– May 28, 2020, 9:00 (CET)

Compresas de contrabando, sangre y dolor: tabúes y anécdotas de la menstruación

Alrededor de una treintena de personas menstruadoras nos hablan de su experiencia con la menstruación, mientras que una sexóloga nos ayuda a derribar mitos al respecto.

Cuando Lucía (nombre ficticio) tuvo su primera menstruación, fue casi una fiesta en su familia. A pesar de la vergüenza que eso le generaba a ella, su madre lo proclamó orgullosa a los cuatro vientos, mientras que todos los recién enterados insistían en una misma idea: no olvides cerrar las piernas.

Macarena (nombre ficticio) tampoco olvidará esa primera vez; aunque, en su caso, más que con vergüenza lo recuerda con dolor. ”Cuando me vino por primera vez, a los 12 años, fue prácticamente una hemorragia y al día siguiente tenía que ir al instituto”, cuenta a Hipertextual. “Las dos primeras horas estuve sentada, con mareos y nauseas, hasta que tuve que levantarme para el recreo. Primero vi que la silla estaba ensangrentada. Tuve que esperar a que se fueran todos, excepto una profesora a la que pedí ayuda. Me levanté y no paraba de sangrar”.

Vergüenza, dolor y sangre. Son tres de las primeras palabras que vienen a la mente cuando pensamos en la menstruación. ¿Pero por qué? ¿Acaso hay otro proceso natural de nuestro organismo que tengamos tan demonizado? Hoy aprovechamos el Día Mundial de la Higiene Menstrual para hablar sobre todos esos tabúes que a lo largo de los años hemos ido concibiendo en torno a la regla. Por suerte, poco a poco se han ido derribando algunos de ellos. Pero, por desgracia, otros siguen aún muy presentes en nuestro día a día. No hay más que leer los testimonios de las personas que han participado en este artículo.

Mitos y leyendas de la menstruación

“Mi abuelo hacía vino y no nos dejaba entrar a las chicas a la bodega si teníamos la regla, porque tenía la creencia de que el vino se picaba. Ya sabes, la mujer es el origen de todo mal”.

De esta historia que cuenta María del Mar hace ya más de treinta años. No es la única que nos ha narrado algunas creencias de sus familiares mayores. Por ejemplo, Rocío (nombre ficticio) recuerda que cuando era pequeña su madre no le dejaba que se lavara el pelo durante la menstruación. Han pasado cincuenta años desde entonces. Ella sabe que aquello no tenía sentido, como también lo sabe Sandra (nombre ficticio), a quien se lo decía su abuela en un pasado mucho más reciente.

Por su parte, Noelia, psicóloga de profesión, fue consciente de cómo siguen arraigadas estas creencias después de tener una conversación con su madre y su abuela. “En una de las clases que tuve del ciclo de promoción en igualdad de género, hablamos sobre la menstruación”, narra la joven.” Cuando llegué a casa, me puse a comentar con mi madre y mi abuela todos los tópicos que había: que si se cortaba la mayonesa, que si no podías tocar la leche, etc. Mi madre es más abierta; pero mi abuela, como señora cristiana, apostólica y romana, lo pasó un poco mal y estaba bastante incómoda hablando de ello”. Como bien añade ella misma, la sexualidad en la vejez sigue siendo un tabú y su vivencia y educación totalmente invisibles.

“Sí que es verdad que, por lo menos aquí en Europa, parece que muchos de estos tabús han ido despareciendo”, explica la psicóloga, sexóloga y educadora sexual Laura Marcilla. “Pero que ya no existan esos estereotipos y tabús más ilógicos o menos racionales, no significa ni mucho menos que la menstruación esté totalmente aceptada. Sigue habiendo mucha desinformación y gente que no sabe qué es normal y qué no o cuándo se debe consultar a un médico”. Como ejemplo, añade que la mayoría de las personas siguen sin llamarlo “menstruación”, sino “regla” o “pelirroja”, porque sentimos que es algo sucio, de lo que no se debe hablar tal cual.

Vivencias de instituto

“En el instituto nos pasábamos las compresas como si fueran droga, porque era algo que daba vergüenza”, recuerda Paula R. “Luego, sin manchabas la silla, te esperabas a que todo el mundo se fuera para levantarte y limpiarla”.

Martina (nombre ficticio) recuerda una historia similar, aunque en su caso pasó tanta vergüenza que le pidió a una amiga que limpiara la silla y ella salió corriendo a casa. Con su jersey atado a la cintura, por supuesto.

Tampoco faltaban los compañeros que se mofaban. “Nos pasábamos los tampax en clase unas compis a otras, a escondidas, porque si lo veía un chico se ponía a hacer escándalo en plan ‘¡Uuuuuhhhh!’", rememora Annie. Eva también recuerda a un compañero gritando asqueado, al caérsele a ella una compresa de su riñonera por accidente.

Incluso las propias niñas discriminaban a otras si tenían su primera menstruación antes de “lo normal”. Es el caso de Nica, quien tuvo que empezar a esconder las compresas con un imperdible en las mallas que llevaba debajo de la falda del uniforme para que sus compañeras, que se reían de ella porque sospechaban que la tenía, no lo supieran.

¿Por qué tanta vergüenza?

Casandra (nombre ficticio) estaba vaciando su copa menstrual cuando esta se volcó sobre la alfombra del baño de su casera, “blanca inmaculada”. “Me metí con la alfombra en la ducha y la escondí hasta que la lavé cuatro o cinco veces y ya no se veía”.

Susana (nombre ficticio) y Paula R. también han tenido problemas con la copa. La primera porque su compañera de trabajo dejó de hablarle por vaciarla en el baño que todos usaban. La segunda porque ha tenido que hacer “malabarismos” al hervirla para que sus compañeros de piso no la vieran y se enfadaran.

¿Existirían todos estos problemas si esa sangre derramada en el lavabo o en la alfombra del baño hubiese salido de un dedo o de la nariz?

“El sangrado se percibe como algo sucio o antihigiénico”, reconoce Marcilla. “Sí, por supuesto, cuando estamos menstruando la higiene es importante, pero manchar no es más antihigiénico que sudar, por ejemplo”.

Recuerda además que es un indicador de salud, ya que la menstruación suele desaparecer cuando hay una enfermedad. “Deberíamos darle la vuelta y verlo como algo positivo, una señal de nuestro cuerpo que indica que todo va bien, salvo que estemos buscando un embarazo, por supuesto”.

Por otro lado, reconoce que parte de ese tabú se debe a quiénes son las personas que normalmente menstrúan. “Si nos cortamos el dedo, a todos nos sangra, pero no todas las personas menstruamos”, simplifica. “En la mayoría de los casos casi todas las personas que menstrúan son mujeres. Como vivimos en una sociedad que tiene muchos restos de machismo que quitarse de encima de aprendizajes anteriores de la cultura de la que venimos, se sigue percibiendo como algo de mujer, aunque no tiene que ser así. Sería muy diferente si la mayoría de hombres menstruaran”.

Preguntas fruto del desconocimiento

Úrsula (nombre ficticio) iba un día al baño del instituto a cambiarse de compresa, cuando un compañero le preguntó si es que no podía “aguantarse la regla, igual que el pis”. Por disparatado que parezca, no es una historia puntual. Emma (nombre ficticio) tuvo una prácticamente idéntica.

No se queda atrás el caso de Adria. “Un día en bachillerato, supongo que había mucha tensión en el ambiente o yo qué sé, un compañero nos dijo que estábamos alteradas porque ya nos iba a bajar la regla, ya que era 28 de marzo y a las mujeres siempre nos viene en día 28”.

Sandra también recuerda a sus compañeros preguntando de qué color era “la regla” y mostrar cara de mucho asco cuando ella les habló de coágulos.

La regla no es solo cosa de mujeres

Max y Pablo (nombre ficticio) son dos chicos trans, para los que el hecho de tener la regla fue una situación muy dura que han tenido que afrontar sin apenas referentes en los que mirarse.

“A mí me bajó a los 9 años por primera vez, y yo no sabía lo que era, solo me decían que ya era una mujer y claro, yo que desde pequeño he tenido disforia, lloraba un montón cada vez que me lo decían, porque no quería ser una mujer” rememora Max. “Aprendí, con los años, a olvidarme de la regla hasta que me bajaba. Intentaba no pensar en ella y la mayoría de veces me salía bien, pero cuando me bajaba siempre estaba muy irritable porque me recordaba la frase que siempre me decían, ‘ya eres una mujer’. A mí desde siempre me han gustado las chicas, y no era algo que llevase en secreto, porque vivo en un pueblo muy pequeño y es algo imposible de ocultar. La mayoría de chicos siempre se burlaban de mí y hacían comentarios bastante asquerosos”.

Max empezó a hormonarse a los 19 años y ya solo mancha de vez en cuando, por algún desajuste, aunque en general ha pasado la época de tener la menstruación cada mes. “Desde que tengo más cispassing y me he ido informando más, cuando me baja la regla no me siento mal. Me aseguro de ponerme una compresa grande y de estar pendiente de ella por si hay alguna anomalía, pero me he reconciliado un poco con la menstruación y sobre todo he aprendido a no relacionarla con algo que te hace mujer”.

Pablo, en cambio, aún no ha llegado a esa fase. “Siempre he tenido la sensación de que, cuando tengo la regla, no soy normal, como que son unas semanas donde mi cuerpo no funciona bien y tengo que esconderlo a toda costa”, relata. “Para ‘tratar’ lo menos posible con mi regla, uso solo compresas y a veces más tiempo del que debería. Al estar todo este tema enfocado a mujeres cis, hay una parte de mí que no se quiere relacionar nada con eso, como si no fuera conmigo, ya que siento que me anula como chico al completo, pues la información de la regla en chicos trans se consigue hablando con otros, en vez de que salga en los medios para vernos visibilizados”.

Menstruación y educación sexual, una pareja inseparable

Buena parte de las situaciones mencionadas hasta ahora son el resultado de un mal trato del tema de la menstruación en las aulas.

“El de la menstruación es un tema que a mí no me piden habitualmente en los talleres”, aclara Laura Marcilla. “Quizás sea porque los solicitan en secundaria y la mayoría de personas que van a tenerla ya la tienen”. Tanto ella como el resto de educadores sexuales apenas disponen de una o unas pocas horas en todo un curso, por lo que es imposible abarcar todos los temas. “Segmentamos, porque tenemos que centrarnos en un tema, pero al final todo está relacionado”.

En las últimas décadas fueron frecuentes las charlas sobre menstruación en las que se explicaba a las niñas cómo colocar la compresa y el tampón y poco más. Sin embargo, los educadores sexuales saben hoy en día que esto no es suficiente. Para empezar, es importante que asistan a ellas tanto niñas como niños.

Por último, según relata Marcilla, es también muy necesario que se incida en una idea muy importante: “Ni todas las mujeres tienen la menstruación, ni todas las personas que menstrúan son mujeres”.

Sin duda, si a Max y Pablo les hubiesen explicado esto, su vida hubiese sido mucho más sencilla.

Sangre y dolor

“Una vez sangré tanto por la calle que mi hijo de 17 años pensó que me habían apuñalado”. Esta historia la cuenta María del Mar, pero no es la única con este tipo de problemas.

“En la estación de autobuses de Salamanca, con el edificio en obras y los baños cerrados, me vino tan fuerte que chorreaba sangre como si me hubieran abierto en canal”, cuenta Carmen.

Celia (nombre ficticio) se encontraba visitando los castillos del Loira con su familia cuando una menstruación muy intensa la obligó a pasarse la mañana en el baño, vomitando y con sudores fríos. “Cada vez que me intentaba levantar me mareaba, las piernas no me respondían y me volvía a caer”.

En 1986, Sámar tenía 15 años cuando el intenso dolor que sentía la llevó a tomar tanto analgésico que acabó en urgencias por sobredosis. “Al final tuve que contarlo con toda la vergüenza”.

Marta (nombre ficticio) está acostumbrada a los sangrados abundantes. Tanto, que suele usar tampón y compresa a la vez y aun así a veces no es suficiente. “El año pasado me pasó llevando un body blanco y todo el mundo se quedó mirando”.

María, por su parte, era una de esas niñas que pasaban vergüenza al manchar la silla en el instituto. En su caso era tal el sangrado que finalmente se descubrió que tenía una anemia muy intensa. “Hasta que me diagnosticaron me dijeron que sangrar tanto era normal, que había muchas mujeres así”.

También Pablo y Max han tenido problemas con sus menstruaciones, cosa que en su día aumentaba aún más su sensación de apatía e inseguridad.

No, el dolor durante la menstruación no es normal

La frase que tantas veces repitieron a María y los demás la han escuchado numerosas veces las personas menstruadoras. “El dolor es normal, no te quejes tanto”.

Pero no, no es cierto, el dolor, como el sangrado desmesurado, no es normal. “La función que tiene el dolor en nuestro cuerpo es informarnos de que algo está fallando", recuerda la sexóloga consultada por este medio. “Aunque no debería doler, como hay muchas mujeres a las que les duele, se ha normalizado como algo intrínseco de la regla, que no se puede evitar. Muchas mujeres lo normalizan y no llegan a consultar por qué les pasa”.

Es importante cambiar esta concepción y perder la vergüenza a consultar el origen del dolor. “Hay que investigar de dónde viene: problemas hormonales, fisiológicos, enfermedades como la endometriosis…” Esta última la sufren hasta un 20% de las personas que menstrúan. “Curiosamente, se tarda en diagnosticar 7 años de media, porque no se va al médico o no se investiga en condiciones”. En este punto, Marcilla incide de nuevo en cómo influyen las diferencias de género en este tipo de asuntos. “Si hubiera algo que provocara dolor de testículos a dos de cada diez personas todos los meses, me parece muy triste pensar esto, pero creo que quizás se habría dedicado mucho más a estudiarlo. Espero que vaya cambiando a mejor, pero uno de los primeros pasos es entender que no es normal que duela menstruar y no tenemos por qué conformarnos con ello”.

Elige bien a tu profesional sanitario

Según explica Laura Marcilla, también es importante buscar a médicos que se involucren y se esfuercen en buscar la causa del dolor. “No todos no lo hacen, hay médicos maravillosos. Por eso, si el tuyo no lo hace, deberías buscar otro”.
Muchas de las personas antes mencionadas conocen el origen de sus padecimientos. María del Mar, por ejemplo, sabe que su hipermenorrea la provoca un mioma. Otras toman anticonceptivos para controlar el sangrado, pero nunca han llegado a recibir ningún diagnóstico.

Es el caso de Celia, quien después del episodio en el Loira fue a comprar los anticonceptivos que le habían recetado y tuvo que discutir con la farmacéutica que se negaba a dárselas. ¿La excusa? “Que todas las chicas la pedían para tener relaciones sexuales”.

A día de hoy sigue tomándolas, pero sin ningún diagnóstico. Tampoco Macarena ni Marta han logrado que les digan el motivo de sus hemorragias y sus dolores, a pesar de haber acudido al médico por ellos.

Sí que lo consiguió Teba, a la que hace un año diagnosticaron endometriosis y adenomiosis. Eso sí, fueron necesarios 30 años para que recibiera el diagnóstico. “Le decía al doctor que me dolía horrores y hasta se enfadaba y me llamaba exagerada”.

Ana, en cambio, no tiene ningún problema con su menstruación. Sin embargo, su médico, vaya por el motivo que vaya, siempre le pregunta la fecha de su última regla. “Me lo ha llegado a preguntar por un tapón en el oído. Además, si en vez de ese médico hay una doctora, no me hace esa pregunta”.

Y llegamos al tema del sexo durante la menstruación

“Una vez, estaba teniendo relaciones con un tío al que ya había avisado que la tenía y de repente paró en seco porque ‘tenía miedo de reventarme’”, recuerda Paula.

“A mí algunos chicos me han dicho que con la regla no te quedas embarazada, pero yo sé que es porque no quieren hacerlo con condón”, admite Emma. “También sé de algunos a los que les da asco hacerlo”.

Esto último es preocupantemente habitual. “A veces siento vergüenza por si al chico le da asco”, reconoce Eva. “Es muy desagradable la sensación de terminar de hacerlo y tener todas las sábanas rojas”, añade Teresa.

La mayoría de personas menstruadoras pasan por esta situación en algún momento, sin ni siquiera ser conscientes de que lo conciben como lógico y normal, cuando en realidad no lo es. Buen ejemplo es el de Gabriela (nombre ficticio). “Cuando estaba con mi ex novio, no manteníamos relaciones sexuales cuando tenía la regla. Se marea mucho con la sangre, literalmente se cae redondo, y eso era un problema. En ese momento lo normalicé. Ahora estoy empezando a salir con otro chico y me comentó que él siempre ha mantenido relaciones con sus antiguas parejas aunque tuvieran la regla, que es lo más normal del mundo. Y en ese momento me di cuenta de que nunca antes había mantenido relaciones mientras tenía la menstruación, y me pregunté: ¿Por qué he normalizado el no tenerlas hasta ahora?”.

Si te apetece, hazlo

“Es curioso cómo algunos fluidos que se producen durante el sexo se consideren algo positivo y otros no”, plantea Laura Marcilla. “El semen, por ejemplo, se considera un símbolo de fertilidad”. Además, la sangre relacionada con el sexo no se concibe siempre como algo negativo.

“Dejando a un lado que la virginidad no existe y que no es necesario sangrar la primera vez, es curioso que esa sangre sí se considere como algo bueno en algunas culturas, pues es un signo de pureza”, ejemplifica. “No he oído a nadie decir que la sangre que se libera al perder la supuesta virginidad sea negativa”.

Por otro lado, y siguiendo con los fluidos más o menos aceptados, la lubricación vaginal también contiene sangre y nadie la concibe como algo negativo.

"Cuando nos excitamos, se acumula una mayor cantidad de sangre en nuestra zona genital. En las personas con pene genera erección, pero en las que tienen vagina esa sangre se filtra en las paredes vaginales, de modo que se retienen los glóbulos rojos y se libera el plasma, que no tiene color".

Por lo tanto, y en definitiva, si la persona que tiene la regla no quisiera tener relaciones por dolor, molestias o, simplemente, porque no le apetece, no pasaría absolutamente nada. Si es porque la pareja pueda sentir asco, es un tema que se debería trabajar. Además, como bien señala Marcilla, es un problema fácilmente solucionable, pues existen las esponjas vaginales, que absorben la sangre, para que se libere la mínima posible durante las relaciones.

Normalicemos la menstruación

En definitiva, para evitar todos estos tabúes antes de que lleguen a formarse el primer paso es normalizarla. Y para ello deberíamos empezar ya en la infancia. “Actos tan sencillos como que la mamá no se esconda cuando va a cambiarse la compresa pueden hacer que un niño lo normalice”.

Es importante que desde pequeños los niños sepan en qué consiste, que es un proceso natural y que no tiene por qué dar asco. Y, sobre todo, es importante que las personas que menstrúan dejen de martirizarse por ello.

Debemos entender que aceptar la regla no pasa por ensalzar las consignas de los anuncios de compresas. No va solo de vestir con colores vivos, bailar o sentirse femenina. Porque no, la menstruación no es solo cosas de mujeres.

Aceptarla consiste en vivir sin conformarse, entender que no tiene por qué doler y que no hay nada de lo que avergonzarse. Esa, sin duda, es la mejor consigna que podemos tomar en el Día Mundial de la Higiene Femenina. Y siempre.