Desde que fue anunciada Maniac se levantó mucha expectativa, no sólo porque las primeras imágenes que conocimos nos resultaron inquietantes y muy llamativas, sino por los responsables del proyecto: Cary Joji Fukunaga y Patrick Somerville, el primero, guionista de It y director de True Detective —en la inigualable primera temporada—, así como de la brutal Beast of No Nation también de Netflix; el segundo, guionista de The Leftovers. Como si esto fuera poco, Emma Stone y Jonah Hill fueron presentados como protagonistas de la serie.

La buena noticia es que Maniac no traiciona a la expectativa generada, aunque, y es de comprender, no a todo el público convencerá de su profundidad o se cautivará con sus episodios que, aunque magníficamente dirigidos —por supuesto no esperábamos menos de Fukunaga—, pecan de llevar una historia bastante irregular. Y es que la serie de 10 episodios toma muchísimos riesgos y esto, aunque por un lado es de agradecerse pues nos entrega una serie única, por el otro sí que se tropieza con algunas de sus propuestas.

No en pocas opiniones sobre Maniac se puede leer que la serie es una mezcla rica, ecléctica e innegable de varios títulos y autores: de Eterno resplandor una mente sin recuerdos, de Michel Gondry, una pizca de los Hermanos Coen y un tanto de Blade Runner —a lo que agregaría una influencia del retrofuturo de Terry Gillam—. Lo cierto es que llevan razón y nos encontraremos con un abanico de referencias muy interesantes.

Maniac se centra en historias que se desarrollan en el subconciente de sus dos protagonistas; bien podríamos decir que este es el verdadero personaje principal. Annie (Emma Stone) y Owen (Jonah Hill) dan vida a dos personas con una profunda depresión —además de la esquizofrenia diagnosticada a este último—. Ellos se inscriben a un experimento farmacéutico que tiene como objetivo erradicar esta enfermedad que asola a la humanidad y la desmorona. Con esta premisa viajaremos al subconciente de estos dos personajes en donde conoceremos de cerca los eventos que los tiene sumidos en el dolor.

A la par de esto también se nos cuenta parte de su vida real que, además de dar contexto para entender las claves de sus "viajes" o "sueños" inducidos por el experimento, nos aporta las pistas necesarias para comprender la depresión que los carcome.

Las historias en los subconcientes, por supuesto, dan un amplio espacio para experimentar y los dos creadores de la serie lo aprovechan al máximo. Una de las fortalezas de Maniac es la versatilidad de sus capítulos y la sorpresa que cada uno tiene para nosotros: de pronto estamos en los ochenta rodeados por rusos mafiosos, en otro en un cuento de fantasía y en otro en una película policíaca. Sin embargo, esta fortaleza también es su debilidad pues el cambio de escenarios no siempre aporta nuevos elementos a la historia y más bien parece un recurso estrafalario y caprichoso para darle vueltas al tema central del guion. No por ello la serie es poco entretenida, aunque se antoja para que tuviera menos episodios.

Por otro lado, los dirigentes del ambicioso estudio farmacéutico tienen su propio drama y aportan el humor negro —con tintes de comedia del absurdo— a la historia. Sonoya Mizuno, Justin Theroux y Sally Field son los actores de reparto que apuntalan la trama y la hacen no solo divertida sino entrañable y bastante alocada. Field por ejemplo, da vida a la madre del doctor James K. Mantleray (Theroux) y personifica a la supercomputadora que hace posible el experimento pero que se encuentra profundamente deprimida —lo cual nos recuerda a Marvin, el famoso robot deprimido de La Guía del autoestopista galáctico, una de las obras más importantes de la ciencia ficción humorística—. Por supuesto que lo que se desprende de esto es muy divertido y también aporta los elementos más profundos para la reflexión sobre la depresión, la soledad y las relaciones personales.

Así pues, esta serie de Cary Joji Fukunaga ofrece una historia, aunque alargada, amena y que de muchas formas nos puede llegar, tanto por sus temáticas universales: conexiones, amistad, dolor, depresión; por su mirada al futuro, al pasado y al subconciente; así como por su abanico de puestas en escena y géneros cinematográficos. Eso sí, cabe hacer mención especial sobre la actuación de Jonah Hill y lo bien que funciona junto a Emma Stone. Sin duda se trata de una serie que vale mucho la pena, aunque el veredicto final, como siempre, es personal.

Maniac ya se encuentra disponible para todos los suscriptores de la plataforma de Netflix.