La influencer Kim Kardashian siempre está en el ojo del huracán. Recientemente, se pronunció públicamente sobre los cambios que estaba introduciendo la red social Instagram para parecerse cada vez más a TikTok, siendo muy dura y tajante al respecto. Estas quejas, junto a las de otras influencers, podrían motivar a sus creadores a echar marcha atrás. La capacidad de influencia de la modelo estadounidense parece indudable. Por desgracia, es algo que podría tener negativas consecuencias para otras personas. Especialmente si analizamos la dieta de Kim Kardashian.

Cuando nos referimos al ámbito de la salud, Kim Kardashian ha patinado en algunas ocasiones. La más reciente aconteció en la alfombra roja de la Met Gala, espacio donde lució un vestido de la icónica Marilyn Monroe.

El problema fue que la influencer declaró en entrevistas haberse sometido a una estricta dieta para perder peso y poder entrar en las complicadas medidas de vestido hecho a medida para la histórica artista. Nada más y nada menos que siete kilos en 20 días. Un auténtico disparate nutricional.

El peligro de las dietas milagro

Como ya hemos contado en otras ocasiones, la obsesión por adelgazar mediante dietas milagro constituye un auténtico atentado contra nuestra propia salud. Adelgazar a toda costa, sin reparar en otras variables como la salud mental, solamente puede convertirse en catástrofe. Terribles consecuencias nos aguardan, sobre todo en lo relativo al conocido efecto rebote: acabaremos ganando más kilos de los que perdimos. La propia Kim Kardashian lo confirmó, al igual que Miami, en la gala: “Esta noche me voy a poner fina a donuts y pizzas”.

Esto se produce por una falta de adherencia en la dieta: es decir, de creación de hábitos saludables a largo plazo como el consumo de frutas, verduras, hortalizas, legumbres, lácteos, pescado o frutos secos. Si no construimos una base sólida de educación nutricional, de poco servirá que hagamos una maratón antigrasa para perder un número concreto de kilos. La nutrición no funciona así, y solamente acabaremos por castigar nuestro cuerpo.

Así lo prueba la dieta de Kim Kardashian, quien anunció la retirada total de alimentos ricos en hidratos de carbono y azúcares. Algo que, contra toda lógica nutricional, sigue estando muy instaurado en la mente de los consumidores: el miedo hacia los carbohidratos. Los hidratos de carbono son el principal combustible energético del cuerpo humano, pero no es obligatorio vivir a base de ellos. Tampoco tiene sentido eliminarlos por completo, salvo dolencias concretas. La presencia en nuestra dieta de alimentos ricos en hidratos de carbono debe adecuarse al nivel de actividad física: cereales integrales, frutas, verduras y tubérculos.

¿Dieta cetogénica para adelgazar?

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Calum Lewis (Unsplash)

Según las declaraciones sobre a dieta de Kim Kardashian, podemos concluir que siguió un modelo de dieta cetogénica basado en la privación de los hidratos de carbono y azúcares. Cuando esto sucede, nuestro organismo no tiene suficiente glucosa para utilizar como sustrato energético. Entonces, se produce la síntesis de cuerpos cetónicos mediante otras vías metabólicas, como la de las grasas.

En este contexto, la dieta cetogénica lleva años postulándose como una herramienta interesante para la reducción del apetito y la pérdida de peso. Aunque cuenta con resultados prometedores, no es para todo el mundo ni tiene resultados asegurados. Muchas personas son incompatibles con la dieta cetogénica, pudiendo provocar mareos, sofocos, debilidad y otros trastornos.

Aun así, este recurso nutricional no debe descartarse por completo. Lo que sí debemos desechar es la idea de llevar una dieta cetogénica por nuestra cuenta, sin el asesoramiento de un profesional cualificado. Si lo hacemos, tendremos garantizado el fracaso y algún que otro problema de salud extra. No sigas una dieta cetogénica por moda. Solamente utilízala si la prescribe un profesional sanitario que pueda llevar un seguimiento adecuado, adaptado a tu estilo de vida individual.

La prostitución de la nutrición o la dieta de Kim Kardashian

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José Ignacio Pompe (Unsplash)

En definitiva, utilizar el acto de alimentarse como un mero escaparate físico, como una herramienta para moldear nuestro cuerpo sin atisbo saludable de por medio debería considerarse cuanto menos prostitución. Prostitución en el sentido de adulterar una meta que todos deberíamos perseguir por encima del físico: mantenernos saludables.

Estar saludable no es tener un cuerpo de escándalo ni entrar en un vestido apretado. Mantener una salud adecuada consiste en alimentarse de forma satisfactoria tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente, ingiriendo los nutrientes necesarios, pero sin reparar en una obsesión por el cuerpo que puede traducirse en problemas de relación con la comida.

Este tipo de actitudes tóxicas promovidas por celebrities y personas influyentes solamente sirve para perpetuar la idea de que el peso y la estética son los verdaderos metas que debemos perseguir, y no preocuparnos por nuestra salud, como realmente debería ser. Por otro lado, querer perder unos kilos para entrar en un vestido es una meta absolutamente superficial y banal que no lleva a ningún lado. Es loable querer perder peso si nos sentimos mal con nuestro cuerpo, o si tenemos problemas de salud asociados a un exceso de peso. Sin que esta métrica sirva de referencia absoluta, buscar una pérdida de peso está bien. Pero no a costa de nuestra salud y de la promoción de pautas dietéticas peligrosas. Kim, echa el freno.

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