como Cabify Express, su servicio de mensajería con motocicletas.

El servicio se anunció en marzo de 2017 y a partir de ese momento iba a entrar en una fase de prueba para ver las oportunidades y desafíos en la capital mexicana. Meses después, la nueva categoría ha tenido buenos resultados aunque afronta retos operativos. "Teníamos estimado que la entrega debería llevar no más de 8 km y nos estamos dando cuenta que está por encima cerca de 16 km. Son distancias muy largas. El número de conductores que necesitamos es mucho mayor", subraya Sisniega.

La categoría opera por colonias, y el problema que ha visto Cabify es que a un mensajero le mandaban a una colonia muy alejada del lugar en el que supuestamente opera, por lo que han tenido que desarrollar la tecnología para que el conductor de la motocicleta pueda agarrar un nuevo viaje en el lugar de destino sin tener que volver a su barrio de origen.

Plataforma de movilidad

Cedida por Cabify

Luchar contra la contaminación en la Ciudad de México no es tarea fácil. A pesar de las iniciativas del Gobierno capitalino como el Hoy No Circula, el grado de gases contaminantes en la capital sigue siendo escandaloso. En este contexto, empresas como Cabify pueden intentar luchar contra este fenómeno, aunque el panorama tampoco es nada fácil.

En el caso de la startup española, el servicio de Cabify Electric sería una buena estrategia. El uso de coches eléctricos para desplazarse a través de la plataforma está operativo en Madrid, aunque no en la Ciudad de México.

Hay el interés por parte de los inversionistas, tenemos los vehículos y los usuarios que están dispuestos a pagar por un auto eléctrico, pero no existe en México la infraestructura necesaria.

Alejandro Sisniega conoce los retos del país en general y de la capital en particular para la instauración de los coches híbridos y eléctricos. Sin embargo, el objetivo perseguido por la startup va más allá de las ayudas para crear la infraestructura.

El ejemplo a seguir para el general manager en México es la aplicación finlandesa Whim, la cual integra todos los servicios de transporte disponibles en la ciudad en la que esté disponible. El objetivo de la integración es que se necesite una sola aplicación, un solo pago y un solo usuario que puede tener al alcance de un clic las mejores opciones para moverse. En México, según Sisniega, la plataforma actuaría de la siguiente forma:

Imagina que abres Cabify y pones que vas desde tu ubicación hasta tu oficina. Y te va a decir: camina 20 metros, súbete a la Ecobici, trasládate a la estación de metrobús de Sevilla, vete al metro, sales, vas a pillar moto eléctrica en Parques Polanco y ahí cuando llegues va a estar tu Cabify esperando para trasladarte 1 km hasta tu destino. La aplicación solita funciona como una cámara de compensación y todo funciona con un solo pago.

En la situación, un usuario de Cabify pide solamente un carro para hacer los mismos kilómetros. Esta estrategia de integración no solamente incentivaría la cooperación entre el servicio público y privado de transporte, también minimizaría el uso del automóvil y, con ello, la contaminación.

Sin embargo, llevar este plan a cabo es complicado, ya que sería necesaria la colaboración con el transporte público de la capital mexicana como el metro, uno de los servicios más concurridos y caóticos del mundo. Hasta la fecha, la opción que se perfila como un término medio sería que la aplicación funcionara como una multiplataforma y que los usuarios tengan que pagar por su cuenta el boleto de los transportes públicos como el metro. De todas maneras, la colaboración, comunicación e integración sería necesaria.

El misterioso impuesto

El Fondo para Taxi, la Movilidad y el Peatón surgió como un impuesto que debían pagar las empresas de transporte privado como Cabify y Uber por operar en la Ciudad de México. Por cada viaje, estas compañías debían dar el 1.5% del costo total por viaje para mejorar el servicio de taxis y la infraestructura vial y peatonal de la capital.

Este fondo, gestionado por la Secretaría de Movilidad (Semovi) fue un misterio desde que se anunció, ya que no se tenía constancia del destino final del dinero aportado por las empresas. A pesar de que Uber ya dio su parte de la aportación, Cabify se negó a entregar el dinero hasta que no se aclararan ciertas cláusulas del Fondo.

Finalmente, el pasado mes de marzo la startup aportó el dinero después de que se cambiaran ciertos puntos legales. De todas formas, la compañía sigue sin apoyar el modus operandi del impuesto. "No estamos de acuerdo pero es lo que hay: es un fideicomiso privado, no público, y lo que los fideicomisarios hagan con el dinero tiene carácter confidencial", sentenció Alejandro Sisniega.

Cabify todavía tiene que mejorar ciertos aspectos de sus operaciones en México aunque, poco a poco, la plataforma ha ido mejorando sus servicios, aportando nuevos y ampliado su cartera de clientes privados y corporativos. El volumen de trabajo que hay en ciudades como la capital mexicana es una ventaja para este tipo de empresas, las cuales encuentran un gran número de usuarios que utilizan aplicaciones de transporte privado. A diferencia de otros países de América Latina, en México se le da mucha importancia al tema tecnológico y se le intenta "sacar todo el provecho posible. Esa es una de nuestras principales fortalezas, que el usuario le saca jugo a la aplicación, no es solamente para trasladarse del punto A al punto B", subrayó el general manager de Cabify en México.

El reto, además de seguir creciendo y de conseguir la integración del transporte, tiene un solo nombre: Uber y su estrategia de competición desleal a base de bajadas de tarifas. "No les gusta la competencia y buscan destruirla". Por el momento, Cabify sigue aguantando.