La semana pasada, unos de los rumores que circulaban con más fuerza en las regiones emprendedoras y tecnológicas de Estados Unidos se hacía realidad: Travis Kalanick dejaba su puesto en Uber, donde había desempeñado el papel de CEO desde que cofundase la empresa en 2009. El matiz de todo esto es que, según su carta a los empleados y, por extensión, al mundo, hablaba de una ausencia temporal. Una especie de año sabático, no necesariamente de 365 días, para tomar el control de su vida y serenarse. El fallecimiento de su madre, una junta directiva muy en contra de su posición por el rumbo que estaba tomando la compañía desde hacía meses, la confirmación propia de que no tenía madera de líder viéndose en la necesidad de pedir ayuda y las acusaciones de acoso sexual que habían surgido en Uber suponían la guinda de un pastel que estaba a punto de estallar.

La cuestión es que, según ha podido saber The New York Times, la salida de Travis de su propia compañía no será tan temporal como el fundador tenía pensado. Su retiro indefinido es, para la junta de accionistas, un retiro definitivo. En otras palabras: con** la debilidad de Travis se ha aprovechado para echarle de su propia compañía de una forma en la que él mismo tome esa decisión**. Esta era la única manera de que Kalanik dejase el puesto ya que los estatutos de Uber tenían ese requisito entre sus líneas.

Según el medio estadounidense, cinco de los principales inversores se posicionaron en contra de su CEO desde el primer momento. Entre ellos se encontraba, de hecho, el mayor accionista de la tecnológica representado en la junta por Bill Gurley; seguido por First Round Capital, Lowercase Capital, Menlo Ventures o Fidelity Investments. A través de una carta titulada “Moving Forward Uber” instaba al ya ex CEO a salir de su empresa, pero no temporalmente, sino para siempre. Para unos fondos que han inyectado millones de dólares a Uber, el posicionamiento de Travis era demasiado tibio.

No contentos con ese detalle, los cinco accionistas también aprovecharon la carta para pedir que los tres puestos libres en la junta -liberados por los despidos y las dimisiones de los últimos días (Travis Kalanick, Emil Michael y David Bonderman- fuesen ocupados por personas completamente independientes a la compañía. Uber, que ha contado con gran personalidad en el mercado gracias a su popularidad, no ha sabido contagiar de este espíritu a su junta directiva y la toma de decisiones ha tenido más idas que venidas desde hace tiempo. Encontrar el rumbo es una necesidad para Uber si no quiere estancar su crecimiento y morir de éxito.

De momento, el puesto de CEO queda en el aire por unos meses. El global de la junta estará al cargo de la toma de decisiones importantes a la espera de decidir quién ocupará el puesto de líder en una de las tecnológicas más potentes de todos los tiempos.