En los últimos meses escuchamos hablar del metaverso hasta el hartazgo. La mayor parte de la responsabilidad de que esto ocurra recae sobre Meta, la compañía que hasta 2021 conocimos como Facebook, y su fundador, Mark Zuckerberg. La posibilidad de vivir una vida en la virtualidad es más que un ardid publicitario para el empresario, quien parece dispuesto a quemar todas las fichas a su disposición para convertirla en realidad, incluso si ello conlleva tirar a la basura todo lo que han hecho en los últimos 18 años.

Hay algo que está muy claro: Meta ya no es Facebook. ¿Esto qué significa? Que la empresa ya no es la red social que se volvió furor en el mundo y que, en base a ese crecimiento en alcance y economía, fue capaz de absorber a otros jugadores en pleno auge —Instagram y WhatsApp— para expandir su dominio global.

A los ojos de Mark Zuckerberg, Meta es la visión superadora que pretende aprovechar el poder de sus distintas herramientas sociales para asfaltar el camino hacia el metaverso. Sin embargo, en el último tiempo se ha visto que no importa qué tantos empleados comprometidos con la causa estén a sus órdenes, ni cuántos miles de millones de dólares disponga la empresa para gastar a discreción. Cambiar rotundamente el destino de una compañía no es algo sencillo —algo que aplica a cualquier rubro—, especialmente cuando se apuesta por un intangible que recién podría estar disponible en la próxima década y del que la única certeza que se tiene es la convicción de la persona que lo promueve.

Dicho esto, es posible que Facebook haya cedido el cetro de producto prioritario de Meta al metaverso, pero sigue siendo la vía de ingresos más importante de la empresa. Sin embargo, algunas de las últimas decisiones de Mark Zuckerberg parecen pasarlo por alto.

Meta ya no es Facebook, pero no puede vivir sin él

Que Meta intente alejarse lo más posible de la marca “Facebook” tiene su lógica. Al fin y al cabo, la red social ha quedado muy golpeada por el escándalo de los Facebook Papers; y si bien no ha sido el primer rodeo de la compañía para lidiar con polémicas de gran calibre, las revelaciones de la informante Frances Haugen fueron como una estocada al hígado. Las acusaciones de censura, falta de acción para detectar y erradicar el discurso de odio, y la ausencia de medidas reales para detener la viralización de noticias falsas, fueron solo una parte de lo que dejaron los cientos de documentos internos que se hicieron públicos en el lapso de muy pocas semanas. Y ni hablar de todo lo que se desató en torno a la toxicidad en Instagram y su impacto sobre el público adolescente.

Así fue como el metaverso apareció como la pócima mágica que revertiría todos los males de Facebook y los haría desaparecer. Una receta a cargo del propio Mark Zuckerberg, quien a pesar de los cambios aplicados a su compañía sigue teniendo la última palabra sobre cada cosa que se cuece en ella.

Pero Meta no puede deshacerse de Facebook, por más que lo desee con todas sus ansias. Como dijimos anteriormente, la red social puede que ya no sea el producto con la prioridad N°1 pero sí es la que hace fluir los billetes. Al fin y al cabo, la publicidad digital representa el 98% de los ingresos de la compañía.

Sí, no importa que WhatsApp sea la app de mensajería más usada en el mundo; ni tampoco que Instagram sea la plataforma preferida por los adolescentes y jóvenes adultos; si Facebook cae, Meta se desmorona. Una prueba cabal de ello ha sido el reciente desplome del 24% en el valor de las acciones de la empresa, cuando se conoció que por primera vez en su historia Facebook perdió usuarios activos diarios. El golpe representó caer por debajo de los 600 mil millones de dólares en la capitalización de mercado, algo que terminó favoreciendo a Mark Zuckerberg frente a los reguladores, pero que resultó desastroso para los inversores.

Al metaverso, cueste lo que cueste

Entonces, si una compañía con alrededor de 70 mil empleados tiene sus ingresos concentrados casi totalmente en una única vía, ¿cómo pivotarla a un modelo de negocios completamente distinto sin tirar todo por la borda? Ese es el gran desafío de Mark Zuckerberg, y no queda demasiado claro cómo lo abordará. No importa qué tanta confianza le tenga al metaverso, si no logra crear una vía para generar dinero que sea tanto (o más efectiva) que la actual, el proyecto estará condenado a fracasar.

Y muchos dirán que en la vida virtual seguirá habiendo anuncios y formas de monetización; y están en lo cierto. Sin embargo, Meta ha montado una estructura de recolección de datos a través de sus plataformas —principalmente en Facebook— que seguramente sea imposible de replicar en el metaverso. De hecho, ya existe preocupación en torno a la identidad de los usuarios y a la protección de su privacidad, temas que se que deberán tratar en profundidad antes de que este tipo de experiencias vean la luz.

Pero eso no es todo, pues también existe una mayor conciencia por parte del público sobre lo que representa entregar sus datos a otras compañías. Mark Zuckerberg pudo explotar el crecimiento de Facebook en una época en la que a la gente no le importaba poner todos sus datos personales en la web; pero ya no es así. Y mientras más compañías le den a sus usuarios la posibilidad de evitar que se rastree su actividad en línea, peor será para Meta y empresas afines.

Además, la visión del CEO de Meta sobre el metaverso tampoco termina de contentar a sus empleados. A fines de enero pasado, The New York Times publicó que algunos empleados estaban siendo empujados casi a la fuerza a reaplicar para nuevas posiciones dentro de la empresa, para que se los reubique en puestos relacionados al desarrollo de soluciones de realidad virtual y realidad aumentada. Y a eso se le ha sumado que casi el 25% de las nuevas búsquedas laborales se enfocan a esos rubros.

Esto ha provocado que algunos de los trabajadores directamente salgan de la compañía y busquen un nuevo rumbo, al considerar que los esfuerzos se estaban concentrando demasiado en el metaverso.

¿Es Mark Zuckerberg un suicida?

Hoy es muy difícil saber si la obsesión por el metaverso dará los frutos que Mark Zuckerberg pretende. Sí queda la impresión de que la estrategia que ha adoptado el directivo es tremendamente agresiva para un producto que no estará disponible de aquí a varios años. Y eso puede tener un efecto muy negativo sobre sus finanzas, especialmente si se profundiza la caída de Facebook frente a rivales más atractivos como TikTok.

Está claro que deben "vender" la idea del metaverso tanto al público como a los inversores, pero también es una realidad que hoy la gente tiene preocupaciones más importantes en lo cotidiano que pensar si dentro de 10 años va a vivir su día a día a través de un avatar.

Tim Sweeney, el CEO de Epic Games, dijo hace poco que el metaverso será capaz de generar "varios billones de dólares" y movilizará la economía mundial. Es evidente que Mark Zuckerberg piensa igual, de lo contrario no hubiese gastado 10 mil millones de dólares en el desarrollo del metaverso solo durante el 2021. Pero eso no es garantía de nada.

Es posible que el fundador de Facebook piense que para ganar miles de millones, también es necesario estar dispuesto a perderlos. Sin embargo, no podemos dejar de pensar que su postura es —cuanto menos— temeraria.