La capacidad destructiva del ser humano llegó a su culmen, quizá de forma provisional, con la invención de la bomba atómica. Fue desarrollada por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial con la ayuda de Reino Unido y Canadá, mediante el Proyecto Manhattan, cuya investigación científica estuvo a cargo del físico Robert Oppenheimer.

Se basa en la explosión provocada por la reacción en cadena que origina la fisión de un núcleo bombardeado con neutrones, núcleo que puede ser de uranio o de plutonio, elementos que dan nombre a los distintos tipos de bombas atómicas. En la bomba H o termonuclear, que tiene el núcleo de hidrógeno, se produce la fusión (no la fisión) de dos núcleos, y con la bomba N o de neutrones, que deriva de la termonuclear, se consiguen explosiones con una radiactividad directa hasta siete veces superior a la de la bomba H, radiactividad que, no obstante, dura mucho menos que la provocada por la fisión. Así, la detonación de una bomba de neutrones daña poco los edificios pero masacra a todo tipo de seres vivos.

La potencia de las bombas se mide en tones o toneladas de trinitrotolueno (TNT).

Nukemap y las explosiones atómicas simuladas

explosión atómica
Simulación en Nukemaps.

Más allá de las explicaciones científicas, el estallido de una bomba atómica y la gigantesca nube de humo, fuego y escombros con forma de hongo que se produce son aterradores. El historiador nuclear Alex Wellerstein nos ayuda a comprender la devastación de un estallido semejante con Nukemap, un simulador online de explosiones atómicas, mushup de Google Maps, con el que podemos seleccionar el lugar en el que caería la bomba y su potencia, desde las 100 militoneladas del dispositivo nuclear Davy Crockett hasta los 100 megatones de la Bomba del Zar.

Los cálculos de la aplicación detallan el tamaño de la bola de fuego, las zonas que se verían afectadas por las llamas de la explosión, por la onda expansiva, por las altas temperaturas y por la radiación, dependiendo de la potencia y de dirección del viento, y el número de víctimas humanas. Sobrecoge contemplar los resultados. Por poneros un ejemplo, si se detonara una bomba atómica de 100 megatones en Elche, ciudad española en la que resido actualmente, con viento del Noreste, se verían afectados 12.960 kilómetros cuadrados entre Murcia y München, en Alemania, con Valencia, Palma de Mallorca, Barcelona, Marsella, Génova, Turín y Milán de por medio, con más de 350.000 muertes estimadas y unos 530.000 heridos.

Imagínate lo que ocurriría en tu ciudad. O mejor, compruébalo en Nukemap.

La aplicación es en 2-D, y existe una versión en 3-D, pero en la propia página nos cuentan que Google desaprueba el plugin necesario para que se ejecute esta última versión, que no ha anunciado que lo vaya a reemplazar y que este mismo año dejará de funcionar. Así que es probable que pronto nos tengamos que conformar con las planas dos dimensiones.

Software para concienciar

simulación de explosiones atómicas
Everett Historical - Shutterstock

Lejos del enfoque lúdico con el que algunas publicaciones acogieron esta aplicación, que hablan de usar Nukemap como entretenimiento o incluso para alegres genocidas en potencia, muy bien puede servir como concienciación de los peligros de la tecnología de guerra en manos equivocadas y de sus consecuencias.

De vez en cuando salta a los medios alguna noticia sobre las negociaciones para restringir el programa nuclear iraní o de las pruebas norcoreanas. La carrera armamentística de la Guerra Fría ya es pasado lejano, y parece que el mundo ha decidido olvidar el hecho del genocidio que Estados Unidos, perteneciente al bando de “los buenos” en la Segunda Guerra Mundial, cometió al lanzar sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, matando a unas 220.000 personas, aproximadamente la mitad con la detonación y, el resto, debido a la radiación resultante. Oppenheimer sentía que tenía “las manos manchadas de sangre” por haber participado en la creación de la bomba, y Albert Einstein condenó “totalmente el recurso de la bomba atómica contra Japón”.

Si el Gobierno de un país como Estados Unidos, al que no pocos consideran el policía del mundo, fue capaz de ello, merece la pena reflexionar sobre la conveniencia de hacer pedagogía para la prevención bélica y de proliferación de armas nucleares, desde la escuela hasta las comisiones gubernamentales. Y la simulación de explosiones atómicas con Nukemap puede ser una ayuda inestimable en esta tarea.