Desde que comenzó a implantarse, el método de etiquetado NutriScore no ha estado exento de polémica. Según los expertos en nutrición, este semáforo nutricional puede confundir a los consumidores, llevándoles a pensar que determinados productos procesados, con una gran cantidad de ingredientes insanos, son más adecuados que otros mucho mejores. Pero, por si eso fuera poco, en los últimos meses no han parado de aumentar los casos de empresas que han encontrado resquicios en el procedimiento, que les permiten subir fácilmente de posición, disfrazando de saludables productos que realmente no lo son.

Es una práctica que ya han interiorizado muchas compañías y que no ha hecho más que empezar, pues los resultados para ellos son muy positivos con muy poco esfuerzo. ¿Pero qué pasa con los consumidores? ¿Cómo nos vemos afectados nosotros por estas tácticas?

Un problema creciente

El 44.9% de los hombres españoles tiene sobrepeso. En el caso de las mujeres, es el 30.6%, según el INE. Cada vez se habla más de la pandemia, pero no la del coronavirus. Esa otra pandemia silenciosa que afecta tanto adultos como a niños. Hay datos escalofriantes como que, entre 1975 y 2016, la prevalencia mundial de la obesidad se ha casi triplicado, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). No es un problema que se pueda dejar de lado, aunque las medidas para controlarlo no son fáciles. La educación sobre una alimentación sana y equilibrada es uno de los retos, aunque el foco se ha puesto en algunos países de Europa en los llamados semáforos alimentarios, especialmente el NutriScore. 

Entenderlo, a priori, es fácil. Se trata de un semáforo alimentario colocado en la parte frontal de los envases en los que se clasifican los alimentos en cinco colores. El verde, una A, considerado como el "más saludable" y evolucionan de manera progresiva hasta una E, en color rojo. Han sido necesarios algunos cambios en la metodología de NutriScore por críticas por parte de la industria alimentaria. La más conocida, la mala puntuación del aceite de oliva y el jamón ibérico.

Un sistema 'simplista'

Wikipedia

NutriScore funciona con un algoritmo que puntúa cada alimento en función de sus nutrientes. Hay algunos considerados desfavorables, como los ácidos grasos saturados y los azúcares. Las proteínas y fibras están en el montón de elementos considerados como favorables. El porcentaje de cada uno de ellos será lo que decida el color y la letra en NutriScore. Este sistema no ha estado exento de críticas.

Miguel Ángel Lurueña, tecnólogo alimentario y autor de Que no te líen con la comida, dijo que este sistema cae en el simplismo de evaluar los alimentos en función de sus nutrientes aislados. "Se pierden otros matices que pueden estar presentes en el alimento. Hay que evaluar el alimento en su conjunto, por eso sabemos que el aceite de oliva es saludable y se hicieron modificaciones", explicó a Hipertextual

Las modificaciones han pasado por aclarar que las puntuaciones de NutriScore se basan en su comparación con otros productos. Tuvieron que haber otras polémicas en redes sociales como la comparación entre el aceite de oliva, con una alarmante D, y la Coca-Cola Zero, con una B. Pero ni por esas los críticos se han puesto de lado de NutriScore, y las polémicas no han cesado. 

Cómo darle la vuelta al NutriScore

No es nada nuevo que las empresas hayan encontrado la manera de obtener buenas puntuaciones en NutriScore. Aunque sea para productos que se alejan mucho de ser saludables. En su libro Que no te líen con la comida, Lurueña expuso que los yogures azucarados de una de las marcas más vendidas de España contenían un 12,5% de azúcares y aportaban 82 kilocalorías por cada 100 gramos. La puntuación era una C. "El fabricante solo tuvo que utilizar 0,6 gramos menos de azúcar por cada 100 gramos de producto para que los yogures aportaran 5 kilocalorías menos, pasando de 82 kilocalorías por cada 100 gramos a 77. De este modo, la puntuación cambió de la C de color amarillo a la B de color verde". 

En Twitter, el tecnólogo alimentario exponía un caso concreto. 

Un fenómeno parecido ocurre con los cereales de desayuno. En este caso, basta con añadir un poco de fibra al producto para que obtengan una mejor puntuación. "Este elemento suma puntos positivos que enmascaran la puntuación negativa debida al azúcar", continuaba Lurueña en su libro. Es una práctica conocida, más allá de las fronteras españolas. 

"Añadir fibra solo va a mejorar el resultado del NutriScore", explicó la farmacéutica y experta en seguridad alimentaria Gemma del Caño. "Añadir fibra está bien, sí, necesitamos 25 gramos diarios, pero no supone tampoco una diferencia importante. Sobre todo no debemos caer en la creencia de que unos ingredientes restan a otros. Si el conjunto global no es correcto, el producto va a seguir sin serlo".

Por supuesto, debemos entender que esto hace referencia a la fibra añadida. Es cierto que la fibra presente en los alimentos, por ejemplo en la fruta, nos ayuda a metabolizar la glucosa más despacio, evitando fenómenos peligrosos, como los picos de insulina. Por eso es mejor tomar la fruta entera que en zumo. Sin embargo, la fibra añadida a un producto tan azucarado como unos cereales no tendrá ningún efecto beneficioso para la salud del consumidor.

Mejor puntuación, mejorando lo justo

En cuanto a cómo de común es esta práctica, lo cierto es que más de lo que nos gustaría. Basta con disminuir mínimamente la cantidad de azúcar o grasas, por ejemplo, sin que varíe mucho el sabor, para no causar rechazo en el consumidor. Y, voilá, ya estaríamos un peldaño más arriba en la escala hacia la ansiada A del NutriScore. Se hace y se seguirá haciendo mientras se siga usando esta herramienta. "Con el tiempo casi todos vamos a recurrir a estas prácticas", comentó del Caño.

"En un principio fíjate que yo confié en que el NutriScore no iba a mejorar la elección del consumidor por sí mismo, sino que iba a mejorarnos entre nosotros (quienes trabajan en la industria alimentaria) para tener una mejor competencia y contar con un esfuerzo más para poner ingredientes de mejor calidad y mejorar la puntuación. Pero es que nos hemos dado cuenta de que la variación es tan pequeña y las ventajas son tantas que ni siquiera se va a hacer una mejora sustancial en la calidad nutricional de los productos".

Nestlé afirmó que trabajan en un plan de mejora para reformular nutricionalmente sus productos

En definitiva, hay determinados productos procesados que, por mucho que se intenten maquillar, seguirán teniendo la misma calidad nutricional. "Tendríamos que tener una categoría nueva que se llame 'Aunque la mona se vista de seda', que es justo la de estos productos que no mejoran la calidad nutricional, pero sí mejoran en el NutriScore. Por ejemplo, en un procesado como unos cereales da igual si se reduce un poco el azúcar, en general no hay variación que haga que ese producto sea mejor".

Hipertextual se ha puesto en contacto con Nestlé para tener más detalles sobre casos como el de los cereales. La empresa indicó por correo electrónico que están trabajando en un plan de mejora continua y que llevan años reformulando y mejorando nutricionalmente sus productos. En el caso del cacao Nesquik, "no solo hemos reducido la cantidad de azúcar, sino que además recientemente hemos lanzado un cacao soluble más intenso 100% cacao puro y sin azúcar añadido. En este sentido, un vaso de leche con Nesquik tiene cabida dentro de una alimentación equilibrada y de un desayuno variado". 

El 'interés' de la industria

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Juan Revenga, dietista-nutricionista y autor del libro Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la historia de la obesidad y la industria del adelgazamiento opinó que el caso de Nesquik que se expone en el tuit tiene dos lecturas. La primera, que estos cereales ya tenían una B tal y como estaban formulados, a pesar de tratarse de un producto de comida basura. La segunda es el "interés que tienen las marcas por mejorar su imagen". 

Revenga expuso para Hipertextual que muchas marcas, como Nestlé en el caso de los cereales Nesquik, están vendiendo una imagen de preocupación con la salud pública a través de NutriScore. "El semáforo nutricional dependerá de si se quiere primar el sector industrial o la salud pública" y añadió que son dos elementos incompatibles. 

"Si beneficias la salud pública perjudicas al sector industrial. Y al revés. Lo que está haciendo NutriScore es jugar con esta dualidad. NutriScore está hecho para mejorar el sector privado y la industria alimentaria pero se tiran el pisto de que es todo por salud".

Juan Revenga

Citó a la ex directora general de la OMS, Margaret Chan: "Si una industria está involucrada en la formulación de políticas de Salud Pública, tengan la seguridad de que aquellas medidas más eficaces serán o bien minimizadas o bien apartadas en su totalidad".

NutriScore, a examen por sus defensores

Sin embargo, Revenga recordó que las instituciones quieren dar un aura de transparencia y han abierto un período de consulta pública. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) explicó en su página web que "cualquier parte interesada, especialmente operadores alimentarios y asociaciones de consumidores" pueden enviar sus solicitudes sobre las evoluciones del algoritmo de NutriScore antes del 15 de septiembre. "Las solicitudes validadas por una mayoría de dos tercios de los miembros del comité directivo de los, hasta ahora, 7 países europeos que lo componen, serán luego enviadas a los expertos del comité científico de NutriScore para su examen detallado".

El Comité Científico de NutriScore está formado por 11 personas. En un tuit, Juan Revenga escribió que uno de los miembros de este comité, Julia Chantal, es también miembro del Comité científico de la gobernanza transnacional del sistema NutriScore. Asimismo, Hipertextual ha confirmado que 4 de los 11 miembros forman parte del "Grupo de científicos europeos que apoyan la implementación de Nutri-Score en Europa", actualizado el 16 de marzo de 2021. Se trata de Fernando Rodríguez-Artalejo, Stephanie ​​Vandevijvere, Torsten Bohn y Julia Chantal.

Hipertextual se ha puesto en contacto con Aesan para tener más detalles sobre los procesos de selección de los miembros y el procedimiento para evaluar NutriScore pero no ha recibido respuesta hasta la fecha de publicación de este artículo. 

¿Qué dice Nestlé? 

Los posicionamientos de nutricionistas y expertos chocan con los de grandes empresas como Nestlé, que comentó a este medio que uno de sus propósitos es mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas. En concreto, Nestlé indicó que uno de los pilares de la estrategia empresarial es la investigación científica. "La compañía dispone de una red privada mundial de I+D dedicada a la nutrición, con 23 centros de investigación distribuidos por todo el mundo en los que trabajan cerca de 3.900 personas". 

Uno de los centros especializados en la investigación básica de nutrientes y tecnología de los alimentos, continuó la empresa, es el Nestlé Research Center, que se encuentra en Lausanne (Suiza). 

"En este centro se hacen avances científicos en el área de azúcares, sal y grasas y sus efectos en la salud y se investiga acerca de innovaciones tecnológicas que permitirán reducir los que añadimos en nuestra cartera de productos sin comprometer la seguridad, la calidad y el sabor". 

Nestlé

Esto permite a la compañía, según afirmó a Hipertextual, que estén alineados con las expectativas de los consumidores que, cada vez más, demandan productos más naturales. NutriScore es, por lo tanto, un aliado para Nestlé a la hora de llevar a cabo estos objetivos.  

Sin embargo, esta meta se contrapone a un documento interno de la compañía alimentaria en el que reconoció que más de un 60% de sus productos no cumplen con los criterios para ser saludables. El documento, publicado por Financial Times, afirmaba también que muchas bebidas y alimentos de la empresa "nunca serán saludables por mucho que se renueven".

Pocos entienden el sistema de NutriScore

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El otro problema de NutriScore, según dietistas y tecnólogos alimentarios como Miguel Ángel Lurueña, es la confusión que provoca en la población. Si una persona lee en el etiquetado que unos cereales tienen una A o B de color verde en el semáforo, interpretan que es un producto saludable, aunque no sea así. "Que unos cereales de desayuno tengan una A no quiere decir que sean saludables, sino que son los que mejor perfil tienen dentro de la categoría de cereales de desayuno", dijo Lurueña. Aunque lo lógico es interpretar que un producto de A y B son sanos y los rojos insanos. 

Existen varias iniciativas para intentar combatir estos "malos entendidos" que pueden poner en peligro la salud de los consumidores. Una de ellas es complementar el semáforo de NutriScore con otros que pueden complementar la información. "NutriScore no cubre todas las dimensiones de salud de la dieta, incluyendo el grado de ultra-procesamiento (incluyendo la presencia de aditivos) ni la presencia de pesticidas, por ejemplo. Y no da información sobre el impacto ambiental de los alimentos", explicó por correo electrónico Pilar Galán, nutricionista, epidemióloga e investigadora del EREN (Equipo de Investigación en Epidemiología Nutricional) de la Universidad de París, así como una de las desarrolladoras de NutriScore. En definitiva, resumió que ningún logotipo puede cubrir toda esa información. 

Por lo tanto, se ha recomendado combinar NutriScore con otros métodos como el logotipo NOVA -que va de 1 a 4, la puntuación 4 de NOVA corresponde a los alimentos ultraprocesados-. No obstante, los expertos consultados por Hipertextual opinaron que combinar varios métodos puede provocar todavía más confusión en el consumidor. Podría encontrarse, por ejemplo, con unos cereales calificados con una B de color verde en Nutriscore pero con la peor puntuación según NOVA. ¿A qué indicador deberían hacer caso?

Las cosas claras

De nuevo, la información para el consumidor es uno de los principales retos. Galán admitió que se necesita una comunicación adecuada para entender NutriScore, pues "no se sustituye en ningún caso a las recomendaciones generales de salud pública que se refieren a grandes grupos de alimentos".

"Corresponde a los organismos de salud pública sobre todo y también a los profesionales de la salud hacerlo. La idea es comunicar y explicar  a los consumidores que no se recomiendan las pizzas o los cereales desayuno, o los alimentos ultraprocesados... pero para los que pese a las informaciones aportadas quieren consumirlos, se les debe aconseja elegir los que tienen la mejor calidad nutricional y limitar los clasificados D o E en cantidad y frecuencia". 

Pilar Galán

Subrayó también que NutriScore no es un sello de aprobación por parte de las autoridades sanitarias y no recomienda que se consuma con el pretexto de ser sanos. Aunque también sabe que no es un sistema 100% perfecto y que algunos puntos pueden ser mejorados. Pilar Galán hizo referencia a las actualizaciones que se han llevado a cabo cada 3 años. "Un comité científico compuesto por investigadores independientes (dos nombrados por país, dos de ellos españoles) trabaja desde hace varios meses sobre las mejoras a aportar al algoritmo del NutriScore basándose en los conocimientos científicos que les parecen importantes pero sin ceder a las presiones de los grupos de presión". 

'Ni un euro de los industriales'

Gracias a este grupo, continuó, NutriScore funciona sobre decenas de miles de alimentos. Calificó, por lo tanto, que es absurdo que los detractores rechacen en bloque este sistema sobre la base de algunas imperfecciones que serán seguramente corregidas por el Comité Científico anteriormente indicado en este reportaje. 

En este contexto, la nutricionista destacó que Nutriscore se ha diseñado por científicos académicos sin relación con la industria y "sin recibir ni un euro de los industriales". 

Pilar Galán recordó que, a pesar de todo, NutriScore es uno de los elementos de una política nutricional de salud pública. Debe, por lo tanto, combinarse con otras medidas como, ejemplificó, medidas de regulación fiscal para subvencionar los alimentos de mayor calidad. O fomentar una regulación que prohíba la publicidad y las acciones de marketing de productos de baja calidad nutricional. 

Qué dicen los estudios sobre NutriScore

En sus declaraciones a Hipertextual, Pilar Galán aseguró que "un gran número de estudios epidemiológicos en grandes poblaciones han demostrado que en condiciones reales (en supermercados en línea, en tiendas experimentales o en grandes supermercados reales) los consumidores mejoran la calidad nutricional global de sus cestas de la compra (menos grasas, menos dulces, menos salados, más frutas...)". Y también que "otros estudios realizados en cohortes de varias decenas o cientos de miles de personas han demostrado que elegir alimentos mejor clasificados en la escala de NutriScore se acompaña de un menor riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares u obesidad". Por ese motivo, recordó que "recientemente la IARC/OMS ha apoyado a NutriScore como herramienta para reducir el riesgo de cáncer".

Buena parte de los estudios al respecto cuentan con desarrolladores del NutriScore entre sus autores

Ahora bien, ¿cuáles son esos estudios? Al hacer una búsqueda al respecto, nos encontramos con una revisión de varios de ellos, realizada por Stephan Peters, director científico de la Asociación Holandesa de Productos Lácteos. Dicha revisión, publicada en marzo de 2021, iba dirigida a analizar dos aspectos fundamentales sobre NutriScore. Si conduce a los compradores a elegir opciones más saludables y si estos entienden cómo funciona.

En una búsqueda en la literatura científica publicada en PubMed, encontró trece estudios que analizaban estos dos puntos. Curiosamente, once de ellos contaban entre sus autores con algunos de los desarrolladores del NutriScore, mientras que los dos restantes eran de científicos totalmente ajenos a él. En cuanto a los métodos empleados, en los once del primer grupo solo uno era un ensayo experimental, con los demás basados en encuestas autoinformadas. Sin embargo, las dos investigaciones independientes sí que eran experimentales.

Peters incide en la importancia de que se realicen ensayos en condiciones realistas, a ser posible en supermercados físicos. Pero no hay ninguno de este tipo. El único de los realizados por desarrolladores del NutriScore se realizó en un supermercado online, al igual que uno de los independientes. En cuanto al otro independiente, los datos se extrajeron de las compras realizadas en la cafetería de una Universidad de Colombia. Esta vez, se vio que el uso de NutriScore condujo a la adquisición de productos con un mayor contenido proteico y más calorías. Incluso el precio era ligeramente más alto. En el otro independiente, se realizó una comparación con el etiquetado MTL, empleado en Reino Unido. Así, pudieron ver que fue este el que condujo a la reducción en el número de calorías. No el NutriScore.

¿Significa esto que hay un modelo mejor que el otro? Realmente es algo que no podemos afirmar con este tipo de estudios. Y es que precisamente lo que se critica tanto de este como de otros etiquetados es que el consumidor no disponga de información suficiente para hacer una compra saludable. Comprar productos con un alto contenido en proteínas quizás sea bueno para quienes realizan mucho ejercicio físico y buscan aumentar su masa muscular. Pero no tanto para alguien con otros requerimientos físicos. En cuanto a las calorías, no dejan de ser una forma de medir la energía, por lo que su consumo también dependerá de nuestros requerimientos. Además, a menudo hay productos con un contenido bajo de calorías que no son para nada saludables. 

Por eso, llama la atención un estudio realizado en 2017 en BMJ, encabezado por la antes mencionada Julia Chantal. En él, se concluye que este método de etiquetado "atrae a sujetos con menor adherencia a las recomendaciones nutricionales". Y esto puede ser un problema, porque precisamente al no tener claras cuáles son esas recomendaciones pueden no saber realizar esa necesaria interpretación de la que tanto hablan los defensores de este etiquetado. 

La percepción del consumidor también es importante

Ahora bien, más allá de la capacidad de interpretación, ¿cómo perciben los consumidores estos etiquetados? En la revisión de Peters, se citan varios estudios realizados por desarrolladores del NutriScore en los que la metodología es la misma. Primero, se muestran tres variedades diferentes de tres productos concretos: pasteles, cereales de desayuno y pizzas. Después, se pregunta a los consumidores sobre sus preferencias, así como por su nivel de confianza con respecto a los distintos tipos de etiquetado. Aunque en algunos se detecta un ligero beneficio con el uso del NutriScore en comparación a la ausencia de etiquetado, las diferencias son muy pocas. Además, hubo uno de los realizados por desarrolladores del NutriScore en el que se concluye que, de cinco métodos de etiquetado, el NutriScore es del que menos se fían los consumidores. Y también el que menos se entiende. 

La disposición de los productos en el supermercado puede influir en las decisiones del consumidor

Pero sobre todo es importante tener en cuenta que comparar solo tres productos no es suficiente. Y que también sería interesante realizar algún estudio en un supermercado físico. No debemos olvidar que cuando compramos en un establecimiento, con todo a mano, es más fácil caer en la tentación. Y, quizás, si pasamos por el pasillo de las galletas y vemos unas con una A nos sentiremos más atraídos que si nos limitamos a introducir la lista de la compra en un buscador. Esto puede verse en otro estudio citado por Peters, que no se encontraba en PubMed. En él, se analizaba el comportamiento de los compradores al elegir entre cuatro productos con diferentes calificaciones en NutriScore. Pero esta vez en un supermercado físico. Así, puede verse que los efectos positivos eran 17 veces menores que en el online.

Y es que, en realidad, en estos casos hay otros métodos que quizás podrían ser más interesantes que el etiquetado elegido. Por ejemplo, recientemente un equipo de científicos de la Universidad de Southampton publicó un estudio en el que se concluye que la disposición de productos en el supermercado puede influir positivamente sobre las decisiones de los compradores, al colocar los alimentos más sanos de una forma más accesible y atractiva. Pero bueno, eso, en realidad, es otro cantar.