He estado en el Mobile World Congress y he pasado por, al menos, 15 metaversos diferentes. Ninguno me ha convencido. Ninguno, de facto, era el metaverso prometido. De hecho, la promesa de la tecnología para los próximos años basada en el 5G –y un difuso 6G– tiene los aromas de aquellos MWC en los que la realidad virtual campaba a sus anchas por la Fira.

Como en aquel momento, la culpa recae sobre el mismo personaje: Mark Zuckerberg. Allá por 2016, el fundador de Facebook dejaba esa imagen para el recuerdo en la que paseaba por una de las conferencias entre asistentes con Oculus. La compra de la compañía de gafas de VR, anunciada en 2014, marcaba el inicio de toda una era. Poco después llegaba el invierno de la realidad virtual. Al amparo de una moda iniciada por Facebook, cientos de compañías y proyectos de realidad virtual subían y bajaban como la espuma. La red social, que lejos estaba de adentrarse en el metaverso, aparcaba sus objetivos hasta nuevo aviso.

Ahora, casi 6 años después, Facebook –o deberíamos decir Meta– vuelve a tener la culpa. Bastó con un anuncio a finales de 2021 para que el mundo volviese a girar a su alrededor. De nuevo, el metaverso ha sido la palabra más mencionada y replicada en la celebración de la conferencia tecnológica del año. Y, de nuevo, la realidad dista mucho de las promesas que tenemos sobre la mesa.

¿Esto quiere decir que el metaverso es la nueva burbuja? Como en todo, está por ver. Hay buenas intenciones sobre la mesa. Facebook ya apuntaba a que el metaverso, el suyo al menos, está lejos de ser una realidad. Meta quiere una versión de Ready Player One. Un universo digital en el que se pueda ver, sentir y vivir. Por lo pronto, está trabajando en la parte tecnológica para encontrar su hueco en lo que Zuckerberg considera que es el futuro de su empresa. Lo que se ha visto en el Mobile World Congress no ha sido eso. Lo que es y será el metaverso –que hay mucho de innovación que se está creando sin tanto revuelo– no llega a la altura de la feria que se ha montado a su alrededor. Y nunca mejor dicho.

Por el camino hemos podido ver una versión digital del stand de Telefónica. El stand del metaverso, decían, funcionando como una suerte de gemelo digital. También una especie de montaña rusa en la que sus ocupantes iban con gafas de realidad virtual –lo sentimos SK Telecom, esto ya se veía en los parques de atracciones hace más de 20 años–. Perdimos la cuenta de la cantidad de asistentes que, encerrados en una cerca, jugaban con unas gafas y unos mandos en las más dispares situaciones: bailando, jugando o lo que fuera que vieran en las VR.

El metaverso, o sus versiones, no es algo nuevo. Desde los 90, el término ha venido rondando las cabezas del imaginario de las tecnológicas. Se han tenido aproximaciones más o menos reales, Habbo y mucho antes Second Life, ya destacaron en un ecosistema que prometía. Eran, sin embargo, versiones reducidas creadas por accidente más que una tecnología algo más desarrollada. Desde entonces, han sido muchos los que han estado trabajando: YRVR, Uttopion, Globant –la compañía argentina de tecnología que también está empezando a trabajar en el sector–. O la propia Telefónica buscando startups que puedan adaptarse a las necesidades del nuevo ecosistema. De nuevo, hay cientos de proyectos prometedores que sí que pueden dibujar el metaverso que nos prometieron, el que queremos.

Otro metaverso de SK Telecom

Pero todos los metaversos del MWC, de dudosa calificación, son simple y llanamente una forma de comenzar a echar a andar un ecosistema con futuro. Pero no son metaversos. Y eso no estaría mal. Para echar a andar algo, hay que comenzar por algún punto. De momento, parece que muchas de las empresas asistentes desempolvaron las gafas VR. Esas mismas que se quedaron en tierra de nadie hace años para probar suerte en esta convocatoria.

Aunque también hay quien dice que las tecnológicas se han agarrado al metaverso como una especie de tabla salvavidas en un momento en el que la innovación tecnológica no acompaña. Al menos de cara al Mobile World Congress. Con pocas marcas y pocos proveedores, a los que la crisis de componentes no les está sentando bien. También, la falta de imaginación y una madurez de mercado que ya ha visto de todo, había que buscar algo que pusiese la guinda a un Mobile que tenía que funcionar ante todo. Con dos años de baja –no contamos la intentona de 2021–, no se podía defraudar a un panorama tecnológico con ganas de volver a la rutina.

Poniendo sensatez al metaverso del momento

Explicaba Peter Jarich, director de Inteligencia de la GSMA, que "la visión de lo que será el metaverso debe ir junto al progreso de la red y la transformación digital". Todo desde una visión del desarrollo de la tecnología VR, pero acompañado de la red 5G o incluso 6G, líneas de negocio, aplicaciones...

No dista mucho de las visiones de otros tantos integrantes de la organización. Ante todo, calma ante lo que se viene más allá de lo que presentan las compañías. "Yo distinguiría aquello que te permite tener realidades inmersivas y el futuro de internet", apunta Eduard Martín, CIO y Director de Conectividad Inteligente del Mobile World Capital de Barcelona, "porque todos hemos visto varios metaversos, pero tenemos que ver su utilidad y ser realistas". Tanto en sus aplicaciones que se adapten en las necesidades para una nueva era de Internet, como para que sirvan para algo más que hacer una reunión online con añadidos con más colorido.

El metaverso está lejos de ser una realidad para todos los públicos, y aún tiene que bajar a tierra firme para entender su camino y apuesta a futuro. Y sí, el metaverso del Mobile World Congress huele a pasado más que a futuro.