La comedia negra Parásitos (2019), del surcoreano Bong Joon-ho (Mother), triunfó en la edición nonagésima segunda de los Oscar, los galardones que concede cada año la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Y puede uno pensar que había otra obra mejor y que, por tanto, merecía el premio gordo, e incluso que no tiene ningún sentido darle a la coreana el Oscar a la mejor aportación internacional y también el de mejor película. Pero resulta difícil poner en cuestión sus virtudes, para empezar, y que por ellas sea una buena representante del cine sobre impostores.

Ya no nos referimos a aquellas propuestas en las que unos personajes se hagan pasar por quienes no son en alguna secuencia o capítulo específicos, como los personajes de los Hermanos Marx por los heroicos aviadores Santopoulos en Una noche en la ópera (Max Wood, 1935), el doctor Lecter (Anthony Hopkins) por Roman Fell en Hannibal (Ridley Scott, 2001) o Benjamin Linus (Michael Emerson) por Henry Gale en el episodio “One of Them” (2x12) de Perdidos (J. J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber, 2004-2010), sino a tramas construidas por completo o en gran parte sobre su impostura.

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'Ser o no ser' (1942) | Romaine

En la inspiradora El gran dictador (Charles Chaplin, 1940), por ejemplo, el barbero judío que la protagoniza, al que encarna el propio cineasta, aprovecha una confusión de unos guardias fronterizos y acaba actuando como quien creen que es. Los actores polacos encabezados por Joseph Tura (Jack Benny) se ven envueltos en una intriga contra los nazis y deben caracterizarse como algunos de ellos en la graciosísima Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942). Y hay dos culpables de asesinato que se fingen inocentes en ese fascinante ejercicio fílmico que es La soga (Alfred Hitchcok, 1948).

La descacharrante Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) contiene tal vez el travestismo más famoso del cine, el de dos músicos, Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), que huyen de la Mafia. Durante la asombrosa Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1978) se da la misma circunstancia que en la película de Hitchcock. Y, mientras en la entretenida Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985), el joven Marty McFly (Michael J. Fox) tiene que simular que es otra persona para proteger su porvenir, en Regreso al futuro 3 (Zemeckis, 1990), también el doctor Emmett Brown (Christopher Lloyd) debe intentar lo mismo.

La identidad superheroica de Bruce Wayne (Michael Keaton), quien procura que crea todo el mundo en Gotham que se trata de un simple millonario playboy, se la juega en la barroca aventura de Batman (Tim Burton, 1989). Jack Skellington se propone suplantar a “Santa Clavos” en la deliciosa Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993). Los espías de la trepidante Misión imposible (Brian de Palma, 1996) como Ethan Hunt (Tom Cruise) pueden transformarse en otros individuos. Y el bufete de John Milton (Al Pacino) en Pactar con el Diablo (Taylor Hackford, 1997) no es lo que parece.

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'Atrápame si puedes' (2002) | DreamWorks

Tampoco el mundo y cuantos rodean a Truman Burbank (Jim Carrey) en El Show de Truman (Peter Weir, 1998). A Joselito (Pablo Pinedo) y los dos marcianos (Emilio Gavira y Javier Aller) de esa comedia gloriosamente absurda y muy incomprendida que es El milagro de P. Tinto (Javier Fesser, 1998) les confunden como al barbero judío de Chaplin y lo aceptan la mar de bien. Y al pobre Michael Faraday (Jeff Bridges) le abruman las sospechas sobre las posibles y sombrías intenciones de sus nuevos vecinos en la impactante Arlington Road (Mark Pellington, 1999).

La carrera delictiva de Frank Abagnale Jr. (Leonardo DiCaprio) en la entretenidísima Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002) se cimenta en el engaño, la suplantación y las falsas identidades. En El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008) vuelve lo que esconde Bruce Wayne (Christian Bale). El ex marine Jake Sully (Sam Worthington) se infiltra entre los los nativos del planeta Pandora, los Na’vi, como uno de ellos en Avatar (James Cameron, 2009). Y el equipo de Dom Cobb (DiCaprio) se dedica unas oníricas tomaduras de pelo en Origen (Nolan, 2010), posiblemente, la última gran película sobre impostores.

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