Hace un año fueron las vacunas del coronavirus las que competían por tener los mejores porcentajes de eficacia. Ahora, ya con la vacunación más que implantada en países como España, llega el turno de la carrera por el fármaco contra la COVID-19 más exitoso. Primero fueron Merck y Pfizer quienes presentaron sus propuestas, hace apenas unas semanas. Ahora ha llegado el turno de AstraZeneca, cuyo medicamento, basado en anticuerpos, no es en realidad una pastilla como las otras dos, sino un tratamiento inyectable

Al igual que Pfizer, aún no ha terminado sus ensayos clínicos, que acaban de pasar a la última fase. Sin embargo, ya cuenta con resultados preliminares que apuntan a una eficacia bastante alta en personas con factores de riesgo de desarrollar COVID-19 grave.

Además, al tratarse de anticuerpos, la protección es duradera. No puede considerarse una vacuna, ya que no estimula el propio sistema inmunitario de la persona vacunada. Pero sí un tratamiento a un plazo más largo. Estos son los datos más importantes, ¿pero qué más sabemos sobre el nuevo fármaco contra la COVID-19 de AstraZeneca?

Un fármaco contra la COVID-19 a base de anticuerpos

El fármaco contra la COVID-19, bautizado como AZD7442, está compuesto por la combinación de dos anticuerpos de acción prolongada.

Se administra por vía intramuscular, mediante inyección, en una única dosis de 300 o 600 miligramos. Presenta algunas similitudes y muchas diferencias con las pastillas de Merck y Pfizer.

El fármaco consta de dos anticuerpos y la eficacia podría prolongarse hasta seis meses

La primera diferencia es la más obvia: no es una pastilla. Además, no es un antiviral. Recordemos que molnupiravir, la propuesta de Merck, actúa boicoteando la replicación viral y paxlovid, la de Pfizer, evita que se corten las piezas que se usan para construir nuevas partículas virales. Esta, en cambio, proporciona anticuerpos para combatir el virus.

Y precisamente por ese motivo tiene una eficacia más duradera. De hecho, en los ensayos clínicos se ha hecho un seguimiento de los voluntarios durante 6 meses. En total participaron 903 personas, de las cuales, según un informe publicado por la compañía farmacéutica el pasado mes de octubre, el 90% tenían factores de riesgo de COVID-19 grave.   

Ahora, los resultados preliminares del ensayo clínico apuntan a que los voluntarios que recibieron la dosis de 300 mg del fármaco disminuyeron la probabilidad de desarrollar COVID-19 sintomático en un 83%, en comparación con los que recibieron placebo. Además, el porcentaje se eleva al 88% con una dosis de 600 mg.

En cuanto a los que sí desarrollaron síntomas, ninguno lo hizo de forma grave. Por eso, puede decirse que el fármaco de AstraZeneca, como el de Pfizer y el de Merck, puede servir para evitar que los pacientes de riesgo sean hospitalizados o fallezcan.

Y es que ese es el principal factor que tienen en común. Ya existían algunos tratamientos contra el coronavirus. Pero eran opciones que se usan en los hospitales generalmente para tratar a pacientes que ya están graves. Lo que se pretende con estas nuevas opciones que ahora empiezan a aparecer es que los pacientes con comorbilidades dispongan de algo a lo que aferrarse para evitar enfermar gravemente tras un contacto con una persona infectada o una PCR positiva. 

AstraZeneca aún no tiene luz verde

Según las declaraciones del investigador principal del ensayo clínico, Hugh Montgomery, vertidas por Medicalxpress, su fármaco contra la COVID-19 podría proporcionar a los pacientes vulnerables la protección que necesitan para “volver a su vida cotidiana”.

Eso es lo que todos queremos. Volver a nuestras vidas. Algunas personas en realidad nunca cambiaron sus vidas por la pandemia. Afortunadamente son una minoría. Otras, gracias a las vacunas del coronavirus, están volviendo a sus vidas anteriores poco a poco. Pero incluso con el aplastante éxito de las vacunas no está de más tener balas preparadas en la recámara. Para eso existen fármacos como el de Merck, que de momento es el único que ha recibido permiso de una agencia reguladora para su administración. Concretamente en Reino Unido. Y también, si todo sigue como parece, será muy útil el antiviral de Pfizer y el fármaco a base de anticuerpos de AstraZeneca. Aunque todavía tienen que finalizar los ensayos clínicos.

Y todo esto además de los fármacos que aún quedan por venir, porque la investigación en torno a esta pandemia está siendo imparable. Nos recuerda, en un ejemplo cristalino, que sin ciencia no hay futuro. Porque muchas personas con factores de riesgo, como los que han participado en estos ensayos clínicos, pueden seguir haciendo planes de futuro gracias a la ciencia. Literalmente.