¿Cómo funcionan las polémicas, pero necesarias, etiquetas para los alimentos?

Gracias a este nuevo modelo de etiquetado, los consumidores tendremos pleno conocimiento de lo que compramos, sin tener que descifrar todo el contenido que se encuentra en las etiquetas actuales.

Por – Nov 13, 2018 - 16:15 (CET)

Gracias al trabajo de nutricionistas y divulgadores científicos, cada vez es más frecuente ver en los supermercados a consumidores que se toman su tiempo leyendo las etiquetas de los productos, en vez de arrojarlos directamente al carrito, cual autómatas guiados por una lista de la compra. Sin embargo, que nos esforcemos en leer las etiquetas no quiere decir que siempre las entendamos. Por eso, sería genial contar con un código de colores que nos dijera qué productos son más sanos y cuáles deberían tomarse solo con moderación.

Eso es precisamente lo que se conseguirá con el nuevo modelo de etiquetado presentado ayer por la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo. Debería ser una gran noticia, por lo tanto, pero muchas personas la han recibido con gran recelo, temerosas de que se puedan demonizar productos que realmente son saludables o potenciar el consumo de alimentos procesados. ¿Hay realmente motivos para este revuelo? Lo cierto es que no.

Crédito: Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social

¿Qué es el modelo Nutriscore?

Hace seis meses nuestros vecinos franceses pusieron en marcha este modelo de etiquetado, que próximamente será tomado también en otros países europeos, como Portugal y Bélgica. A grandes rasgos, consiste en un código de letra y colores, que va desde la A, de color verde oscuro, hasta la E, de un rojo intenso. Como en un semáforo, los alimentos con etiquetas que tienden al verde serán los más saludables, mientras que los que se acercan al rojo serán las opciones menos aconsejables.

Esta letra clasifica a los productos según su contenido en azúcar, grasas saturadas, sal, calorías, fibra y proteínas, en base a un algoritmo que fue diseñado por un equipo de investigadores británicos en 2005 y validado más tarde por la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido. Todos los alimentos se etiquetan de este modo, salvo las bebidas, las materias grasas y los quesos, en los que ha sido necesario introducir adaptaciones a la puntuación inicial para garantizar una mejor coherencia con las recomendaciones nutricionales de salud pública.

Mejor que el semáforo nutricional

Esta noticia llega apenas una semana después de que cinco grandes multinacionales de la industria alimentaria anunciaran que incluirían en su etiquetado un semáforo nutricional que clasificaría con un código de colores los diferentes nutrientes del producto. Es decir, habría un color para las grasas, otro para los azúcares, otro para la sal y así con todos. Esta iniciativa es mucho menos clara que el Nutriscore. Por poner un ejemplo, ¿qué pasaría si tenemos un verde en las grasas y un rojo en los azúcares? ¿Lo tomamos o no? Por esta y otras razones, ha sido una noticia muy criticada por varios profesionales del sector.

“La primera ventaja de Nutriscore con respecto al semáforo nutricional es la evaluación global del producto”, explica a Hipertextual la farmacéutica especializada en innovación, biotecnología y sanidad alimentaria Gemma del Caño. “Además, está basado en evidencia científica y se mantiene en valores de 100 gramos, en vez de en raciones. Esto último daba pie a que se tomaran raciones alejadas de la realidad”.

Miedos innecesarios

Entre las principales críticas que han surgido a raíz del anuncio de la puesta en marcha de Nutriscore, que se implantará totalmente dentro de un año, se encuentra la posible demonización de productos ricos en grasas saludables, como el aguacate. Sin embargo, es un temor innecesario, dada la normativa de este nuevo método de etiquetado. “Para empezar, el aguacate no llevará Nutriscore, ya que los alimentos no envasados no lo necesitan”, asegura del Caño. “Si elegimos otro producto controvertido como el aceite de oliva, la clasificación sumará y quitará puntos dependiendo del global de sus ingredientes. Si la evidencia dice que comerte 100 gramos de aceite no es correcto, es que no lo es. Ajusta la ración. Pero creo que nadie tiene que decirnos los beneficios de un aceite de oliva y sí los perjuicios que tienen algunos procesados. Estamos viendo la parte menos ajustada del sistema en vez de analizar que nos va a permitir una decisión de compra que actualmente no tenemos”.

Por otro lado, también ha surgido cierto recelo en lo referente a la clasificación de productos procesados, con un alto contenido de aditivos, pero bajos niveles de azúcares o grasas, por ejemplo. ¿Supone entonces algún problema que estos alimentos se clasifiquen con una A o una B? Gemma del Caño lo tiene claro:

“Si no tiene azúcar, la harina es integral completamente y lleva aceite de oliva virgen extra ¿por qué iba a merecerse una mala puntuación? Pues la misma de buena que si lo hacemos en nuestra casa, no podemos tenerle manía a los procesados por sistema. Además, los aditivos son necesarios y completamente seguros”.

No debemos olvidar que gracias a ellos, por ejemplo, nos protegemos de algunas infecciones que se pueden contraer por culpa de una mala conservación de los alimentos.

Un paso hacia una mejor alimentación

Tras el anuncio de la implantación de Nutriscore el ministerio de Sanidad informó también que se limitará la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a niños menores de quince años. Además, se tomarán medidas en colegios e institutos para restringir la venta de alimentos y bebidas clasificados en los grupos más cercanos al rojo.

Todo esto es una gran noticia, que se une al hecho de que los propios consumidores tendremos la libertad de elegir qué compramos, con total conocimiento de su calidad nutricional. Esa libertad también implica “riesgos”, ya que se podría caer en cierto nivel de extremismo, con la creación de dietas diseñadas solo a base de productos A o miedo a consumir la más mínima cantidad de los peor calificados. Sin embargo, ese extremismo ya existía antes de este nuevo modelo de etiquetado y, al menos, ahora se hará con datos exactos, basados en evidencias científicas. Además, como bien puntualiza Gemma del Caño, si se dejan de consumir los productos etiquetados con una E, en la industria los dejarán de fabricar. “Ya sólo con eso, merece el esfuerzo de darle una oportunidad a este sistema”.

Por lo tanto, esta nueva noticia es un gran avance para informar debidamente a los consumidores del producto que se están llevando a sus casas. “Siempre se puede mejorar, pero no hay duda de que es un paso fundamental para que el consumidor puede hacer una compra libre e informada de verdad”. No hay nada que temer y sí mucho que celebrar.