Si algo le debe el público a **Álex Pina** es haber dejado el pabellón a bastante altura con *La casa de papel* (desde 2017), la serie televisiva que se convirtió en la de habla no inglesa con más espectadores en su difusión al mundo entero a través de Netflix, y muy en especial, por haber demostrado que también existen cineastas españoles con el talento suficiente como para trasladar la perspectiva cinematográfica a la caja antes tonta, que es precisamente lo que había ocasionado la Edad de Oro de de las ficciones en Estados Unidos con este mismo formato, a partir de *The X-Files* (Chris Carter, desde 1993). Y su último proyecto, junto con la guionista principal de aquella, **Esther Martínez Lobato**, lo ha puesto en pie para Movistar Plus, **un misterioso drama con el título de El embarcadero** (desde 2019).

Pina y Martínez Lobato, en verdad, colaboran desde la comedia policíaca *Los hombres de Paco* (2005-2010), y han seguido así ininterrumpidamente con la intriga postapocalíptica de *El barco* (2011-2013), la cancelada miniserie tragicómica *Bienvenidos al Lolita* (2014) y la penitenciaria *Vis a vis* (2015-2019), de la que son cocreadores con Daniel Écija e Iván Escobar, responsables también de las dos primeras de forma respectiva. Y lo cierto es que no han perdido su toque para contarnos historias con mucha más inventiva audiovisual que la mayoría de los profesionales de la industria española: en *El embarcadero* **hay una diversidad de encuadres reflexionados, habilidosos e interesantes montajes paralelos y una agilidad narrativa fetén, con numerosos saltos y flashbacks que optimizan el ritmo**.

Tanto como la potente banda sonora de Iván Martínez Lacámara y Manel Santisteban, habituales de Álex Pina, y las canciones variadas que jalonan el relato y la distintas voces en off que lo explican en su esencia, si bien no tan elocuentes como se presuponen. Estos mimbres **hacen posible que un drama sobre amores confusos y difíciles que podría ser bastante pedorro** en manos, por ejemplo, de los realizadores de *Las chicas del cable* (Ramón Campos, Teresa Fernández-Valdés y Gema Neira, desde 2017) **se sobreponga a sí mismo y se disfrute con su estructura agradecida y el cierre de algunos episodios**. Pensemos en la del tercero, que ocasiona preguntas respondidas en tramo final, y en la conclusión del que inicia la serie; de modo que *El embarcadero* se construye con unidades dramáticas y no sólo en conjunto.

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**En el complejísimo montaje, de estilo y significado múltiples, hay unos flashbacks muy particulares y reconocibles, de tipo impresionista**, que ahondan en los recuerdos de diferentes personajes y que ineludiblemente traen a la memoria las maneras del director canadiense Jean-Marc Vallée (*Dallas Buyers Club*) y lo que le vimos en la miniserie *Heridas abiertas* (Marti Noxon, 2018), mucho más retorcida y dolorosa que *El embarcadero*. Pero ambas comparten el claro propósito de profundizar en el drama de unos seres de ficción heridos con la casi excusa **de la intriga** sobre un hecho violento, cuyo esclarecimiento paulatino, aún no completado, da señales inequívocas de que no entrañaba mucho intríngulis y de que **en la temporada siguiente tendrán que poner toda su carne en el asador**.

El desarrollo de **la trama sentimental huye del conservadurismo como de la peste**, pero utiliza sus ideas y gradaciones para añadir conflicto y verosimilitud y sólo es implacable con ello cuando se transforma en intolerancia. Así camina por la cuerda floja en varias ocasiones y, sin embargo y por fortuna, no acaba precipitándose al vacío, y en todos los episodios resulta coherente con la propuesta, no pocas veces de una libido desatada, que han construido Álex Pina y Esther Martínez Lobato. Y **al sostenimiento de su credibilidad contribuye su reparto de una forma digna**, sea Verónica Sánchez (*Gordos*) como la conturbada Alejandra Leyva, Irene Arcos (*Vis a vis*) en la piel de la libérrima Verónica Alfaro, Álvaro Monte (*La casa de papel*) como el culpable Óscar León Faus.

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O los secundarios Roberto Enríquez (*AzulOscuroCasiNegro*) en el rol de Conrado, Paco Manzanedo (*El olivo*) como Vicent, la internacionalizada Marta Milans (*La desaparición de Eleanor Rigby*) interpretando a Katia, Antonio Garrido (*El caso*) como Big Boss, la reputada Cecilia Roth (*Kamchatka*) en los zapatos de Blanca, Miquel Fernández (*Fariña*) como Francisco Pacheco, la novata Judit Ampudia encarnando a Ada y la pequeña Luna Fulgencio (*Durante la tormenta*) como Soledad. **Ninguno de sus personajes llega a sobresalir** por la fascinación que podrían ocasionar con la elocuencia suficiente, ni siquiera Verónica Alfaro, y uno no supone que esta circunstancia vaya a cambiar en la temporada dos de **El embarcadero, serie de la que deberían aprender otros cineastas españoles**, pero sí el peso proporcional del misterio frente al puro drama poliamoroso.

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