En otras ocasiones hemos hablado sobre la productividad, sobre cómo aumentarla, cómo preparar nuestro día a día y la clave para que todo lo anterior funcione. La productividad no es un tema de moda, es, para muchos, bastante relevante porque tener controlada esta área puede ser la diferencia entre trabajar feliz y caer en el temido síndrome del quemado o bourn out.

Otros puntos importantes para ser productivos radica en nuestros hábitos. Y a estos también está ligado el tema que trataremos aquí: la memoria. Esa función del cerebro que nos permite codificar, almacenar, recuperar y retener información. Si bien es cierto que olvidar es importante, también lo es tener una buena memoria.

Cómo recordamos

Un ejemplo muy sencillo para clarificar a lo que nos referimos con buena memoria es compararla a un gran almacén al que tenemos que ir constantemente. Por tal motivo, tener en buenas condiciones los caminos o carreteras para llegar a él es vital, tanto para llevar información y que no se dañe —u olvide— en ese trayecto, como para acceder a ella si la necesitamos. Ahora bien, para que algo quede fijo en nuestra memoria existen diversas técnicas, aunque, claro, también depende de cómo se nos facilite aprender cosas nuevas.

De forma muy general podemos decir que la primera fase de la memoria es la codificación o registro, es decir, cuando la información es procesada. En esta operación son muy importantes la atención y la concentración. La segunda fase es la consolidación de la memoria, es decir, cuando el cerebro toma ese pensamiento, evento o información y lo almacena en el cerebro. Y por último está la recuperación, es decir cuando recordamos, cuando localizamos o reactualizamos la información almacenada. La recuperación significa traer a la conciencia la información.

Claro que a veces tenemos algo en la punta de la lengua y no logramos acordarnos de algo o simplemente somos mejores para recordar unas materias por encima de otras, sin embargo, sí que podemos ponernos en acción para mejorar nuestra memoria y evitar, en medida de lo posible, la disminución de esta capacidad a raíz del envejecimiento.

Las claves de "siempre"

No es poco común que una buena dieta, hacer ejercicio y dormir bien sean los hábitos que siempre nos recomiendan a todos y para todo. Tampoco se necesita mucho investigar el por qué son la base para una vida saludable. En el caso del cerebro y la memoria, según un reciente estudio, una dieta rica en vegetales, hojas verdes, nueces, bayas, frijoles, pescado, aceite de oliva y cereales integrales puede ayudar de manera significativa a la memoria. También se encontró que favorece el "rejuvenecimiento" del cerebro, unos nada despreciables siete años más joven.

Por otro lado, hacer ejercicio nos ayuda en todos los sentidos, sobre todo si permanecemos mucho tiempo sentados durante el día, y por supuesto que al cerebro también le viene de maravilla este hábito. Incluso puede revertir el declive cognitivo uno o dos años a cualquier edad y protege de la disminución del tamaño del hipocampo, esencial para la memoria, propio de la edad. ¿Cuál ejercicio es mejor? La buena noticia es que cualquiera.

Por último, el otro consejo que siempre escuchamos es el de dormir bien, y es que tiene efectos importantísimos para el cerebro y para nuestro cuerpo en general. Entre otras cosas, dormir nos ayuda a mejorar y resetear la memoria procedimental, esa parte de la memoria que participa en el recuerdo de habilidades motoras y ejecutivas necesarias para realizar una tarea. Lo mejor del caso es que incluso las siestas han demostrado tener efectos positivos en este sentido.

Otro consejo común (y otros no tanto)

En otra ocasión hablamos sobre la importancia del descanso. Se trata de una actividad —y no una "no actividad"— vital para la productividad, de hecho es la clave para que cualquier técnica funcione. Acá hablamos de un descanso activo, es decir, de uno que no sea tirarse en el sillón a ver Netflix, sino de uno que nos desconecte del trabajo; claro, un maratón de La Casa de las Flores parece que lo hace, pero lo que recomiendan los expertos son las reuniones con amigos o familia. Es decir: salir de la rutina y cultivar nuestras relaciones personales.

Bien, ya repasamos los más consejos comunes para mejorar nuestra memoria y por qué son tan importantes; ahora hablemos de un par que son menos mencionados pero que pueden ser la clave para nuestros objetivos personales y, en este caso, cognitivos:

  • Aprender algo nuevo. A veces, sumergidos como estamos en la ilusión de estar completamente ocupados nos olvidamos de lo gratificante que es aprender algo nuevo. No hablamos de la mejora constante en nuestras áreas de trabajo, sino de materias totalmente inexploradas. Esto no sólo nos ayuda a nivel personal sino que mantiene al cerebro sano, activo y en constante movimiento. ¿Pasas todo el día sacando cuentas, escribiendo, hablando con personas? Prueba algo nuevo: tocar un instrumento o aprender a jugar cartas. Por otro lado, algunos estudios sugieren que cuanto más compleja es la nueva tarea, más beneficios hay para nuestra mente.
  • Meditar. Son muchos los beneficios que da la meditación. Muchas veces se piensa que es una actividad muy difícil y sólo apta para monjes o personas con mucha paciencia. Nada de esto. La meditación es una actividad muy sencilla pero que requiere práctica; eso sí, tiene muchos mitos, sin embargo, una vez superados, la recompensa de practicarla cotidianamente es enorme. Estos beneficios están documentados por la ciencia, algunos de ellos son: el incremento de la capacidad de atención y de la concentración, estimula el sistema inmunológico y, claro, ejercita y mejora la memoria.