No parece muy discutible que Spider-Man: No Way Home (Jon Watts, 2021) es la película más esperada del año para una mayoría de los espectadores. La ininterrumpida conversación en las redes sociales sobre ella, con mil y una especulaciones en torno a su trama superheroica, y el récord de entradas compradas durante la preventa, no permiten muchas dudas. El taquillazo parece seguro, debemos suponer; más allá de que se trate de otra entrega del Universo Cinematográfico de Marvel, que de por sí suele abarrotar las salas con cada una.

Pero este filme es diferente. Por las mismas razones que Avengers: Infinity War y Avengers: Endgame (Joe y Anthony Russo, 2018, 2019) ante la envergadura de lo que propone. Solo que con una mayor ambición, ya que sus límites narrativos no se circunscriben a la saga a la que pertenece; se expanden como nunca se había hecho en el pasado. Afirmar aquí que Spider-Man: No Way Home colma nuestras expectativas podría considerarse un spoiler que después llevara a una desilusión según cada cual; así que nos limitaremos a decir que su historia y su espectáculo nos satisfacen lo máximo posible.

Otra dinámica aventura sobre el trepamuros

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Las cortapisas radican en lo de costumbre: la esencia palomitera del Universo Cinematográfico de Marvel y el perfil no muy talentoso del director Jon Watts. Antes de unirse a la franquicia había realizado Clown (2014) y Coche policial (2015), dos obras desechables por problemas de desarrollo. Con Spider-Man: Homecoming (2017) y Spider-Man: Lejos de casa (2019) ha podido redimirse, claro. La preocupación del productor ejecutivo Kevin Feige para ofrecer al público un divertimento digno y cohesionado una película tras otra pesa bastante.

Como vuelve a pesar en Spider-Man: No Way Home, cuyo título no podrán comprender del todo los seguidores de estas aventuras superheroicas hasta el final, en el que cobra por completo el sentido que debemos darle. El cineasta se mueve bien a estas alturas en el terreno de la acción casi circense propia del hombre araña, y la adecuada composición audiovisual del largometraje se encuentra al servicio del relato para que nos resulte ágil y vistoso, con algún plano secuencia que nos arrojan sin previo aviso pero muy de agradecer.

‘Spider-Man: No Hay Home’: la más graciosa, intensa, emotiva e interesante de la trilogía

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Tanto Kevin Feige como Jon Watts han confiado de nuevo en los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers (Ant-Man y la Avispa), quienes aprovechan las enormes posibilidades del argumento de Spider-Man: No Way Home para escribir los mejores chistes de la actual trilogía, capaces de arrancarnos más de una y de dos carcajadas mientras transcurre la pesadilla sobrevenida a Peter Parker, para el que se reservan los momentos más difíciles y emotivos de su trayectoria en el Universo Cinematográfico de Marvel hasta la fecha. Lo que no es poco.

Por ello, Tom Holland (El diablo a todas horas) tiene la oportunidad de lucirse con la interpretación más intensa que nos ha brindado en la piel y los múltiples trajes del trepamuros; y le secundan una fantástica Zendaya (El gran showman) retomando a MJ, un correcto Jacob Batalon (Banana Split) como Ned Leeds, un impecable Benedict Cumberbatch (Sherlock) en su papel de Doctor Strange, una Marisa Tomei (En la habitación) que es para quererla o un aceptable Jon Favreau (Friends) como la tía Mae y Happy Hogan. Y, bueno, otra gente estupenda.

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Al margen de comentar que el compositor Michael Giacchino (Lost) cumple con el piloto automático, no podemos ponerle el último punto a este texto felizmente elogioso sin señalar que una de las mayores virtudes de Spider-Man: No Way Home la hallamos en que elude de un modo lúcido, quizá engañosamente fácil, los peligros de la previsible aglomeración de personajes y que no son simples comparsas ni excusas narrativas, sino que se les proporciona una evolución personalizada en su propio contexto, una integración verosímil y emocionante y escenas en las que brillar como individuos. Otro motivo por el que destaca como el mejor de estos tres filmes sobre Spidey.

Lo que supone ‘Spider-Man: No Way Home’ para la saga de Marvel… con ‘spoilers’

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Tal vez es la serie Loki (Michael Waldron, desde 2021) la que desata el Multiverso en la saga de Marvel, que será de la locura durante la segunda película protagonizada por el Doctor Strange (Sam Raimi, 2022) y quizá la escena poscréditos de WandaVision (Jac Schaeffer, 2021) apunte ya hacia él. Por no hablar del gran troleo que es Spider-Man: Lejos de casa (Jon Watts, 2019) y su Mysterio (Jake Gyllenhaal) como falso viajero multiversal sobre este asunto, algo que ahora debería hacernos sonreír por los planes que ya tenía Kevin Feige.

De hecho, que sea el mencionado villano el que, al revelarle a la opinión pública quién se esconde tras la máscara del superhéroe arácnido con la colaboración del pérfido J. Jonah Jameson (J. K. Simmons), resulta irónico porque, sin ello, Peter Parker no habría decidido recurrir a Stephen Strange para que el mundo lo olvidase mediante uno de sus hechizos en Spider-Man: No Way Home y, en consecuencia, este no habría provocado que verdaderos personajes del Multiverso aterrizaran en el suyo. Porque los guionistas de Marvel son así de socarrones.

Dicho aterrizaje constituye la primera experiencia del Multiverso en la realidad de casi todas las hazañas que hemos presenciado en la mayoría de las entregas de la franquicia marvelita. Porque Loki se sitúa más allá de sus límites por mucho que su dios de las travesuras sea una ligera variante del que conocemos. Como los capítulos de ¿Qué pasaría si…? (A. C. Bradley, desde 2021). Además, el largometraje de Jon Watts, no solo se sirve de su complicada tesitura para el humor, sino que la utiliza para brindarnos varios momentazos dramáticos.

Los momentazos y la fusión de nuestra memoria emocional como espectadores

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Para la memoria queda el hilarante cameo de Matt Murdock (Charlie Cox); o la confrontación con el Doctor Strange; o la moribunda tía Mae diciéndole a su sobrino que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, lo que solía corresponderle al tío Ben y que nos produce auténticos escalofríos. También, la asombrosa irrupción de los Spider-Man de Tobey Maguire (El gran Gatsby) y Andrew Garfield (La red social); o el segundo salvando a MJ cuando no había conseguido que sobreviviese su Gwen Stacy (Emma Stone) en unos instantes similares y sus sentimientos justo después; o el Peter Parker original evitando en Spider-Man: No Way Home que el de Tom Holland cometa su mismo error por venganza.

Por otro lado, el acercamiento curioso a la amenaza terrible que encarnan Norman Osborn o el Duende Verde (Willem Dafoe), Otto Octavius o el Doctor Octopus (Alfred Molina), Max Dillon o Electro (Jamie Foxx), Flint Marko o el Hombre de Arena (Thomas Haden Church) y Curt Connors o Lagarto (Rhys Ifans), es por completo distinto al que articulan los guionistas David Koepp, Alvin Sargent, Sam y Ivan Raimi en las tres Spider-Man del penúltimo (2002-2007) y James Vanderbilt, Steve Kloves, Sargent de nuevo, Alex Kurtzman, Roberto Orci y Jeff Pinkner para las dos The Amazing Spider-Man de Marc Webb (2012, 2014).

No hay que olvidar, asimismo, ese cierre infeliz para el trepamuros pero tan honesto. Y todas las particularidades anteriores no pueden significar otra cosa que unir en una sola obra fílmica el bagaje emocional de los espectadores durante casi dos décadas, y hasta once películas contando las tres de los Vengadores en el Universo de Marvel, con el hombre araña. Una fusión narrativa, la de Spider-Man: No Way Home, que ni en Avengers: Infinity War y Endgame tiene semejante alcance, y que no debemos calificar sino como lo que es: un genuino acontecimiento cinematográfico.