Si fijar fronteras divisorias para el arte es poco más que ponerle puertas al campo, lo mismo ocurre con las colaboraciones entre artistas de ámbitos diferentes. Por esta razón, no nos debe extrañar que el cineasta estadounidense Walt Disney (Loco por los aviones) le encargara el concepto para un cortometraje al célebre pintor español Salvador Dalí. Probablemente, el primero pensase que la gran reputación del catalán y su estilo surrealista podría venirle de perlas a un largo animado de episodios parecido a Fantasía (1940). De modo que, a lo largo de ocho meses entre 1945 y 1946, Dalí y el creativo del estudio John Hench compusieron el guion gráfico.

La idea era que debía incluir un ballet que se moviese al son de la canción homónima Destino, obra del mexicano Armando Domínguez, y se llegaron a realizar diecisiete segundos del corto. Pero los enormes problemas financieros de la compañía de Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial echaron el proyecto por tierra. Hasta que Roy E. Disney, sobrino de Walt, decidió retomarlo en 1999 cuando preparaba Fantasía 2000. Veinticinco animadores analizaron el complicado guion de Dalí y Hench, que aún vivía para orientarles un poco, y el filme se llevó a cabo en 2003 con el francés Dominique Monféry al frente, con animación tradicional y en 3D.

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Su historia es la del amor frustrado entre el dios Cronos y Dahlia, una mujer mortal. Con una duración de seis minutos y pico y lo que sí pudo grabarse en 1945 con la mexicana Dora Luz cantando en inglés el tema de Domínguez, iba a formar parte de Fantasía 2006, tercera de la saga, pero su desarrollo se canceló en 2004. Conque Destino tuvo que presentarse en solitario, como cortometraje independiente. Y fue una solución acertada para él: obtuvo nominaciones a los Annie y a los Oscar y premios en los festivales de Chicago, Merlbourne, Palm Springs y Rhode Island, y uno especial de la Asociación de Críticos de los Ángeles.