A día de hoy, todos los espectadores del mundo que han seguido las aventuras de los atracadores españoles de La casa de papel (Álex Pina, desde 2017) en Netflix saben que se visten con un llamativo mono rojo y ocultan sus rasgos con una careta de Salvador Dalí (1904-1989). Este pintor firmó obras tan célebres como La persistencia de la memoria (1931), un óleo sobre lienzo al que se lo conoce también como Los relojes blandos o Los relojes derretidos, y Walt Disney le encargó en 1945 un cortometraje que terminaría siendo realizado en 2003 según el guion y los diseños del artista catalán.

El surrealismo de Dalí en 'La casa de papel'

Pero ¿por qué los responsables de La casa de papel han escogido su rostro como emblema de los protagonistas? Ya había sido inmortalizado como personaje en una descacharrante escena de Medianoche en París (Woody Allen, 2011) con Adrien Brody interpretándole, pero el gran éxito de la serie española lo ha convertido en un auténtico icono como lo es la máscara de V de Vendetta (James McTeigue, 2005). No cualquier icono, eso sí; no similar a los de los asesinos de La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Halloween (John Carpenter, 1978), Viernes 13, parte 2 (Steve Miner, 1981) o Scream (Wes Craven, 1996).

Es precisamente su parentesco narrativo e ideológico con el V de Hugo Weaving (Matrix) lo que acota su naturaleza y, así, la razón por la que eligieron el semblante de Dalí. Como bien explicaba Álvaro Morte (El embarcadero), que da vida al Profesor, esa careta icónica “significa el espíritu que encarna a la resistencia. Creo que mucha gente se ha enganchado a La casa de papel por ese sentimiento que provoca que el pez pequeño puede contra el pez grande. Todos nos hemos sentido así en alguna ocasión y, para mí, más allá de las muchísimas cosas que significa, lo que más representa esta máscara es ese espíritu de resistencia que creo que todos deberíamos tener ante cualquier injusticia”.

Pedro Alonso (Gran Hotel), que interpreta a Berlín, ahondó en ello siguiendo la misma línea argumental: “Es un símbolo de un espíritu que tiene que ver con el artista que, de pronto, ha trascendido ciertos límites y ha servido como soporte para hacer visible una forma de resistencia con corazón y humor”. Para Itziar Ituño (Loreak), con el papel de la inspectora Raquel Murillo, “significa la locura maravillosa que tenía Dalí”. Pero no una locura cualquiera sino que, según Alba Flores (El tiempo entre costuras), actriz tras Nairobi, “es una locura surrealista”, la que hay en La casa de papel. Porque, claro, el pintor de Figueras se alzó como la figura más importante del surrealismo artístico del siglo XX.

Sarah Bea Milner lo expone muy bien en Screen Rant: “Como todo arte surrealista, el trabajo de Dalí fue inherentemente rebelde: el movimiento surrealista buscó romper la norma. Al igual que los ladrones (y sus monos rojos) en La casa de papel, Dalí se ha convertido en un símbolo de la revolución”. Pero, en enero de 2019, cuando la Fundación Gala-Salvador Dalí exigía que se retirase la careta del susodicho porque no habían autorizado el uso de su imagen, pudimos saber que había sido diseñada específicamente para la serie televisiva como caricatura, y que también habían barajado utilizar a Don Quijote, lo que habría incidido en lo quijotesco de los planes que urden el Profesor y compañía.

La rebeldía del color rojo

En cuanto a los monos rojos, Milner desvaría al ver “un guiño metaficcional” a la audiencia española de La casa de papel y lo identitario de la bandera, las corridas de toros —ay— y especias como “el azafrán y el pimentón característicos de España”. Pero dice con lucidez que “el rojo es un color audaz, a menudo asociado con la resistencia. Es el color de la sangre, por lo que es probable que tenga connotaciones simbólicas de violencia y pasión. Las banderas rojas se asocian comúnmente con movimientos revolucionarios en la vida real y en la ficción” y, “desde el comienzo del programa, el espíritu de los ladrones siempre ha contenido un elemento de revolución”. Ahí sí que le ha dado al centro mismo de la diana.