Muchos consideran que el iPhone 13 habría sido, según la antigua nomenclatura de Apple, un iPhone 12S. Y, en cierto modo, están en lo cierto. El nuevo teléfono de la empresa norteamericana no trae consigo un diseño significativamente distinto ni un abanico de novedades tan amplio como el que disfrutamos con la generación anterior –que abrió la puerta a la conectividad 5G, la tecnología OLED, el sistema MagSafe y diversas mejoras en el campo de la fotografía, entre otras cosas–.

Sin embargo, que los avances de este modelo sean menos notorios que los del año pasado no resta ni un ápice de valor a este iPhone 13. Y es que el nuevo teléfono de Apple, en realidad, ha evolucionado en prácticamente todos los sentidos. Es más rápido, tiene un diseño levemente más refinado, la cámara es capaz de captar aún mejor los momentos que vivimos y la autonomía ha mejorado significativamente. Muchas marcas querrían decir algo así de su producto estrella tras haber dejado el listón altísimo con su predecesor.

Otro factor a tener en cuenta es que los periodos de renovación son cada vez mayores. O lo que es lo mismo: retenemos durante más tiempo los teléfonos que compramos. Esto quiere decir que la mayoría de los que decidan comprar este iPhone 13 vendrán, probablemente, de modelos con dos o más años de antigüedad. No de un iPhone 12.

Tras esta breve introducción, entremos en materia. ¿Cómo se comporta este iPhone 13 en el día a día? ¿Qué cambios encontramos respecto al iPhone 12? ¿Es este el teléfono que te debes comprar? Esas son algunas de las preguntas a las que he intentado responder durante los días que he pasado con este teléfono en el bolsillo. 

Spoiler: este móvil lo tiene todo para seguir siendo un superventas.

El día a día con un iPhone 13

El rediseño del iPhone 12 fue un triunfo. Los laterales planos hechos en aluminio, la reducción de los marcos que rodean la pantalla, el nivel de refinamiento que presentaba en cada esquina y las sensaciones que transmitía el producto al sostenerlo en la mano le convirtieron en uno de los smartphones con mejor acabado del 2020. Y, en esta ocasión, podría repetir esa misma oda sin cambiar un solo detalle, pues el buen feeling ha permanecido intacto en esta nueva generación.

Sostener el iPhone 13 en la mano es un placer, casi tanto como observarlo. El nuevo abanico de colores, además, es bastante acertado. Especialmente la unidad en rosa, que es la que he tenido ocasión de probar. Se trata de un tono distinto, pero a la vez discreto. Y también es lo suficientemente neutro como para encajar en todas las facetas de tu vida: en una reunión de trabajo, en una fiesta con tus amigos, en una celebración familiar, etc.

Las preferencias en este campo, no obstante, son bastante subjetivas. Por lo tanto, si dudas sobre qué color comprar, lo mejor es acercarse a una tienda en la que tengan todos los modelos expuestos. Así podrás determinar de primera mano cuál es el iPhone 13 que más se amolda a tu estilo o preferencias personales.

En lo que respecta al tamaño, tanto la pantalla de 6,1 pulgadas como las dimensiones del chasis han permanecido intactas respecto al modelo previo. He de reconocer que en mi caso prefiero las pantallas de grandes dimensiones –como la del Pro Max–. Pero debemos admitir que ese es un tamaño que no convence a todo el mundo. Las 6,1 pulgadas de este iPhone 13, en cambio, se sitúan en un punto muy dulce que combina manejabilidad con una pantalla lo suficientemente grande para jugar o disfrutar de contenidos multimedia. Y teniendo en cuenta que este producto está enfocado al gran público, podríamos decir que mantenerse en ese punto intermedio es todo un acierto.

La pantalla, por cierto, ahora brilla más. Concretamente, 175 nits más, alcanzando un brillo máximo de 800 nits que, para reproducir contenidos en HDR, puede ascender hasta los 1.200 nits. En otras palabras: son las mismas cifras que alcanzaban los iPhone 12 Pro. Y a esta evolución se suma la excelente calibración de color de Apple –que no sobresatura los colores por defecto como sí hacen otros teléfonos de alta gama–, el elevado ratio de contraste del panel OLED, la compatibilidad con formatos como HDR10, HLG o Dolby Vision y tecnologías propias de Apple como True Tone. Sin lugar a dudas este es un panel excelente en todos los sentidos.

El notch, por cierto, es ahora un 20% más pequeño. Estéticamente queda un poco mejor, sí, pero funcionalmente no cambia nada. El extra en espacio que se gana a los laterales no se traduce, por ejemplo, en más iconos en las esquinas.

La disposición de las cámaras traseras también ha cambiado respecto a la generación anterior. Pasamos de una alineación vertical a una diagonal. Las dos cámaras, además, ocupan algo más de espacio. El cambio no es significativo, pero sí creo que la nueva ubicación tiene un mayor equilibrio visual.

Respecto al iPhone 12 también ha aumentado el grosor. Eso sí: hablamos de pocas décimas de milímetro. Salvo que los pongas lado a lado, la diferencia es imperceptible. E incluso en ese caso es probable que muchos ni siquiera llegasen a darse cuenta de ello. A cambio, eso sí, nos llevamos una batería de mayor capacidad. Concretamente, una con 12,41Wh, lo que supone un incremento del 15% respecto al iPhone 12.

Apple asegura que esta mejora, sumada a la eficiencia energética de los distintos componentes, se traduce en unas 2,5 horas más de uso que el modelo previo. También proporciona los siguientes datos en su página web:

¿Se corresponden esos números con la realidad? Es difícil verificarlo, pues desconocemos la metodología exacta que Apple ha seguido en dichas pruebas. Lo que sí puedo afirmar es que, efectivamente, la autonomía del iPhone 13 es mejor que la del iPhone 12. Y eso que la del modelo previo era lo suficientemente buena como para afrontar una jornada de uso sin ningún tipo de miedo.

Para que tengáis una referencia: un día usé el iPhone 13 para hacer decenas fotos, reproducir música durante varias horas con Spotify, grabar algunos vídeos en 4K o con el modo cine, hablar mediante aplicaciones como iMessage o WhatsApp, navegar por redes sociales, llegar a un sitio con Google Maps e incluso darle internet a un iPad haciendo tethering durante, aproximadamente, 40 minutos. Y, casi todo el tiempo, el teléfono estuvo en exteriores –lo que implica un mayor consumo energético de la pantalla al brillar más de lo habitual– y conectado a una red 5G. A las 9 de la noche, aún tenía un 10-15% restante.

En lo que respecta a la carga, por cierto, nada ha cambiado respecto al modelo previo. La carga rápida del teléfono es de 20 W, una cifra que puede parecer escasa comparada con los números registrados por teléfonos como el Xiaomi 11T Pro (que llega hasta los 120 W). Desconozco por qué Apple no implementa un sistema más veloz, aunque todo parece indicar que la clave está en la durabilidad. Someter a un teléfono a 120 W conlleva un mayor estrés para la batería que una recarga a 5 W. Y sí, existen formas de reducir la degradación de la misma, pero a día de hoy es imposible que cien –o cualquier otro número– de recargas a 120 W reduzcan la capacidad de la batería lo mismo que cien recargas a 5 W. Y supongo que Apple, viendo el interés que tiene en prolongar la vida útil de sus productos –el iPhone 6s recibirá iOS 15–, ha decidido optar por la vía más segura.

En este iPhone 13 también repiten presencia tecnologías como la carga inalámbrica, la conectividad UltraWideband (clave para los AirTags) y, cómo no, MagSafe. Este sistema, que debutó con el iPhone 12, abrió la puerta a múltiples accesorios. Y, poco a poco, estos han ido llegando. En el mercado ya podemos encontrar carteras, baterías externas, docks, cargadores inalámbricos y trípodes, entre otras cosas.

También repite presencia en este iPhone 13 la conectividad 5G, que poco a poco comienza a asentarse en cada vez más países. Esta sigue sin ser la revolución que los operadores tratan de vender a sus clientes, pues las infraestructuras aún tienen que madurar y los casos de uso que exprimen esta tecnología son, por el momento, escasos. Pero, el día de mañana, cuando sí se saque todo el jugo a estas redes, el iPhone 13 estará listo para ello. Y esto es una buena noticia considerando que los periodos de renovación son cada vez más largos y, por lo tanto, dentro de tres o cuatro años habrá muchas personas que sigan usando este teléfono.

Junto al módem 5G encontramos un nuevo SoC A15 Bionic. En la presentación, Apple no detalló cuan mejor es respecto al A14 Bionic. Lo que sí remarcó es que era significativamente mejor que sus principales rivales –aunque no detalló a qué productos exactos se refería–. Los datos de Geekbench 5, por suerte, permiten cuantificar la evolución en rendimiento de este nuevo chip. Estas son las cifras, comparadas con las de un iPhone 12:

¿Es cierta la afirmación de Apple que dice que este es el chip más potente del sector? Sí, sin duda. La compañía norteamericana es líder en términos absolutos en lo que a procesadores para dispositivos móviles se refiere. Y no solo en potencia bruta, también en eficiencia energética, algo que los benchmarks no suelen contar. En ambos casos, las diferencias con teléfonos como el Galaxy S21 Ultra o el OnePlus 9 Pro son bastante significativas.

¿Cuánto se nota esta evolución en el día a día? En las tareas cotidianas, bastante poco. Sin embargo, la evolución de estos componentes es súper importante en otros sentidos. En primer lugar, ayudará a que tu smartphone envejezca mejor, pues tendrá margen suficiente como para ejecutar el software que llegará en el futuro. Por otra parte, toda esa potencia extra, aunque no cambie la forma en la que revisas tu correo o hablas por WhatsApp, sí es clave para el correcto funcionamiento de tecnologías como Smart HDR 4 o el recién presentado “modo cine”, que sí se notan cada vez que abrimos la cámara.

El modo cine lo cambia todo, pero eso no es lo único nuevo que traen las cámaras del iPhone 13

La cámara de los iPhone 12 fue reconocida en su momento como la mejor tanto en fotografía como en vídeo. Un galardón para nada sencillo de lograr teniendo en cuenta que en 2020 llegaron a las tiendas productos como el Huawei Mate 40 Pro o el Pixel 5, capaces de lograr buenos resultados en múltiples situaciones.

Este año, la marca norteamericana tenía ante sí el reto de prolongar dicho reinado. Y para ello ha implementado diversas mejoras tanto en el lado del hardware como en el campo del software.

  • La cámara principal ahora tiene un sensor más grande. La resolución del mismo es 12 megapíxeles, mientras que la apertura del objetivo es f/1,6 –igual que en el modelo previo–. Lo importante, no obstante, es que los píxeles en sí son más grandes, lo que permite captar más información. No se sabe si es el mismo sensor que encontramos el año pasado en el iPhone 12 Pro Max –que era un poco mejor que el del resto de iPhone 12–, pero casi todas sus especificaciones parecen coincidir. Incluso los valores de exposición e ISO que es capaz de alcanzar. También hereda la estabilización por movimiento de sensor, que se considera una evolución de la estabilización óptica convencional.
  • La cámara ultra gran angular tiene un nuevo sensor de 12 megapíxeles, aunque Apple no ha detallado ni su tamaño ni sus prestaciones. Tan solo habla de un sensor “más rápido”. Indagando en los datos técnicos, he encontrado distintos valores de exposición mínima, lo que confirma el cambio de sensor. La apertura del objetivo sigue siendo f/2,4.
  • La cámara frontal tiene 12 megapíxeles y una apertura f/2,2, prestaciones técnicas equivalentes a las del modelo previo.
  • La compañía ha implementado un nuevo algoritmo bautizado como Smart HDR 4, que perfecciona lo que conocimos con las versiones anteriores. También están presentes tecnologías como Deep Fusion o el modo noche.
  • El teléfono ahora es capaz de grabar vídeo en Dolby Vision a 60 FPS y en resolución 4K. Esto supone un aumento de 30 FPS respecto al modelo previo.

En la práctica, todos estos cambios se traducen en una cámara excelente que mejora a la del iPhone 12. En entornos luminosos, las imágenes tomadas con el nuevo modelo presentan un poco más de detalle, logra imágenes con un rango dinámico bastante alto, interpreta algo mejor los colores, ajusta con más acierto la temperatura de color en ciertas situaciones y, gracias al sensor de mayor tamaño, es capaz de generar más bokeh natural.

En entornos oscuros, las diferencias son un poco más notorias: la diferencia en el nivel de detalle aumenta, las imágenes son menos planas, el modo noche tiende a requerir menos segundos para captar una misma escena –además de lograr mejores resultados– y el ultra gran angular, pese a tener aún cierto margen de mejora, capta imágenes con menos ruido.

Apple, además, ha desarrollado una nueva función denominada “Estilos fotográficos” que permite modificar la personalidad de las fotos que capta el teléfono. Es una forma bastante inteligente de satisfacer a aquellos clientes que siempre quieren imágenes más contrastadas o brillantes sin tener que modificar el comportamiento general de la cámara. Por defecto, el modo estándar persigue la fidelidad. Pero si ese modo no te convence, entonces tienes un abanico de opciones entre las que elegir: alto contraste, brillante, cálido y frío.

La tecnología tras esta nueva función, eso sí, es mucho más compleja que un simple preset. El teléfono aplica los ajustes asociados a cada modo de forma dinámica, un proceso más complejo que los habituales filtros que usamos a diario en apps como Instagram o VSCO. Por cierto, una vez lo configuras, no se puede cambiar en posprocesado. Es decir: si una imagen se capta con el estilo “brillante” activo, no podrás cambiar su aspecto a posteriori.

En la siguiente galería puedes ver las diferencias entre cada modo:

En general, no tengo ninguna duda de que este móvil tiene la mejor cámara principal de su segmento de precio, por delante incluso de productos de Samsung, Oppo o Huawei. Los únicos asteriscos a la excelente propuesta de Apple son los siguientes:

  • Seguimos sin teleobjetivo. Y, ahora que el iPhone 13 Pro tiene un teleobjetivo de tres aumentos, no habría estado de más incorporar un teleobjetivo de dos aumentos en este teléfono. De esa forma, preservas la diferencia con el modelo inmediatamente superior, pero entregas a los clientes una tercera cámara que tiene muchísimo potencial creativo. No exagero si afirmo que, en mi día a día, tomo más fotos con los teleobjetivos que con la cámara principal.
  • El ultra gran angular es mejor que antes, pero, en entornos oscuros, todavía tiene margen de mejora. Prueba de ello es que el iPhone 13 Pro tiene un ultra gran angular mucho más avanzado.
  • No tenemos el formato ProRAW, que permite sacarle todo el partido a la cámara del iPhone 13. Esta función sigue siendo exclusiva de los modelos Pro. Desconozco si es una limitación técnica o una decisión estratégica. Pero esta cámara tan buena sería aún más versátil si pudieses disparar en este formato y, posteriormente, editar con toda la libertad en aplicaciones como Lightroom.

En lo que a vídeo se refiere, el iPhone 13 vuelve a ser un referente tanto en calidad como en rango dinámico, interpretación de la escena y color. Un abanico de virtudes que este año se ve complementado por un nuevo modo cine que podríamos definir como el equivalente al modo retrato en vídeo.

Los resultados de este modo son bastante buenos. Con sujetos complicados, como una hoja en movimiento, no siempre queda refinado por completo. Pero, pese a ello, no deja de ser sorprendente que un teléfono sea capaz de hacer algo así recurriendo a la IA. Y lo más importante de todo es que este es el punto de partida. Es decir: el sistema probablemente siga mejorando con futuras actualizaciones de software.

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El teléfono, por cierto, es capaz de detectar en tiempo real qué sujeto debe de enfocar, si una persona está entrando en la escena y quién es el verdadero protagonista. Una vez terminada la grabación, también permite editar el enfoque manualmente, así como el nivel de bokeh.

Sobre este nuevo modo, eso sí, habría que hacer dos apreciaciones. La primera es que todos los clips se graban en Dolby Vision, lo cual es una excelente noticia. Y la segunda apreciación es que, como máximo, se puede grabar a 1080 y 30 FPS. Nada de 4K por el momento.

¿Merece la pena comprar el iPhone 13?

El iPhone 13 es más una evolución que una revolución. Sin embargo, todos los cambios que Apple ha implementado tienen un impacto directo en la experiencia de uso del teléfono. La autonomía es un muy buen ejemplo de ello, al igual que todas las mejoras que trae consigo la cámara. Y, si a eso le sumamos el prometedor modo cine, el resultado es un producto extremadamente bien equilibrado que resulta imposible no recomendar.

El único “pero” a esta recomendación tiene el mismo apellido que el iPhone 13. Me refiero, obviamente, al iPhone 12, que sigue a la venta en diversos distribuidores –incluyendo la propia Apple– con una relación calidad-precio realmente buena.