La vacunación contra la COVID-19 es algo inminente. Rusia ya ha comenzado a administrar su Sputnik V, mientras que Reino Unido acaba de empezar la primera fase de su plan de vacunación con la vacuna de Pfizer. Mientras tanto, la Unión Europea se prepara para dar luz verde, tanto a esta como a la candidata de Moderna. Y también otros países, como Estados Unidos, se disponen a empezar en unas semanas. Por eso, al ver ya la cercanía de ese momento que tantos hemos esperado, comienzan a surgir reparos en buena parte de la población. Los bulos sobre la vacuna del coronavirus han llevado a que muchas personas tengan miedo.

Es un temor más que lógico, que no se debe achacar a desconocimiento ni incultura científica. El miedo es una reacción que hemos desarrollado evolutivamente para mantenernos cautos frente a las amenazas, que a menudo suelen llegar como algo desconocido. Por eso, no hay mejor forma de animar a la población a ponerse la vacuna que derribando esos mitos que en las últimas semanas se han encargado de rodear a las vacunas de un aura de misterio que las disfraza de enemigas, a pesar de ser el único salvavidas al que podemos aferrarnos ahora mismo.

Inserción en el ADN, el más famoso de los bulos sobre la vacuna del coronavirus

Tanto la de Moderna como la de Pfizer son vacunas de ARN mensajero. Este es un procedimiento muy novedoso, con el que la población no está tan familiarizada como la típica introducción de patógenos inactivos. Por eso, se han generado numerosos bulos sobre la vacuna del coronavirus en este aspecto.

Los más frecuentes son los que sostienen que puede modificar nuestro ADN. Incluso se ha llegado a decir que nos convertiría en transgénicos. Por definición, un organismo transgénico es aquel al que se le han introducido genes de otro organismo, con el fin de conferirle unas características concretas.

Pero lo que introducen estas vacunas no son genes, ni siquiera ADN. El ARN mensajero, en realidad, es una molécula que lleva las instrucciones necesarias para que los ribosomas, que actúan como “fábricas de proteínas” en nuestras células, sinteticen una proteína concreta. En este caso, el que se introduce lleva el código para que se sintetice una proteína del coronavirus, sin necesidad de que este penetre en el organismo. De este modo, sin sufrir los síntomas de la infección, se “engaña” al sistema inmunitario, que reconocerá a la proteína y generará los anticuerpos necesarios para combatir al patógeno.

Todo esto ocurre sin que ese ARN mensajero interaccione en ningún momento con nuestros genes, por lo que nuestro ADN seguirá siendo el mismo.

Es mejor esperar a ver qué pasa

Todas las encuestas que se han publicado acerca de la percepción de la población sobre la vacuna señalan un alto porcentaje de recelo por lo que pueda ocurrir.

Este se basa en que, hasta que no se haya vacunado una gran cantidad de personas, no sabremos si la vacuna es segura o eficaz. Sin embargo, aunque por ahora solo hayamos visto a dos ancianos de Reino Unido recibiendo la vacuna de Pfizer, miles de personas han recibido esta y otras candidatas durante los ensayos clínicos.

Y estos se han diseñado precisamente para conocer la seguridad y la eficacia de las vacunas. Si se han podido finalizar con éxito e incluso han logrado la aprobación de las autoridades sanitarias para su comercialización, ha sido precisamente porque esos resultados han sido buenos.

No hay datos publicados

Algunos bulos sobre la vacuna del coronavirus se basan en verdades a medias. Es el caso de la insistencia en que no se ha publicado información sobre las vacunas. Realmente, esto es algo por lo que muchos expertos se han quejado a medida que se iban dado datos sobre eficacia de las diferentes candidatas. Algunas, como la de la Universidad de Oxford, sí que fueron publicando resultados a medida que finalizaban las fases de los ensayos clínicos. Otras, en cambio, han tardado más. Pero sí que lo han ido haciendo poco a poco.

Los ensayos clínicos han sido transparentes en todo momento. Ese es el primer dato que debería tranquilizarnos. Pero, además, poco a poco se han ido publicando más resultados. Esta misma semana, se ha hecho público el informe de la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos sobre la vacuna de Pfizer. Además, la Universidad de Oxford ha publicado un nuevo estudio en The Lancet sobre la eficacia de su vacuna.

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No se conocen los efectos secundarios

Los efectos secundarios en vacunas, como con otros fármacos, son algo más que habitual. Sin embargo, se aprueban para su administración si estos no son demasiado frecuentes ni alteran el balance beneficio/riesgo.

Entre los bulos sobre la vacuna del coronavirus podemos encontrar el que indica que no conocemos estos efectos secundarios para ninguna de las candidatas. Pero no es así.

Pfizer, en su informe de la FDA, ha publicado datos sobre efectos adversos en grupos por encima y por debajo de los 55 años. En ambos, lo más común es el dolor en la zona de administración. En el caso de los más jóvenes, después de la segunda dosis se dio en un 77,8% de los participantes, mientras que en los mayores en un 66,1%. Otros efectos adversos comunes fueron la fatiga, que se dio en un 59,4% de los participantes, el dolor de cabeza, en un 51,7%, los escalofríos, en un 35,1% y los vómitos, en un 1,9%. También se prestó atención a la fiebre, que superó los 38ºC en un 15,8%. Además, un 10,4% tuvo diarrea y un 37,3% dolor muscular. Todos estos son datos para los menores de 55 años.

En los mayores solo un 10,9% tuvo más de 38ºC de fiebre, un 50,5% desarrolló fatiga, un 39% dolor de cabeza, un 22,7% escalofríos y un 0,7% vómitos. En cuanto a la diarrea y el dolor muscular, se dio en un 8,3% y un 28,7% respectivamente.

Por otro lado, cabe destacar que la compañía avisa también que, como con cualquier otro fármaco, se debe prestar atención a las alergias, cosa que finalmente ha quedado demostrada tras iniciar la vacunación en Reino Unido.

Es importante que los pacientes conozcan estos síntomas, para saber a qué se atienen. No obstante, también es necesario que sepan que lo normal es que desaparezcan en unas pocas horas o, como mucho, unos pocos días. El coronavirus no siempre desaparece tan rápido.

Otros bulos sobre la vacuna del coronavirus

Existen muchos bulos sobre la vacuna del coronavirus. Desde que se le introduce un chip para tenernos controlados hasta que nos permite conectarnos a un ordenador cuántico. Absolutamente ninguna de estas afirmaciones es cierta.

A día de hoy no existe esa tecnología. ¿Quién sabe? Quizás si existiera, con un buen uso, podría tener aplicaciones beneficiosas. Pero no hemos llegado a ese punto en los avances de la ciencia y la tecnología.

En cambio, sí hemos llegado a un lugar que los científicos no podrían haber imaginado ni en sus mejores sueños, hace apenas unos años. Hemos llegado al punto de obtener la solución a una pandemia en solo un año. Una solución que no será drástica, que aún requerirá nuestra responsabilidad durante un tiempo. Pero que, si sabemos aprovecharla, salvará muchísimas vidas. El miedo nos protege, sí, pero estas vacunas están llegando para sacarnos de una de nuestras peores pesadillas. Desde luego, no hay nada que temer.

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