El mundo de la telefonía móvil, que durante años actuó como escaparate principal de innovaciones en el mundo de la tecnología, se ha convertido en un muermo. Suena duro, pero es la realidad. Y, tras pasar unos días deambulando por MWC 2022, esa impresión no ha hecho más que quedar reforzada.

Como siempre, existen excepciones. Productos que, por una razón u otra, llaman la atención, tienen una historia detrás que resulta interesante o aportan algo novedoso sobre la mesa. Pero insisto: hablamos de excepciones concretas.

El grueso de los móviles que las marcas anuncian –no solo en eventos como el MWC 2022, también a lo largo del año– son súper parecidos, carecen de magia y apenas levantan interés. Especialmente en las gamas inferiores, que es el segmento que, por cierto, más unidades mueve en los países del sur de Europa.

Samsung Galaxy S22

Pocas marcas, mismos proveedores

El mundo de la telefonía lo dominan cuatro empresas: Apple, Samsung, Xiaomi y las marcas derivadas del grupo BBK (Oppo, Vivo, Realme, OnePlus, etc.). Un número limitado considerando la magnitud del mercado del que hablamos. Y, como es habitual, cuando el número de compañías que lideran o controlan una industria decae, las ideas disruptivas también son menores –como sucede con los oligopolios o los monopolios–.

Todas estas empresas, además, tienen proveedores comunes: Qualcomm, MediaTek, TSMC, Samsung Display, BOE, etc. Y si todas las marcas tienen acceso a los mismos componentes para elaborar sus productos, la capacidad de diferenciarse se ve, nuevamente, limitada.

En este punto es importante matizar, eso sí, que Samsung tiene más capacidad de diferenciación que el resto de marcas mencionadas, pues muchos de los componentes que incorporan en sus productos –principalmente los que vemos la alta gama– son diseñados o fabricados in-house –como los procesadores Exynos o las pantallas AMOLED–.

De Apple se puede decir algo parecido. La empresa estadounidense tiene el control de ciertos componentes clave –como el procesador de los iPhone, diseñado internamente–. Pero su capacidad de diferenciación no queda ahí. Tanto su estrategia de producto como los volúmenes de ventas que gestiona coloca a la compañía en una posición ideal para exigir a sus proveedores el desarrollo de componentes ad hoc, mientras que otras marcas se limitan a escoger entre lo que sea que el suministrador tenga en su catálogo.

Realme GT 2 Pro

La economía de escala mata la diferenciación

Por otra parte, la economía de escala es una pieza fundamental en la estrategia de todas estas empresas. De ahí que muchos productos compartan algunos componentes –como vemos en los iPhone 13 o en los Galaxy S22, que tienen el mismo procesador–. Pero la cosa no queda ahí: algunas marcas que operan bajo un mismo paraguas a menudo lanzan productos exactamente iguales que simplemente difieren levemente en su estética o en su estrategia de comercialización –véase las duplas Poco X4 Pro / Redmi Note 11 Pro 5G que hemos visto en el MWC 2022 o los OnePlus Nord CE 2 5G / Oppo Find X5 Lite–.

Esta no es una práctica exclusiva del mundo de la telefonía. El Grupo Volkswagen, por ejemplo, es clásico ejemplo en este tema. Los vehículos de sus marcas comparten muchísimos componentes. Y el objetivo de esa estrategia no es otro que reducir los costes mediante el uso de cadenas de producción comunes y la posibilidad de negociar a gran escala con los proveedores (logrando descuentos en el precio unitario a cambio de la compra de grandes sumas).

En el caso de marcas cuyo grueso del negocio se sitúa en las gamas medias o bajas, donde el precio es un factor clave para cosechar ventas, esta optimización de costes tiene un peso especial. De ahí que las veamos lanzar productos con especificaciones idénticas pero con leves variaciones en ciertos aspectos –como el diseño– o enfocados en canales de venta diferentes.

Eso no quiere decir que a Apple, cuyos móviles superan los 500 euros, no le importe optimizar todo lo posible los costes de sus productos –de hecho le importa mucho–; pero, en un producto de 1.000 euros, subir 50 euros el precio apenas afecta a la decisión de compra; en un producto de 200, subirlo esos mismos 250, puede ser determinante.

Sin miedo a copiar

Es recurrente ver en ferias como el MWC 2022 productos que toman ideas descaradamente de la competencia. Lo vimos, por ejemplo, con el notch en 2017 y 2018. Todos los móviles, de repente, lo tenían; y el origen estuvo en el iPhone X. La única que prefirió mantenerse al margen por completo fue Samsung, que optó por pantallas perforadas como alternativa.

Existe una comodidad con la copia de ideas que, quizá, años atrás no existía. O al menos no de una forma tan explícita. El resultado, obviamente, es que cada vez tenemos menos productos con una identidad propia u original.

La madurez del mercado pesa

A todo esto debemos sumar la madurez del mercado. La revolución del smartphone, recordemos, arrancó hace 15 años con la llegada del primer iPhone. Y en este lapso de tiempo se han ido estableciendo patrones de los que, actualmente, resultaría difícil salir. No solo porque eso implica pensar outside the box, también porque los consumidores se han habituado a esos moldes. Sacarles de ahí con nuevas fórmulas es arriesgado.

Las compañías, además, se han ido nutriendo entre sí con el paso del tiempo, aprendiendo unas de otras e incluso convergiendo hacia puntos comunes en muchos sentidos. ¿La mejor prueba de ello? Cómo iOS y Android se han retroalimentado durante todo este tiempo.

Esta madurez se traduce, en la práctica, en evoluciones menores entre generaciones de producto. Lejos quedan los años en los que se ansiaba la llegada de actualizaciones de software porque traían múltiples funciones nuevas o cambios que transformaban profundamente nuestra forma de usar el teléfono en el día a día.

Las filtraciones dejan poco lugar a dudas

En el caso particular de las presentaciones, además, debemos sumar otro factor: las filtraciones. Cuando se llega a un evento de presentación como el MWC 2022, lo más probable es que el grueso de los productos se filtrase días e incluso meses atrás. Y, en los últimos años, estos leaks han ido aumentando en precisión, especialmente en el caso de marcas como Samsung.

Muchas marcas, además, han cogido la peculiar costumbre de anunciar sus teléfonos móviles en fascículos. Un día publican el nombre; otro una imagen de la parte trasera; y así hasta la presentación oficial, cuando se muestra el puzzle completo. Esto tiene un sentido: prolongar la cobertura que se hace de la marca. Pero también tiene un efecto negativo: la magia en torno a tu lanzamiento acaba siendo prácticamente nula.

Imagen: David Ortiz.

El puzzle que resta interés a una industria y, por consiguiente, al MWC 2022

Si sumas las pocas marcas que controlan el mercado, que todas tienen proveedores comunes, que la economía de escala impulsa a las marcas a reciclar componentes e ideas constantemente, que las filtraciones o las estrategias de comunicación eternas quitan la magia a los eventos de presentación y que el mercado esta tan maduro que la mayoría de innovaciones son increméntales en lugar de disruptivas, acabas con una feria como el MWC 2022 sin chicha ni limonada. Y es una conclusión que también podemos aplicar a todo el ciclo de noticias en torno a los teléfonos móviles.

Como comenté al inicio del texto, existen productos que se salen de esta tónica. Pero no son ni mucho menos la mayoría. Lo que sí es una conclusión sin matices es que el smartphone hace mucho que dejó de ser el producto estrella de la industria tecnológica. Van a seguir existiendo, porque son herramientas clave. Pero, sin duda, han dejado de ser esa fuente de interés que solían ser. Y este MWC 2022, uno de los más descafeinados de los últimos años, ha sido prueba de ello.