Sinestesia: el don de los que oyen, saborean y tocan los colores

Las personas sinestésicas se caracterizan por reaccionar a un estímulo con otro sentido, además del que se ha inducido. Es una condición muy investigada por la ciencia, que se encuentra muy presente en el mundo del arte.

Por – Sep 27, 2018 - 10:00 (CET)

Karmele Gómez Garmendia es licenciada en publicidad y relaciones públicas y trabaja como profesora en la escuela de estrellas del Planetario de Pamplona. A setecientos kilómetros de ella vive Juan Antonio Chica, licenciado en filología inglesa y lingüista. Ambos son muy diferentes entre sí, pero tienen algo en común que los hace especiales: su sinestesia.

Los dos ven un mundo de color que no podemos detectar la mayoría de los mortales, aunque cada uno lo hace de una forma diferente. Para Juan Antonio, el idioma español tiene un color terroso dorado. Karmele ve como la estancia se inunda de azul cuando saborea una nueva marca de galletas. Ambos ven la letra 'a' de color blanco, pero la 'e' de Karmele es verde y la de Juan Antonio roja. Entonces, ¿a qué se debe esta visión tan particular? Muchos científicos están detrás de dar una respuesta exacta a esta pregunta; aunque, por el momento, la sinestesia sigue en buena parte rodeada de un gran halo de misterio que la convierte en algo todavía más mágico.

Colores que se oyen y sabores que se ven

La palabra sinestesia proviene del griego y está formada por la unión de los vocablos “sin”, que significa junto y “aísthesis”, que se traduce como sensaciones, por lo que en su conjunto puede traducirse como “sensaciones juntas”. Desde muchos siglos atrás se ha usado en literatura, como figura retórica, cuando se asocia una sensación a un sentido con el que normalmente no está vinculada. Por ejemplo, se puede ver en los siguientes versos de Quevedo:

Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos,
Y escucho con mis ojos a los muertos

Pero la sinestesia no es solo cosa de poetas. La mayoría de personas responden con un único sentido a un estímulo concreto. Por ejemplo, ven los colores a través de la vista y escuchan sonidos a través del oído. Sin embargo, en el caso de los sinestésicos, el estímulo, conocido como inductor, da lugar a una experiencia adicional que no se ha estimulado, conocida como concurrente.

Normalmente se manifiesta por la aparición de colores y formas vinculados a los sentidos del oído, el olfato, el gusto o el tacto, aunque también existen otras más raras, como la tacto-espejo en la que el sinestésico experimenta las mismas sensaciones que otra persona a la que está viendo en ese momento. Por ejemplo, si la otra persona siente dolor, el sinestésico también lo siente. No debe confundirse con la empatía, pues no es que sufra emocionalmente, sino que también se le activan las regiones cerebrales relacionadas con el dolor.

Aparte de las distintas asociaciones de sentidos que pueden hacer los sinestésicos, también se pueden dividir en dos grupos, según la forma en la que lo experimentan. Por un lado, los sinestésicos proyectivos ven los colores delante de ellos, mientras que los asociativos los ven en el interior de su mente. Según ha explicado Karmele Gómez a Hipertextual esto último es algo similar a lo que experimentamos el resto de personas cuando leemos. En un principio visualizamos la palabra en el texto, pero luego la interiorizamos en nuestra mente. Ella, además, compara su forma de codificar las sensaciones con las capas del programa Photoshop, ya que se van superponiendo unas sobre otras.

Las sinestesias más frecuentes

Existen un gran número de inductores y experiencias concurrentes, que se pueden unir, dando lugar a muchas combinaciones distintas. Las más comunes son las que asocian el color con grafemas, fonemas o sonidos. Sin embargo, también se pueden relacionar con colores estímulos como los olores, las emociones, los sabores, las notas musicales, los orgasmos, el dolor, la temperatura o las unidades de tiempo.

Además, no solo ven colores, ya que también aparecen formas y una conformación espacial característica de cada sonido. Las formas varían sobre todo en las consonantes, como explica Juan Antonio Chica, desde su condición de lingüista:

"Las consonantes labiales y nasales me parecen redondas, las fricativas un poco puntiagudas o la africadas suaves".

Algunas personas, solo experimentan sinestesia con unas letras concretas o con unos pocos sonidos. Otras, como Karmele, viven continuamente con un tipo-visual auditiva y grafema color, en su caso- y de vez en cuando, sin pensarlo, aparecen otras, como la tacto-color, la sabor-color o la olor-color.

Por otro lado, dos sinestésicos no tienen por qué ver los mismos colores ante un mismo estímulo. Por ejemplo, Karmele ve la ‘a’ blanca, la ‘e’ verde, la ‘i’ amarilla, la ‘o’ marrón y la ‘u’ azul. Sin embargo, Juan Antonio coincide con ella en la ‘a’ y la ‘o’, pero ve la ‘e’ roja, la ‘i’ verde y la ‘u’ negra. Esto da lugar a que para cada uno de ellos el color de una misma palabra sea totalmente diferente.

Sinestesia y parentesco

La sinestesia fue descrita por primera vez en 1812. Sin embargo, en un inicio muchos la consideraron como algo más bien esotérico, por lo que no comenzó a estudiarse en serio hasta los años 90 del siglo XX. Dos de los científicos que más han estudiado este fenómeno han sido los neurólogos Vilayanur Ramachandran y Edward Hubbard. Una de sus principales teorías en torno a la sinestesia es que se trata de una condición con un alto componente genético. Esto se basa en que, de los sinestésicos entrevistados por ellos, el 40% tenían un familiar directo que también lo era.

“De mis familiares adultos y con vida ninguno parece ser sinestésico”, ha asegurado Gómez Garmendia a Hipertextual. “Sin embargo, creo que lo era un hermano de mi padre, al que no llegué a conocer, y que podría serlo mi prima pequeña”. Por su parte, Juan Antonio Chica sí que tiene varios familiares directos con su misma condición:

“Mi hermano también tiene sinestesia grafía-color, y en algunos casos sabor, según me ha comentado. También asocia a los números actitudes, esto me pasa también a mí pero en menor medida, supongo que él está más acostumbrado a ellos como ingeniero. Por lo que sacamos en conclusión una vez, mi madre también asocia colores a palabras y, creemos, que mi abuela también, aunque a su edad es muy difícil comprender si nos referimos a lo mismo o no”.

Ramachandran y Hubbard establecieron también en su día que la sinestesia está ligada al cromosoma X, de ahí que sea mucho más frecuente en mujeres. Sin embargo, hoy en día se considera que no es así.

La sinestesia en el cerebro

En cuanto a las causas neurológicas, la teoría más aceptada a día de hoy es la de una poda neuronal incorrecta, ¿pero qué es esto realmente?

Los seres humanos nacemos con un gran número de conexiones neuronales, de las cuáles muchas serán útiles en la edad adulta y otras no tanto. Por eso, con el tiempo se produce un proceso conocido como poda neuronal, en el que se eliminan estas conexiones innecesarias. A menudo, una poda excesiva o escasa se ha relacionado con enfermedades, como la esquizofrenia y el autismo, respectivamente. Sin embargo, el resultado no siempre es una enfermedad. Este es el caso de la sinestesia, en la que se dejan sin eliminar conexiones que enlazan sentidos de muchas formas posibles. Esto explicaría por qué hay tantos tipos distintos de sinestésicos, ya que las diferentes combinaciones de inductor y experiencia concurrente dependerán de las conexiones que permanezcan después de la poda.

Otra teoría bastante aceptada es la de la proximidad de las zonas cerebrales encargadas de codificar la información procedente de diferentes sentidos. Esto ocurre en una menor medida en todas las personas. Por ejemplo, como explicaba en 2016 la enfermera y psicóloga Carmen Sarabia Cobo en una charla de TedX Cantabria, es la razón por la que a veces un dolor muy intenso puede generarnos náuseas. En el caso de los sinestésicos, este efecto se hace mucho más intenso por la proximidad de regiones cerebrales como el área visual de la forma de la palabra (VWFA por sus siglas en inglés) y el área visual 4 (V4). Se sabe que VWFA se activa durante la lectura y se cree que permite la traducción de formas físicas de grafemas al significado de las letras y los números. Por otro lado, diversos estudios han demostrado que la mayoría de neuronas de V4 son selectivas de color y las lesiones en esa área producen pérdida de la visión de los colores. Por todo esto, es fácil imaginar que la proximidad entre ambas zonas pueda generar sensaciones sinestésicas. Además, al estar cerca entre sí, puede generarse un exceso de conexiones, derivado de la falta de poda sináptica.

De cualquier modo, localizar anomalías estructurales en el cerebro de los sinestésicos no es sencillo. Esta es la conclusión de un estudio publicado en PLoS One este mismo año. En él, se utiliza la resonancia magnética nuclear para buscar diferencias entre los cerebros de individuos sinestésicos y no sinestésicos. Finalmente, se concluye que no parece haber diferencias y que los estudios que las encuentran no son reproducibles, ya que la escasez de participantes puede dar lugar a falsos positivos.

Muchos ni siquiera lo saben

Se calcula que entre el 1% y el 4% de la población son sinestésicos. Sin embargo, muchos de ellos ni siquiera lo saben, de ahí que sea tan difícil encontrar participantes para los estudios sobre el tema. La mayoría cree que el resto de personas ven el mundo igual que ellos y no se para a pensar en que puedan ser diferentes, especialmente si en su entorno familiar hay otras personas con la misma condición.

Juan Antonio recuerda haber sido totalmente consciente en el instituto, en clase de psicología. Sin embargo, siendo más pequeño percibía detalles que llamaban su atención, como que el resto de niños pusieran los colores de los horarios mal, según su criterio.

En el caso de Karmele, fue consciente de ello un día lluvioso, durante su época universitaria. Cuando una amiga le preguntó qué tal su día, le comentó con total naturalidad que se le habían cambiado los colores de la palabra “puente”. Afortunadamente, la amiga había visto un documental sobre el tema e identificó inmediatamente lo que le pasaba.

Lo que le ocurrió con la palabra “puente” es otra de las grandes curiosidades de la sinestesia. “A veces las correspondencias cambian dependiendo del estado de ánimo o cómo me sienta en ese momento”, asegura Juan Antonio. “Algunas cosas son perennes, como las vocales, y otras cambiantes. A ciertos días de la semana les pasa eso, a otros no”. A esto, Karmele añade que el tono de voz o el acento del interlocutor puede también cambiar mucho la forma en que se manifiestan los colores. Por ejemplo, cuando habla con una amiga concreta todo se tiñe de un bonito verde botella.

¿Una colorida molestia o un magnífico don?

Al preguntarles si consideran molesta la sinestesia, tanto Juan Antonio como Karmele tuvieron muy claro que no. De hecho, si bien reconocen que a veces puede ser un poco molesta, lo superan con creces las ventajas que supone. Ambos coinciden en que su condición les ha ayudado siempre a tener una mejor memoria. En el caso de Karmele, se debe a que, entre otras, presenta sinestesia espacio-tiempo. En este caso, visualiza el calendario anual como un óvalo, en el que los días se mueven de izquierda a derecha y las horas de arriba abajo. Además, cada año se tiñe de un color, por lo que puede recordar fácilmente en qué momento ocurrió algo, por el tono que tenía. En el caso de Juan Antonio, como lingüista, le ayuda a recordar la ortografía de ciertas palabras:

“Por ejemplo, en inglés la grafía “-ee” siempre es roja y la “-ea” es un rojo disuelto en blanco: ambas suelen representar un mismo sonido pero se escriben diferentes”.

Además, el inglés no es el único idioma que Chica domina gracias a su sinestesia, pues su asociación de colores y fonemas le ha ayudado a manejar bastante bien el catalán, el italiano, y el francés. Incluso ha comenzado a aprender polaco, ruso, turco, árabe y checo.

En el caso de la memoria, uno de los grandes ejemplos de memorias prodigiosas que también son sinestésicos es el británico Daniel Tammet. En su libro, "La poesía de los números", habla de cómo su sinestesia le ha ayudado a dominar las matemáticas y, también, a aprender más de once idiomas con gran soltura. Además, su don le ha ayudado a ganar el récord europeo de memorización de decimales del número pi, al ser capaz de recitar los primeros 22.514 dígitos en algo más de cinco horas.

Sí que es cierto que no todo son ventajas y que la sinestesia algunas veces puede generar pequeñas molestias. Así lo ha comentado a este medio Karmele Gómez:

"Cuando estoy conduciendo y voy a entrar en una rotonda a veces apago la radio para eliminar los colores de la música y concentrarme en la conducción".

Sin embargo, tanto ella como Juan Antonio coinciden en que no cambiarían su sinestesia por nada.

Arte y sinestesia: de Liszt a Lady Gaga

Se calcula que uno de cada seis artistas, pertenecientes a todo tipo de disciplinas, tienen sinestesia. Uno de los casos más antiguos conocidos es el del famoso compositor y pianista Franz Liszt. Vivió durante el siglo XIX; por lo que, si bien ya se había definido, apenas había conocimiento sobre la sinestesia. Sin embargo, las declaraciones de los músicos que trabajaron con él no dejan lugar a dudas, ya que solía indicarles que tocaran con tonos azulados o que no abusaran de las tonalidades verdosas, por ejemplo.

En el área de la pintura, uno de los sinestésicos más famosos fue el ruso Wassily Kandinsky, que tuvo una gran experiencia sinestésica al asistir en Moscú a la representación de la ópera Lohengrin, de Wagner. Más tarde definiría así lo que sintió:

“Los violines, los profundos tonos de los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Vi todos mis colores en mi mente, estaban ante mis ojos. Líneas salvajes, casi enloquecidas se dibujaron frente a mí”.

Esto generó una gran transformación en sus cuadros, en los que ya no representaba solo lo que veía, sino también buena parte de lo que oía.

En la actualidad, algunos artistas, como la cantante Lady Gaga, sostienen también que tienen experiencias sinestésicas.

Todos estos casos no parecen coincidencias, por lo que muchos investigadores han analizado si realmente hay alguna relación entre ambos factores. Según explica en el documental “Sinestesia: arte, dolor y sexo” el catedrático del departamento de psicología experimental de la Universidad de Granada Emilio Gómez Milán, estas coincidencias pueden deberse a que los sinestésicos perciben una especie de realidad adornada. Esto se debe a que los colores resultantes de estímulos de otros sentidos pueden producirles una respuesta emocional concreta que no tienen el resto de personas. Así, este tipo de respuesta tan poco frecuente les hace poder trabajar con originalidad, que es una condición muy importante para poder ser creativo.

Por otro lado, en el mismo documental, el psicobiólogo de la Universidad de Valencia Raúl Espert explica que la creatividad es el resultado de los efectos sobre el cerebro de la dopamina. Esto implica que se activen simultáneamente muchas zonas del cerebro, a causa de una intensa conectividad neuronal, por lo que puede relacionarse con las causas neurológicas que se estudian para explicar la sinestesia.

El problema es que a veces esta creatividad puede enmascarar la sinestesia, llevando a que muchos niños crezcan sin saber que la tienen. Este es el caso de Karmele, que asegura que desde pequeña siempre le dijeron que era una niña muy imaginativa, cuando en realidad lo que veía no era fruto de su imaginación. Sí que es verdad que siempre le gustó dibujar. A día de hoy, con conocimiento de lo que le ocurre, dispone de una página web en la que publica, entre otra información, algunas de sus pinturas.

La palabra Ezer ("nada" en euskera) tal como la ve Karmele Créditos: Karmele Gómez Garmendia

LSD y experiencias sinestésicas

La sinestesia aparece de forma natural en un porcentaje muy bajo de la población. Sin embargo, también puede inducirse a través de drogas, como el LSD. Esta sustancia fue sintetizada por primera vez en 1938. Sin embargo, no fue hasta cinco años después cuando su descubridor, Albert Hofmann, descubrió sus efectos cuando la absorbió accidentalmente a través de la piel.

Aunque en un principio se sintetizó con fines puramente terapéuticos, pronto sus efectos alucinógenos llevaron a que se hiciera muy popular su consumo como droga recreativa, especialmente en los años 60 y 70. Por aquel entonces, muchos artistas, especialmente músicos, se vieron atraídos por sus efectos, entre los que destacaba la sinestesia, que les ayudaba a transformar la música en colores. Muy conocido es el caso de The Beatles, que incluso homenajearon al LSD con un anagrama oculto en el título de su canción Lucy in the Sky with Diamonds.

Se dice que también proviene de aquella época la expresión “alucinar en colores”. Sin embargo, no es necesario tomar LSD para alucinar. Basta con escuchar a un sinestésico hablar sobre él o disfrutar de las obras de todos aquellos artistas que, a través de la música, la pintura o la escultura quisieron que todos pudiéramos, por un momento, ver a través de sus ojos o escuchar a través de sus oídos. Eso sí que es alucinante.