La sensación generalizada entre quienes siguieron la segunda temporada de Demon Slayer (Kimetsu no Yaiba) es de haber visto algo especial; incluso, con algún capítulo que podría quedarse en el top personal de cada quien. Un recuerdo que, como pasa con Dragon Ball, Naruto, Deat Note, Samurái X y algún anime más, sirve de inducción hacia el género y a la vez detona distintas conversaciones.

A Kimetsu no Yaiba aún le falta el paso del tiempo para saber cómo envejece en la memoria colectiva. Mientras tanto, ya cuenta con una primera temporada sólida, una película que movió a centenares de personas hacia el cine antes que Spider-Man: No Way Home y una segunda temporada que le permite consolidarse como shonen y un relato capaz de atraer a distintas audiencias.

La segunda temporada de Demon Slayer abarcó el arco del Distrito Rojo del manga. Los personajes se adentraron en el barrio del placer buscando a un demonio que sometía a la zona y, en el camino, rescatar a las esposas del pilar que acompañó a los protagonistas durante este tramo, Tengen Uzui. Junto con él, Tanjiro Kamado, su hermana Nezuko, Inosuke Hashibira y Zenitsu Agatsuma, viajaron a investigar qué ocurrió en el lugar y a rescatar a las compañeras de Uzui. En el camino, el pilar reconoció que la misión en la que se embarcaron es más peligrosa de lo que pensó. 

Cada uno de ellos se ve forzado a llegar hasta el límite durante su enfrentamiento contra Daki y Gyutaro. Ese demonio estaba compuesto por dos hermanos que el anime presentó en un principio con solo un cuerpo, hasta que se desdobla en seres independientes. Héroes y villanos chocando entre sí, mientras Kimetsu no Yaiba, un shonen clásico, se permite hacer críticas sociales en distintos momentos; en especial, uno en el que se cuestiona la noción de belleza y el peso que las apariencias tienen en la actualidad. El anime resuena más allá del universo que compone, un acierto. Mientras lo hace, debido a la adaptación de Ufotable, genera una experiencia visual poderosa y entretenida.

Kimetsu no Yaiba:
la consolidación de una narrativa

La primera emisión de Kimetsu no Yaiba se produjo el 6 de abril de 2019. Tres años después, la historia sigue siendo un fenómeno que atrae a seguidores del manga y a aquellos espectadores que no siguen ese tipo de relatos. Como ocurre con Ataque a los titanes, Demon Slayer ofrece una historia y una presentación que resulta atractiva, satisfactoria y que, en ocasiones, escapa a su universo narrativa para hacer guiños con temas actuales.

Demon Slayer no tiene la potencia simbólica de Shingeki no Kyojin. Fiel a las características de los shonen, es un relato más juvenil, menos maduro en algunos tramos. Aun así, se permite ser explícito en los combates (hay mucha sangre) y críticas contemporáneas a las nociones de estética y cómo las élites reconocen a las clases inferiores dentro de la escala, por ejemplo. Mientras deja ese tipo de simbolismos con aquello que está fuera de su narrativa, va consolidando la propio.

A través de la primera temporada y la película Demon Slayer: El tren infinito, este anime ha moldeado de forma lógica y sostenida el rol de cada uno de sus protagonistas. Tanjiro, Nezuko, Inosuke y Zenitsu han seguido arando el camino del héroe, creciendo dentro del relato, tanto desde un punto personal como en su labor de cazadores de demonios. El final de la segunda temporada permite entender esto: no es el pilar quien mata al demonio; son los tres aprendices quienes lo logran, luego de meses de entrenamiento y, sí, claro, algunas conveniencias de guion. Porque las tiene.

Kimetsu no Yaiba no es un anime perfecto. Hay detalles que pueden irritar, generar controversia. Las habilidades de Nezuko o algunos power ups. La cuestión con esas conveniencias es que siguen formando parte del universo compuesto durante los capítulos previos. Aunque sean salidas fáciles, están justificadas con anterioridad. No se rompe el pacto de verosimilitud con el espectador. En cambio, varias de ellas se usan para describir a los protagonistas y ayudarlos en su propio viaje de crecimiento y presentación ante quien ve. 

Los pilares como medio
para contar la historia principal

Durante Demon Slayer: El tren infinito se produjo un cambio clave en relación con la primera temporada del anime. Kyojuro Rengoku, el pilar de la llama, apadrinó a los protagonistas durante ese tramo. Una vez que los cuatro personajes principales fueron presentados, el relato saltó hacia el siguiente nivel: narrar las aventuras de Tanjiro, Nezuko, Inosuke y Zenitsu a través de su relación con los pilares, la clase élite de los cazadores de demonios. 

De esa forma, Kimetsu no Yaiba no sobrecarga su relato en los protagonistas. Se apoya en actores secundarios con un peso clave, tanto en fase de acción como de desarrollo personal, para sorprender al espectador. En ese trayecto, también ofrece información sobre los demonios, la tradición implícita en el oficio de los cazadores y la mística oculta en cada danza de combate. Como las personalidades de los pilares son opuestos (hasta el punto de generar la idea de que no se la llevan bien entre sí), cada uno de ellos ofrece una historia diferente y que sirve de contrapeso a la de los caracteres principales. Se enriquece la historia y la espectacularidad, ya que estos personajes de élite cuentan con habilidades superiores a la de los otros. 

La adaptación gráfica de Demon Slayer

No hay mejor puesta en escena dentro del anime en la actualidad. Si la primera temporada y Demon Slayer: El tren infinito resultaron producciones gratas en este sentido, la segunda parte de esta historia deja atrás cualquier duda y sospecha: el trabajo de Ufotable, el estudio de animación encargado, es uno de los grandes valores del anime en particular y de las producciones animadas en general

Su combinación de recursos en 2D, el uso del 3D, el manejo del color, la composición fotográfica, el montaje y la musicalización son incuestionables. A través de la combinación de estos factores, junto con una historia sencilla aunque llena de matices interesantes, Demon Slayer ha dejado capítulos memorables; alguno de ellos, incluso, puede que sean los preferidos de varios espectadores, como el episodio diez, en el que los protagonistas se enfrentan y matan a la luna superior. Hay películas de acción, con mayores recursos e inversión, que no ofrecen la experiencia visual, emotiva y estética de esta serie.

Kimetsu no Yaiba se encuentra en un punto medio, en relación con el manga, y la tercera temporada ya está confirmada. Es probable que, como ocurrió con Demon Slayer: El tren infinito y la segunda temporada, Ufotable se toma alrededor de un año para adaptarla y presentar nuevos episodios. Mientras Ataque a los titanes se acerca s u fin, sigue creciendo el relato que ocupará su lugar dentro de la audiencia cuando ya no esté.