Dando una vuelta por el céntrico barrio madrileño de Lavapiés no es difícil que caiga en tus manos un panfleto: «Si tienes pensado vacunarte de la COVID19 esta información te interesa». Está en los limpiaparabrisas de los coches, en los bancos de madera y tirados en la calle. Es un manifiesto en que empiezan diciendo que no pretenden «convencerte de nada», solamente que «tengas más elementos de juicio, más allá del silencio informativo y a la censura que estamos asistiendo en estos tiempos, a la hora de tomar la decisión de vacunarte del COVID-19″. Estamos en un momento en el que ya no nos sorprenden este tipo de posicionamientos porque, desde que el Gobierno español proclamó el estado de alarma por la pandemia del coronavirus a partir del 15 de marzo de 2020, el negacionismo ha protagonizado más de un titular. Y, con ellos, los antivacunas. 

A finales de marzo del año pasado, cuando ya empezábamos a sospechar que la pandemia iría para largo, los antivacunas parecían guardar silencio. A pesar de que existían grupos que empezaban a hacer alarde teorías conspirativas relacionadas con el 5G y Bill Gates, las vacunas estaban en un segundo plano. Hasta que se convirtieron en una realidad para acabar con el coronavirus.

Desde que las vacunas de laboratorios como Pfizer y AstraZeneca fueron aprobadas y empezaron las campañas de vacunación, el principal objetivo ha sido hacer ruido. Con manifestaciones en las calles de algunas ciudades españolas -en las que no fueron multados a pesar de no llevar mascarilla- y en redes sociales. Han creado hasta sus propios espacios de reunión, cómo los canales de Telegram. 

El altavoz de los antivacunas

En el panfleto que se reparte en algunas calles de Madrid, además de poner el foco en que la vacuna del coronavirus es experimental y en sus efectos secundarios, da el contacto de los grupos detrás de estas informaciones. Son colectivos como Humanos y conscientes, La Quinta Columna, o Ciudadanxs por la verdad. En Hipertextual hemos entrado en estos canales, en los que se difunden noticias de medios poco conocidos que hacen referencia a términos como «La vacuna, eutanasia global controlada» o contra los pasaportes de vacunación que se plantean como condición para viajar. 

Hace casi un año, el doctor en Bioquímica y autor del libro Medicina sin engaños JM Mulet publicaba un tuit viral en el que hacía referencia directamente a los antivacunas. «Estimados antivacunas. Ahora ya sabéis lo que pasa cuando aparece una enfermedad y no estamos vacunados, así que ya podéis dejar de incordiar e id a cascarla por ahí», rezaba el tuit. En ese momento no había tantos canales y grupos de antivacunas en redes sociales. Tampoco salían a las calles para manifestarse a grito de «plandemia». ¿Eso significa que el movimiento antivacunas tiene más adeptos ahora en España?

Según Mulet, son los mismos de siempre. «El problema es que ahora tienen un altavoz que antes no tenían», explicó. Un altavoz que se ha hecho más grande por las declaraciones de personajes mediáticos como Miguel Bosé y Victoria Abril. Sin embargo, Mulet aclaró que lo que dicen es lo mismo que hace 10 años. «Pero hace 10 años la gente no hablaba de vacunas en un bar». 

Nace el ‘cuñado vacunal’

Ahora, el coronavirus y su vacuna son temas recurrentes en reuniones familiares, entre amigos o en el trabajo. Parece ser que no puede haber comida o cena sin hablar de contagios, de vacunas y de restricciones. Con tanta conversación, no es difícil que haya disparidad de opiniones. Y hasta uno se puede dar cuenta que los antivacunas están más cerca de lo que pensaba.

«Los antivacunas dicen lo mismo que hace 10 años pero antes no se hablaba de vacunas en un bar»

Es el caso de Isabel. En una reunión con algunos de sus familiares durante las vacaciones navideñas, uno de sus tíos se proclamó antivacunas y cargó contra las soluciones farmacéuticas para acabar con el coronavirus. «Me quedé de piedra. Intenté explicarlo pero no entraba en razón y me di cuenta de que no valía la pena», cuenta Isabel. 

No es la única que se ha encontrado en esta situación. Tanto es así que hasta se ha impuesto un concepto: el cuñadismo vacunal. Todos habremos sido víctimas en algún momento de un cuñado, esa persona que está convencida de que tiene la verdad absoluta y que tu información está mucho menos contrastada que la tuya. La política siempre ha sido el tema candente en las reuniones de familia o amigos. Ahora, lo es el coronavirus. Concretamente, la «verdad» sobre el coronavirus. 

Sin embargo, algunas de estas personas que se enzarzan en discusiones sobre la vacuna del coronavirus no forman parte activa del movimiento antivacunas. «Se han unido al grupo de conspiranoicos en general, al grupo de negacionistas, los antimascarillas, los anticiencia, etc», aclaró José Antonio López Guerrero, epidemiólogo y profesor Titular de Microbiología en el Departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid.

Al juntarse todos parece que son más numerosos, continuó, pero eso no significa que haya aumentado el número de antivacunas. Y muchísimo menos que una persona convencida de la vacuna deje de estarlo a causa de la pandemia.

López Guerrero reconoció que el año pasado aumentó el número de reacios a la vacunación, «cuando parecía todo muy precipitado, pero a medida que va aumentando el número de vacunados en todo el mundo la cifra ha disminuido». En este sentido, un fenómeno ha ayudado a convencer a muchos españoles.

«El hecho de ver que se pelean los políticos, los curas y los obispos por ponerse la vacuna saltándose todas las restricciones ha ayudado. Es negativo para la imagen de España pero positivo para aquellos tengan dudas de que la vacuna es segura. ¿Quién va a dudar de algo que hasta los políticos se pelean por ponerse?»

José Antonio López Guerrero

Las dudas no te convierten en antivacunas

Foto por Markus Spiske en Unsplash

A pesar de todo, el epidemiólogo subrayó que es normal que haya reticencias, sobre todo porque estamos viendo el resultado de un hito histórico minuto a minuto. «Si hubiéramos seguido de esta manera cualquier fase clínica de cualquier medicamento que esté ahora en el mercado hubiéramos tenido la misma polémica», dijo a Hipertextual.

En la misma línea se posicionó el científico José Miguel Mulet. «Cuánta gente hace 20 años decía que no tenía microondas porque pensaba que era cancerígeno. Esto es una cuestión de psicología del ser humano«, indicó.

«Aquí lo que se ha dado es una tormenta perfecta. Por una parte, una situación de crisis mundial y una tecnología que ha ido muy rápido. Eso aumenta las reticencias». Dudas que, en su mayoría, tienen respuesta.

Manuel Franco, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS), insistió que es importante distinguir entre los antivacunas y aquellas personas que dudan de la eficacia de la vacuna. «Una de las cosas a las que nos hemos enfrentado es gente de nivel educativo alto que dice que no vacunar a sus hijos. Esta gente no es tonta, ni es negacionista si son ignorantes de la ciencia», dijo a Hipertextual. Para ellos, solamente hay una estrategia: ciencia, evidencia e información.

«Tienen preguntas lícitas que la ciencia y los informadores tenemos el deber de contar con todo lujo de detalles. No se puede banalizar a la gente que tiene dudas y tenemos que tener la sensación de a que los posibles negacionistas se les cura con ciencia y evidencia».

Manuel Franco

Una fórmula que no sirve para los antivacunas o negacionistas convencidos. Manuel Franco destacó que a un terraplanista es muy difícil explicarle que la tierra es redonda y que el acercamiento en estos casos tiene que ser diferente. «A esta gente no hay que darle ninguna bola ni megáfono. Hay que desmontarles el chiringuito y eso se hace denunciado el daño que hacen para la gente que cae en sus manos y cree que la ciencia no vale para nada».

Victoria Abril: embajadora de los antivacunas

A pesar de que tenemos argumentos de sobra para explicar el procedimiento hasta que se han aprobado las vacunas del coronavirus, muchos siguen empeñados en que somos «cobayas» de los laboratorios que investigan con nosotros la eficacia del fármaco. Tal y como lo dijo la actriz Victoria Abril en la rueda de prensa de los premios Feroz. Unas declaraciones que hicieron arder las redes… y los canales de Telegram que apoyaron a la actriz. Un respaldo que se materializó hasta en una concentración (poco multitudinaria) en el centro de Madrid en apoyo a Abril, que fue duramente criticada por su negacionismo.

Las personas que defendieron a la actriz pueden ser antivacunas convencidos o también miembros del «pack ideológico» en el que se recoge también a muchos «antitodo», en su mayoría de ideologías extremas. O también puede que algunos se están dejando llevar sin ser completamente conscientes de las implicaciones de sus actos, un fenómeno muy común en situaciones de emergencia como la actual.

Mónica Pereira, psicóloga experta en urgencias y emergencias, explicó a Hipertextual que cuando las expectativas de solución no se cumplen, el tiempo sigue transcurriendo y muchas personas no saben qué hacer con las emociones desagradables en cuanto a esta situación.

«Encontrar un grupo de personas que aportan una ‘alternativa’ a mi malestar que le dan una explicación y una forma de canalizarlo hace que sea fácil caer en esos grupos y creencias que en circunstancias normales, rechazaríamos», subrayó.

Para poner un ejemplo y salvando muchísimo las distancias, la psicólogo recordó que un fenómeno parecido ocurre en las situaciones de guerra. «¿Por qué alguien que ha tenido una vida normal y ha sido un ciudadano ejemplar se uniría a las SS alemana?». En psicología, a esto se la llama la resolución de la disonancia cognitiva.

Son buenos tiempos para los conspiranoicos

Foto por Mika Baumeister en Unsplash

Los conspiranoicos, los antivacunas y los extremistas están llevando a las calles de varias ciudades españolas su forma de pensar y su ideología. A pesar de que vaya en contra de la salud pública. Sin embargo, en lo que al movimiento antivacunas se refiere, el Gobierno no lo ha considerado por ahora motivo de alerta. Su estrategia es combatirlo con toda la información disponible sobre la eficacia de la vacuna y la vía de escape de la pandemia. 

Las grandes plataformas ayudan. Desde que empezó la pandemia, las redes sociales están poniendo medidas contra la desinformación y las noticias falsas relacionadas con el coronavirus, unas medidas que han endurecido en el momento en el que las vacunas empezaron a aprobarse y a ser motivo de escrutinio por parte de algunos colectivos. 

Sin embargo, estos han encontrado su vía de escape en plataformas como Telegram, en la que no hay control sobre los canales privados, que pueden llegar a tener miles de suscriptores. En este sentido, la app de mensajería ha sido también hogar para otros grupos a favor de la conspiración como QAnon, a favor de Donald Trump y que tiene en su haber una larga lista de teorías casi surrealistas. 

…Pero hay esperanza

Como apuntaba Mulet, las conspiraciones siempre han existido y los antivacunas también. Solo necesitan que lleguen tiempos convulsos como los que estamos viviendo para que parezca que se han reproducido. Es cierto que las reticencias a las vacunas no son pocas, también que muchas personas en España tienen dudas sobre el origen del coronavirus. Sobre todo están los que piensan que están coartando nuestras libertades por el uso de las mascarillas y las restricciones de movilidad. Pero, a pesar de todo, hay esperanza. 

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada en enero de 2021, arrojó que el 72.5% de la población española estaría dispuesta a vacunarse inmediatamente. Este porcentaje supone un 32% más desde noviembre, donde la misma encuesta puso de relieve que solo el 32.5% de los españoles querían recibir la vacuna del coronavirus en cuanto fuera aprobada. En febrero, del 72.5% de aprobación se pasó a un 83%.

Al respecto, el Ministerio de Sanidad confirmó a Hipertextual que son muy pocas las personas que forman parte del movimiento antivacunas. «Existe una gran concienciación en la población española sobre el uso de las vacunas y desde el Ministerio de Sanidad se hacen continuas campañas y se lanzan mensajes informativos sobre los beneficios de las mismas».

El primer aniversario

Hace un año, los españoles estábamos pegados al televisor escuchando al presidente Pedro Sánchez. A las 00:00 de ese 14 se marzo empezaba en España el estado de alarma, que pensábamos que duraría solo dos semanas pero que acabó acompañándonos en nuestra rutina pandémica hasta que el verano estaba a la vuelta de la esquina.

«Estos grupos negacionistas que están siendo observados por el resto de la población como como frikis iluminados»

A medida que iban pasando las semanas nos íbamos convenciendo de que el coronavirus no era tan fácil de combatir y que «la cosa va para largo». Mientras tanto, otros se convencían cada vez más de que todo era una conspiración y una treta por parte de farmacéuticas, gobiernos o magnates. Los mismos que hemos observado estupefactos en las pantallas de nuestros televisores mientras se manifestaban. Un fenómeno que José Antonio López Guerrero describe como un síntoma de la incultura científica y general. Pero que, por suerte, es algo residual.

«A un año del estado de alarma, estos grupos negacionistas que son minoritarios están siendo observados por el resto de la población como como frikis iluminados que son minoritarios», afirmó.

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