Después del cliffhanger con que nos deja el episodio “Skin of Her Teeth” (1x07) de Dexter: New Blood (Clyde Phillips, 2021), el siguiente, titulado “Unfair Game” (1x08), podría limitarse a continuar a partir del mismo; lo que sería satisfactorio puesto que se ocupa de resolver nuestra curiosidad. Pero los guionistas David McMillan (Lucifer) y Tony Saltzman (Goliat), que ya había escrito “Smoke Signals” (1x03) y “H Is for Heroe” (1x04), nos ofrecen algo más que eso: una vívida pesadilla en la que el mayor temor de Dexter Morgan (Michael C. Hall) se hace realidad.

Si durante los capítulos anteriores se lo habían tomado con calma para desarrollar con la paciencia, los escrúpulos y la verosimilitud debidos el drama criminal de las características que tan bien conocemos desde Dexter (James Manos Jr., 2006-2013), ahora está clarísimo que por fin ha estallado el enfrentamiento que se gestaba sin ninguna clase de remilgos. Pero, en esta ocasión y pese a que otros seres queridos suyos se han visto afectados por sus correrías letales, el peligro que corren se expresa abiertamente. Aderezándolo con un doble acorralamiento.

El deseo morboso de que Dexter Morgan haga de las suyas

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Sin embargo, sus antagonistas no saben a quiénes se enfrentan; y uno se descubre con el deseo ansioso de que se lo demuestren, para lo que Harrison Morgan (Jack Alcott) tendría que dar rienda suelta a su naturaleza oscura, semejante a la de su complicado progenitor. Por otro lado, las ironías macabras que acostumbran a salir por la boca socarrona del protagonista nos las encontramos asomando por la de su gran enemigo en Dexter: New Blood, el ambiguo Kurt Caldwell (Clancy Brown), cuya rutina homicida es aún un misterio en parte.

Sus propósitos retorcidos para los insensatos que se le encaran, más allá del impulso sencillamente vengativo, constituyen otro enigma, pero van haciendo acto de presencia. No debemos olvidar que, tras esa fachada afable y comprometida, se esconde un depredador psicótico con el mismo tiempo de matanza continuada sin consecuencias que Arthur Mitchell (John Lithgow), el Asesino de la Trinidad, al que nos presentaron en la cuarta temporada de la primera serie. Así que no deberíamos subestimarle ni lo más mínimo por mucho que confiemos en Dexter Morgan.

Su voz en off nos gratifica con comentarios que, en otras circunstancias, podrían resultar una fanfarronada ridícula. Pero sabemos de sobra que no lo es en su caso peculiar, y consiguen desasosegarnos en “Unfair Game”, capítulo dirigido por Sanford Bookstaver (House) como “Smoke Signals”, “H Is for Heroe” y “Skin of Her Teeth”, debido a las ganas de que exhiba sus habilidades mortales con aquellos que, conforme Clyde Phillips y sus guionistas han construido las fuerzas en oposición a lo largo de Dexter: New Blood, nos parecen tan odiosos.

Mordiéndonos las uñas con ‘Dexter: New Blood’

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Tal vez, las intervenciones de la imaginaria Debra Morgan (Jennifer Carpenter) podrían haber contribuido a aumentar la tensión palpable aquí si no fueran tan breves y escasas. Un buen paseo huyendo por el bosque nevado con su fantasma inexistente poniéndole la cabeza como un bombo al atribulado Dexter Morgan habría sido algo digno de ver. Pero que no hayan optado por eso no desmerece en absoluto la inquietud indiscutible que logran provocar en los espectadores durante la mayoría del metraje medido del octavo episodio.

Porque lo que nos arrojan en “Unfair Game”, antepenúltima entrega de Dexter: New Blood, es un crescendo jalonado por momentos jugosos en tres focos distintos, que juegan con la negrura emocional, las falsas conexiones personales y, en última instancia, las verdaderas que se hallaban ocultas hasta que una esperada confesión las exponen sin tapujos. De este modo, la alarma sostenida una escena tras otra al punto de la ebullición se convierte, primero, en alivio y, enseguida, en un cierre inesperadamente conmovedor. Y es que el gran cara a cara ha llegado.