La activación de el retumbar en Ataque a los titanes abrió distintas brechas en relación con Eren Jaeger. El protagonista de este relato sacude algunos paradigmas. En la actualidad, dentro del anime de gran alcance, es la figura más controvertida. Su accionar puede verse como el de un héroe mientras que, si se toma algo de distancia, puede parecer un enemigo de la humanidad. ¿Hay un punto medio entre esos extremos o debe ocupar uno de ellos?

Durante buena parte de las cuatro temporadas de Shingeki no Kyojin, la historia contó cómo los habitantes de la Isla Paradis, eldianos marginados, eran abusados por los distintos titanes que se acercaban a sus murallas de 50 metros de altura. Un pueblo encerrado, preso, y visto desde el exterior como demonios. No había vida más allá de los muros, un guiño simbólico que el anime de Hajime Isayama tira hacia el nazismo y otros movimientos históricos que han fomentado la división dentro de las naciones. En este contexto creció Eren Jaeger.

Luego de ver cómo un titán se comió a su mamá, la infancia del protagonista se esfumó. Comenzó su carrera para ser parte de La Legión, el cuerpo élite encargado de matar titanes. Durante ese proceso, Eren Jaeger se preparó con la normalidad de quien va a la escuela a presentar pruebas sobre matemáticas, con la variante bélica en el proceso. Ocurrió, entonces, el siguiente hecho clave en su historia: descubrir que dos de sus compañeros fueron los titanes que propiciaron la muerte de su mamá. Amigos con las manos llenas de sangre. 

Una construcción heróica que se diferencia en algunos casos del paradigma.

El camino del héroe 

Dentro de los shonens clásicos adaptados en formato anime, el paradigma es Dragon Ball. Gokú es un sujeto proveniente de una raza especial de guerreros que, durante el inicio de su historia, va atravesando aventuras hasta la primera muerte de Krillin. Su viaje consiste en hacerse cada vez más fuerte para poder afrontar las amenazas, al menos durante las adaptaciones canónicas. En todo momento, su rol dentro de los conflictos está claro: es el bueno de la historia. 

En el caso del Eren hay distintas lecturas. Hasta los acontecimientos de la cuarta temporada, Eren y sus compañeros de La Legión parecían ser buenos. El chico que vio morir a su mamá se preparó para enfrentar a aquello tipificado como el mal. ¿Qué ocurre? Un legado histórico marcado por marginalización y la polarización desde las élites hasta los distintos componentes de la sociedad hace más complejo establecer etiquetas positivas y negativas. Por ejemplo: hasta hace no mucho, Zeke, el Titán Bestia y hermano de Eren, era el enemigo. Ahora parece la mirada más calma en relación con el conflicto que atraviesan los eldianos.

Conscientes del peso de esa tradición de odio que fomentó la división de los eldianos, Eren y Zeke comprenden la dimensión de la tarea: cerrar un conflicto que se originó hace 2000 años. Ambos pueden ser considerados como héroes del relato. Sin embargo, sus formas los diferencian.

Este tipo de pulsos no se manifestaron en historias como la mencionada Dragon Ball u otras como Full Metal Alchemist, Samurai X, o el fenómeno más reciente del anime, Demon Slayer. Este factor no desmerita ninguna de esas historias, con complejidades propias, una base de seguidores extensas y capaces de atraer a distintos públicos. Su referencia sirve para conocer uno de los principales valores de Ataque a los titanes: nada es blanco o negro. Hay una serie de matices en los que brilla la historia.

La construcción del personaje
en Ataque a los titanes

Cuando Eren Jaeger conoce el mar y advierte que más allá de él están sus enemigos, ya no es el niño que vio morir a su mamá. Es consciente de sus habilidades, de su potencial y vio los “recuerdos del futuro”. Sabe qué debe hacer para cambiar el destino de su pueblo. La misión es de proporciones tan ambiciosas y sangrientas que no la comparte con nadie. Por el contrario, todo a su alrededor parece ser movido con base en sus fines. 

En clave narrativa, su nacimiento dentro de las murallas de la Isla Paradis, la muerte de su mamá, el descubrimiento de Reiner y Bertholdt como el Titán Acorazado y el Titán Colosal, el enfrentamiento con el Titán Bestia, más muerte y destrucción, junto con los amigos que se quedaron en el camino hasta este presente, confluye en ese momento y la certeza de que él es el elegido para cambiar por libertad todos los años de opresión, terror y marginalización. 

Desde entonces y hasta el presente, en Eren el fin está por sobre los medios. Hará lo que sea necesario para cumplir con su meta. ¿Eso incluye aniquilar al resto de la humanidad? Hasta el capítulo 81 de la adaptación del manga, “Deshielo”, sí. El pueblo de la Isla Paradis está por sobre el resto de los mortales y él, con un poder diferenciador y un conocimiento potente, es la llave del futuro que se prometió hace años. De nuevo, la referencia hacia nazismo surge de forma natural. La simbología, con Titanes Colosales avanzando cual ejército, junto con una paleta roja y negra, propicia aún más la referencia. 

Entonces, la duda que atraviesa a Shingeki no Kyojin se hace inevitable: ¿cómo puede reconocerse a Eren, como un héroe o un villano?

Eren y su complejidad como personaje

Desde una perspectiva narrativa, el desarrollo del personaje de Eren es el correcto. Empezó en un punto y hay una serie de acontecimientos que lo llevan hacia otro lugar en Ataque a los titanes. En el medio, una transformación física y mental. Como si todo esto no bastara, el anime plantea una dualidad al espectador: ¿su fin justifica acabar con el resto de la humanidad? ¿Esa meta no lo ubica en el lado opuesto de la heroicidad, al favorecer sus intereses por la lógica en relación con los otros?

La respuesta a esto podría ser, con base en su historia, que sí, que sus antecedentes validan este comportamiento porque no se construyó como alguien destinado a salvar a la humanidad sino a ofrecer libertad a los habitantes de la Isla Paradis. Por eso verlo avanzar rodeado de Titanes Colosales sin que haya murallas es una imagen poderosa. Los recuerdos del futuro son estos, momentos en los que él venga a su mamá, a sus amigos, a su pueblo. Por eso ella, antes de morir, le gritó "¡vive!". 

Sin embargo, Shingeki no Kyojin no impone esto en el relato sino que, por el contrario, suma dudas. Armin, Mikasa y otros miembros de La Legión comienzan a cuestionar a Eren Jaeger, compañero y amigo. El enfoque narrativo se aparta de Eren para contarse desde la perspectiva de ellos; en particular, desde la de Armin. Es él quien reconoce, en un principio, la victoria sobre el Ejército de Marley. Celebra. Pero luego nota que la misión de Eren va más allá: quiere acabar con todo cuanto se cruce en su camino, incluyendo a personas que, como su mamá, son víctimas de un conflicto que no comprenden del todo. 

Visto desde ese lugar, reconocimiento a Eren como una víctima con poder, esa búsqueda implacable de su objetivo le vale la etiqueta de enemigo hasta el momento, a falta de un puñado de capítulos. ¿Es válida la reivindicación de Eren si en el medio se cobra la vida del resto de la humanidad? Si ocurre, ¿eso no lo transforma en un genocida? También. Como suele ocurrir cuando se trata de Shingeki no Kyojin, dependerá de cada espectador el reconocimiento que se haga sobre él. En este tipo de disyuntivas, de situaciones incómodas para quien ve, radica una de las fortalezas de esta historia de Ataque a los titanes: poner sobre la mesa a la condición humana hasta llevarla a un punto extremo.