Desde su descubrimiento, décadas atrás, el LSD ha pasado por un interesante ciclo de la veneración, al principio, seguida de la persecución y desprecio absolutos. Sin embargo, aunque es ilegal en la mayoría de los países, se ha seguido utilizando de forma ilegal en la mayoría de los casos. Hace unos años, varios investigadores consiguieron que se reconsiderara su uso terapéutico. Desde entonces, los estudios sobre los efectos de esta droga han ido aumentando tímidamente. Recientemente, un estudio mostraba por primera vez los efectos que tiene el LSD en el cerebro. Y el resultado es impresionante. Con esta investigación, el LSD da un pequeño paso más para volver a su puesto como agente terapéutico que se le atribuía desde su hallazgo.

Así actúa el LSD en el cerebro

Solo han hecho falta unos veinte voluntarios y un escáner de resonancia magnética funcional (fRMN) para comprobar los impresionantes efectos del LSD en el cerebro. Este psicotrópico es conocido por sus efectos psicológicos entre los que se incluyen alucinaciones, una fuerte sinestesia, percepción distorsionada del tiempo y disolución del ego. Esto debe tener una razón fisica. Con el fRMN podemos detectar qué áreas del cerebro son las más activas gracias al paso de la sangre. Efectivamente, el fRMN detecta flujo sanguíneo por los vasos que irrigan el cerebro. De esta manera se puede estimar que partes están "trabajando" en cada momento y en tiempo real. Para conocer los efectos del LSD en el cerebro, los voluntarios fueron observados bajos los influjos de la droga. También se les hizo el mismo análisis pero con un placebo. Las diferencias en el análisis son patentes.

LSD en el cerebro

Se observa claramente que la actividad "se descontrola" provocando estímulos y respuestas "falsas" que nos hacen ver lo que no está ahíEn presencia de LSD en el cerebro, la actividad se dispara. Normalmente el cerebro actúa de forma "compartimentada". Cada circuito se encarga de su área y conecta con el resto según las necesidades. Ante el LSD, el cerebro parece inundado de señales. La sangre "hierve" por todos los vasos, lo que parece querer decir que la actividad se da por todas partes, frenética. Esto podría explicar muchos de los efectos vividos por los consumidores de LSD. Por ejemplo, la sinestesia, que provoca que sintamos con el sentido "incorrecto" (ver la música, escuchar los colores...), podría explicarse por esta amalgama de actividad indiferenciada que dispara las señales en áreas que no le corresponden. Otro aspecto curioso es el de las alucinaciones visuales. Cuando los voluntarios cerraban los ojos y describían visiones, el monitor también mostraba actividad cerebral en las áreas asociadas a los estímulos visuales. En definitiva, sin entrar en el mecanismo molecular exacto del LSD en el cerebro, lo que se observa claramente es que la actividad "se descontrola" provocando estímulos y respuestas "falsas" que nos hacen ver lo que no está ahí y sentirnos completamente distintos.

El LSD terapéutico

Como comentábamos antes, hace más de sesenta años se sintetizó por primera vez la dietilamida de ácido lisérgico, o LSD, con fines terapéuticos. Sus propiedades psicodélicas, junto al hecho de que no crea adicción ni es tóxico, lo colocaron en una posición inusual como agente terapéutico. Sin embargo, su abuso, durante los sesenta, hizo que se prohibiera su uso incluso en el ámbito sanitario e investigador. Con el tiempo, la promesa de ser un agente terapéutico capaz de aliviar la angustia, el dolor y tratar algunos desórdenes particulares ha llevado a los investigadores a luchar por devolverle su utilidad como agente terapéutico. No fue hasta 2005 que en Reino Unido comenzó a discutirse seriamente su uso en investigación de nuevo. En 2010 las primeras investigaciones, llevadas a cabo por el mismo equipo que ha terminado con el estudio del que hablábamos, dirigido por Robin Carhart-Harris y David Nutt, apuntaban al funcionamiento del LSD en diversas situaciones. Desde entonces, el Imperial College de Londres ha estudiado muchos aspectos al respecto del LSD. Esta es la primera vez que obtenemos imágenes sobre cómo actúa en el cerebro en tiempo real.

LSD en el cerebro

¿Qué pretenden alcanzar los investigadores? Sobre todo, Robin Carhart-Harris y David Nutt buscan devolver a esta droga su estatus de terapia potencial y descubrir cómo puede ayudarnos. Conocer cómo funciona, dónde actúa y por qué lo hace nos permite abordar problemas concretos con orígenes de todo tipo: psicológico, fisiológico y molecular. Pero es imposible usar una herramienta tan compleja sin conocer al detalle todos sus pormenores. Y para hacer esto hay que poder investigar con ella. Y para poder investigar con ella debe ser legal hacerlo. Así que el camino todavía tiene muchos escollos que aclarar. Pero, quién sabe. Tal vez comencemos a ver el LSD con unos ojos distintos, de una forma madura, comedida y medicinal. Y todo gracias al trabajo de investigadores que no se han rendido ante los prejuicios y el desconocimiento.