El monólogo de Din Djarin (Pedro Pascal) en la primera escena de “The Tragedy” (2×06), el capítulo de The Mandalorian (Jon Favreau, desde 2019) recientemente estrenado en Disney Plus, se siente repetitivo porque lo que dice son palabras viejas sobre cosas que tanto Baby Yoda como el espectador ya conoce. Y la muestra de las habilidades del pequeñajo es insistir en lo que hemos visto de él en “The Siege” (2×04) y, más en concreto, “The Jedi” (2×05). Quizá pueda verse como un intento verosímil de justificarse o incluso autoconvencerse de que lo que va a hacer es lo más cabal por parte de nuestro cazarrecompensas, pero eso no cambia la sensación de lo reiterativo.

Por la gloria de ‘Star Wars’ en ‘The Mandalorian’

Lo que viene después es una demostración incontestable de la conexión de Grogu con la Fuerza, y dos reapariciones muy imprevistas. Ambas pudieran verse fuera de lugar en un sitio tan distante del planeta Tatooine, pero esta circunstancia no entra en el terreno de lo increíble. Además, el estatus mítico en el caso de una de ellas por la gloria de Star Wars en The Mandalorian se enfatiza hasta en la partitura de Ludwig Göransson (Tenet). Sin embargo, a pesar de sus referencias directas a unos hechos ocurridos en El retorno de el Jedi (Richard Marquand, 1983) y El ataque de los clones (George Lucas, 2002), su presencia no consigue maravillarnos al principio.

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No como lo hace la de Ahsoka Tano en cada una de sus escenas del episodio “The Jedi”, al menos. Por suerte, esta gran desventaja se esfuma pronto con la llegada intempestiva de los molestos stormtroopers a las órdenes de Moff Gideon (Giancarlo Esposito), cuando comienza la lucha contra ellos. Porque este legendario reaparecido se luce en The Mandalorian con una coreografía sin precedentes para el personaje, al que nunca habíamos contemplado de esta forma. Y el director Robert Rodríguez la rueda con una particular perspectiva, la de unos planos, unos movimientos de cámara de vaivén y unas desaceleraciones que acentúan su habilidosa brutalidad.

El director adecuado para este capítulo

Todo ello nos indica que el cineasta texano era idóneo para ocuparse de la aventura de este capítulo. Parece evidente que una filmografía tan desdeñable como la suya no sirve para garantizar que un proyecto cinematográfico llegue a un puerto mínimamente aceptable. Películas como Abierto hasta el amanecer (1996), Sin City (Ciudad de pecado) [2006] o Grindhouse: Planet Terror (2007) hablan por sí solas en este sentido. Y su experiencia previa a The Mandalorian en series televisivas es escasa. Un par de episodios en Matador (Jay Beattie, Dan Dworkin, Andrew y Roberto Orci, 2014) y siete de su serie vampírica sobre el primer filme mencionado (2014-2016).

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Pero lo que le señalaba como un candidato oportuno a sentarse en la silla de director en un capítulo en “The Tragedy” (2×06) es su capacidad para elaborar escenas de acción con la solemnidad enfática de esta clase. Y ya se ha encargado Jon Favreu (El rey león) de conseguir que se sujete en sus habituales excesos, impropios de The Mandalorian. Es aquí, por otro lado, donde podemos afirmar que el regreso del que se asoma en “The Gunslinger” (1×05) y, especialmente, en “The Marshal” (2×01) se ha producido con todas las de la ley. Y verle de nuevo con su aspecto clásico es una auténtica gozada.

El corazón en un puño

No solo por algo relativamente frívolo como su apariencia, sino porque la misma está vinculada de un modo principal a la soltura con la que se desenvuelve en los enfrentamientos. Y, tras el espectáculo anterior a cara descubierta, el tipo vuelve por sus respetos. Aun así, ni él, ni su diestra acompañante ni Din Djarin puede evitar que sucedan los acontecimientos escalofriantes que nos descerrajan en el último tramo de “The Tragedy” (2×06). Cuyo título no es casual, por supuesto. Y ahora estamos con el corazón en un puño por desconocer las consecuencias de esto en The Mandalorian.

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